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Fernando Marcet  
  Perú [ 31/10/2006 ]  
EL TORO PONE CONDICIONES EN EL RUEDO

Era una tarde gris, con ese típico cielo encapotado limeño, color panza de burro, que siempre parece anunciar lluvia pero que rara vez se da. Lo más: una fina garúa como la que tímidamente se hizo presente en la plaza al promediar el quinto toro.

Luego del triunfo del nacional Alfonso Simpson en la novillada del día sábado, los aficionados acudimos en buen número el día siguiente a la plaza de Acho para colmar tres cuartas partes de su aforo, atraídos por su cartel interesante y un encierro colombiano anunciado por la empresa como digno del bicentenario coso bajopontino.

Fue una tarde de toros. De verdaderos toros. Los de Juan Bernardo Caicedo  tuvieron edad y cuajo aunque distintos en bravura, cornamenta y comportamiento. Mejores los tres primeros, de entre los que destacó el que hizo segundo, un bravo que se creció al castigo; de los otros tres, el peor fue el que cerró plaza, un manso que se aquerenció en tablas.

David Fandila El Fandi

Recibió a su primero con verónicas a pies juntos seguidos por chicuelinas no logradas. Tardó el toro en ir al caballo y Pedro Cárdenas lo citó como debe ser, con el paso atrás y otro adelante, hasta que se agarró en un extraordinario puyazo ¡en el morrillo! –lo que no es frecuente de ver en estos tiempos, en los que se pica trasero- y fue aplaudido por el público. El Fandi se lució en un quite por navarras antes de tomar los palos para brindarnos el segundo tercio que lo ha encumbrado en la preferencia del público. Con las banderillas en las manos cita al toro pero éste, sin quitarle la vista, espera a que acorte distancia para cogerlo –enrazado como es, lo es también un zamarro- cuando al fin se arranca y va al encuentro, el par es de poder a poder; el segundo, de adentro hacia fuera, es a cabeza pasada y el tercero al violín, tras el cual juguetea con el toro quebrándolo y corriendo de espaldas hasta que logra amenguarle la embestida y detenerlo. Con el toro que lo mide constantemente, no se acopla con la muleta, menos lo somete ni domina. Por momentos se muestra inseguro, refugiándose en el costillar del toro que -pareciera- se percata de la flaqueza del torero. Faena de muletazos sueltos, sin mando ni templaza, que termina con una media y varios descabellos. Al verlo doblar pensé: “Lo mató pero no lo venció”. Algunas palmas al toro. Silencio al matador.

Su segundo, que hizo cuarto, bonito de tipo y armoniosa cabeza, toma un puyazo trasero de José González quien le hace el mete y saca, pitado por el público. El banderillero Padilla lo estrella contra el burladero y el toro cae conmocionado. Nuevamente se luce El Fandi con los palos, colocando un espectacular y comprometido segundo par a la moviola (retrocediendo frente al toro) pasando por dentro y perdiendo una zapatilla en el embroque. Con la muleta pases sin ton ni son, descargando la suerte. Mucho de muy poco, el toro lo descubre y le avisa. El Fandi acusa recibo y lo machetea por bajo para doblegarlo. El conocedor público de Lima le aplaude aquello que, en muchas otras plazas de menos categoría, no se aprecia porque no se sabe lo importante de este recurso de lidiador antiguo. Dos pinchazos  y el toro –sin estar herido de muerte- se echa; cuando, con mucho esfuerzo, los banderilleros logran levantarlo, se vuelve a echar y es apuntillado. Pitos al toro que se prolongan aún después del arrastre haciendo copartícipe de la censura a su matador quien, en verdad, nada tuvo nada ver con aquello que fue ordenado por el presidente de plaza.

José Mari Manzanares (hijo)

Luego de tres años de ausencia, vimos a Manzanares cuajado en torero con dos toros distintos que nos permitió apreciar lo mucho de lo bueno que tiene para ofrecer con el toro bravo y noble, como los defectos que acusa con el dificultoso, con resabios.

