Un día, alguien me hizo comprender el verdadero significado de la lluvia. Era ella la que, con su ternura, me indicó que, el cielo estaba llorando. Y es muy cierto puesto que, cuando llueve, el cielo, con su manto gris, llora entristecido. Y, sus lágrimas, las que redimen nuestra atmósfera y alimentan nuestros campos, no son sino que, el llanto de ángeles y arcángeles que se apiadan de nosotros los mortales que, huyendo despavoridos de nuestra propia existencia, no somos capaces de comprender la grandeza de estas lágrimas del cielo que, sin las mismas, la tierra hubiera desaparecido hace ya muchos años.
Llora el cielo y ríe mi alma. Todavía no logro comprender cómo algunos se quejan de la lluvia. Bendiciones al margen por todo lo que supone, yo me alegro por la lluvia porque me despierta; me aliviana de muchos males, me deja feliz y contento. Ver llover será siempre el espectáculo más increíble de la madre naturaleza. El hombre, en su insaciable y lógica imaginación ha querido, en múltiples ocasiones, sublimizar al prójimo con espectáculos montados al efecto y, al final, como siempre ocurre, descubrimos que lo más grande, lo más insólito, nos lo brinda la naturaleza sin más argumentos que la decisión del más allá. El agua de lluvia, casi tan bella como la propia nieve, nos ilumina aún estando el cielo gris y triste.
Y ha sido bajo la lluvia donde he encontrado las sensaciones más inimaginables. Podrán pasar muchos años y, a diario, siempre recuerdo aquella bella tarde que, una linda mujer me encandilaba con su amor. Era una lluvia fina; como dibujada en el cielo para nosotros mientras paseábamos por aquel parque en una tarde otoñal y lluviosa. Por ello, cada jornada en que el cielo llora y nos ofrece sus lágrimas como redimiéndonos de nuevo, por mi mente se amontonan infinidad de recuerdos mágicos e inolvidables. La lluvia marcó el sendero de mi vida con razones más que evidentes para que, cada vez que el cielo derrama sus lágrimas, yo me sienta dichoso y feliz. Y, ahora, en mis mágicos recuerdos por todo lo que sentí bajo la lluvia, una vez más, eres tú la que me recuerdas aquella tarde emocionante en que, mojados por la lluvia, pude besar tus labios, acariciar tu lindo rostro, sentir tus manos mojadas sobre mi cuerpo y, a su vez, recibir, entre lágrimas benditas, tu más apasionado amor. Llueve, ¿lo recuerdas? Así lograste que me expresara puesto que, así lo sentí y de semejante modo lo viví. Ahora, la lluvia sigue siendo el referente mágico en mi existencia debido a tantos recuerdos que se agolpan en mi mente que, ver llover, es una forma linda de recordar la felicidad que me diste.