A su primero, un jabonero acapachado de 521 kilogramos, lo recibió con lances a la verónica seguidas de chicuelinas muy al estilo de su padre. El bravo toro romanea en un largo y mal ejecutado puyazo trasero de Barroso que corrige y enmienda durante la reunión. A consecuencia del romaneo -en el que casi se echa el caballo encima-  o del volteretazo, que se pegó en otro momento, o de ambas cosas, el toro quedo quebrantado y desvencijado de los cuartos traseros lo que hizo temer estuviera inutilizado para continuar la lidia. Con embestida descompuesta acude al cite de los banderilleros y Denis Castillo coloca dos buenos pares, uno por cada lado. Con la muleta Manzanares se dobla sacándolo al tercio en donde inicia su faena con una serie de derechazos, sin perder pasos, seguida de otra en un palmo y una tercera, superior, que culmina con un triple remate que levanta al público de sus asientos mientras la banda de música empieza a tocar. El toro se recupera y embiste con clase. La faena va a más. Manzanares está inspirado y poderoso. Lo torea por naturales pero, indudablemente el lado derecho es mejor. Se recrea en nuevas series por ese lado, impecablemente rematadas con el de pecho, sacando todo lo bueno que tiene el bravo. Mata de pinchazo y estocada entera que hace rodar al toro sin puntilla. Parte del público pide la oreja pero el presidente no la concede. Todo queda en palmas y saludo desde el tercio. El toro fue aplaudido en el arrastre.

A su segundo, negro burraco de bella estampa y bien armado, lo lancea con el pie atrás. El toro se escupe en la primera vara pero toma dos más de la mano de César Caro. En un tercio de banderillas sin trascendencia, Denis Castillo brega bien. Con la muleta Manzanares se muestra desconfiado y brinda la otra cara de la moneda. Una faena deslucida con pases sueltos, sin mando, clase, valor ni arte. El toro de vence y desarrolla sentido, el diestro se refugia en el costillar y escucha bocinazos de censura desde el tendido. Mata de media y estocada. Pitos al toro, palmas al matador.

Alejandro Talavante

Precedido de los mejores elogios de la crítica especializada española, la afición limeña esperaba a este joven torero como espera el niño los regalos del niño Jesucito en Navidad pero, como suele suceder con el niño ilusionado, el aficionado no quedó totalmente satisfecho con lo que recibió.

El toro negro, bonito de tipo y bien armado en el ruedo y Talavante ejecutándole los primeros lances de presentación, genera uno de esos silencios espectaculares que ha hecho famoso al coso de Acho. Inicia su faena de muleta doblándose con el toro, sacándolo al tercio con pases por bajo. Parsimonioso y sereno, ejecuta una serie de derechazos sin moverse del sitio y con el cuerpo en verticalidad absoluta. El silencio en la plaza es total. Cita de frente y lo embarca en una segunda serie, de gran calidad y mucho arte, jaleada por acompasados olés que van subiendo de tono junto con el entusiasmo de un público ávido de triunfo grande. Suena la música. Una tercera serie aguantando una enormidad por la derecha y otra por naturales en la que el toro se vence. Tiene clase y torería este torero pero no muestra poder ni dominio. Torna a torear con la derecha y es cogido. Manoletinas finales. Un primer pinchazo en los bajos, otro arriba y una estocada caída -saliéndose de la suerte- desdibuja la faena que es silenciada.

A su segundo lo lancea bellamente a pies juntos. Santiago Reyes (hijo) Jaco II muestra, por tercera vez en esta feria, sus grandes dotes de picador; esta vez, frente a un toro que no se dejaba picar. Talavante no logra hacer faena con el toro que se raja y va a tablas. No posee los recursos para sujetarlo fuera de querencia ni para lidiarlo en ella. El toro es quien manda, va del tendido siete al catorce para luego retornar al lugar de origen. Vuelta al ruedo completa. ¿Y el torero? Tras él. Una estocada caída –saliéndose- y varios descabello hacen doblar al toro pero luego se para; dos descabellos más, dobla nuevamente. Pitos al toro, silencio al torero.

 
   
 
   
Alejandro Tellez 01/11/2006  
 
buena la informacion taurina, se te agradece. saludos y suerte.
 
   
Ramón Estrada 01/11/2006  
 
Muy buena su crónica, sobre Talavante es normal que en su corta carrera tenga deficiencias técnicas, creo que con el tiempo irá depurando su geometría del toreo. saludos
 
 
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