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  España [ 22/03/2006 ]  
FACUNDO CABRAL: ESPAÑA, SU ILUSIÓN

Una vez más, en el capricho de su corazón, en Buenos Aires, como diría el maestro Facundo Cabral, allí le hemos encontrado. La conversación era obligada puesto que, los noticieros, nos habían difundido el hecho de que, el maestro, en estos días, venía hasta España y, en realidad, la noticia era cierta; sin embargo, problemas de acoplamiento entre fechas del cantor argentino y la propia TVE, han impedido que, en el día que se citaba, Cabral, pueda venir a España. No obstante, quién suscribe, sabía de los anhelos del maestro por pisar nuestra tierra y, por esa bendita razón, me he puesto al habla con el artista argentino más carismático de la actualidad; yo diría que, en lo suyo,-la música y la literatura- es el argentino más grande que pisa este planeta.
-Ante el hecho de su salud, la primera pregunta, maestro, es totalmente obligada. ¿Cómo se encuentra?
-Estoy mejor; me han detenido el cáncer y, mi ánimo es fantástico, hasta el punto de que, en estos días, hago una gira por Venezuela, otro país que me fascina.
-Antes de su gira venezolana, maestro, sabíamos que venía usted a España para participar en un programa de TVE, precisamente, en “El Loco de la Colina”, con Jesús Quintero y, al parecer, no ha habido acuerdo. ¿Qué pasó, señor Cabral?
-Creo que, según me ha dicho mi representante que, se producía un conflicto de fechas y, esa ha sido la razón de mi ausencia por esa España a la que tanto amo. Pero estamos en negociaciones para que, en el mes de abril, con el permiso de Dios, poder hacer acto de presencia en tu tierra; son doce años sin pisar suelo español y, tengo deseos por volver a España, muchísimos. A España le debo tantas cosas que, regresar, es una forma de agradecer toda la gratitud que siento por tu país y por sus gentes.
-Hagamos, aunque breve, un recorrido por su vida, por su historia tan apasionante. Por ejemplo, ¿cómo recuerda a Sara, su ejemplar madre?
-Hay personas que, en devenir de su existencia, resultan totalmente inolvidables; recuerda que, elegí a Sara como madre, por la misma razón por la que Dios la eligió como hija; nunca usó agenda porque hacía lo que amaba y, eso, se lo recordaba el corazón; es decir, se dedicó sólo a vivir y no le quedó tiempo para otra cosa. Ella caminó solita, con siete hijos e hizo miles de kilómetros caminando de pueblo en pueblo. Un prodigio de mujer de la que tanto aprendí.
-¿Cuándo compone usted, maestro?
Yo soy, lo que podríamos decir, un payador; mi madre ya lo era. Improviso sobre el escenario y, puedo asegurarte que, todas mis canciones nacieron al amparo de lo que el público me iba demandado. A este respecto podría decirte que, por ejemplo, NOY SOY DE AQUÍ…… nació una noche de inspiración en el mismo escenario en donde actuaba; unos días más tarde, en otra ciudad, me la reclamaron y, se me había olvidado. Pero, bendición del cielo, en aquella actuación mía, tras la misma, se me presentó un señor en camerino y me entregó una cinta grabada que, el día anterior, cuando canté la canción, la habían grabado y, de ese modo, la recuperé para siempre.
-Lo que mucha gente no sabe, maestro es que, usted, ha escrito bellísimas piezas musicales, entre ellas, la SUITE CABRAL o CANCIÓN DE CUNA; todo ello, al margen de sus canciones mundialmente conocidas. ¿Por qué no ha seguido en esa línea de creatividad?
Eso fueron momentos de inspiración que, en cualquier noche, tuvo Dios la gentileza de inspirarme para dejar, como tantas otras cosas que hice, ese legado musical.
-¿Para quién canta usted?
Ante todo, para mí. Mi madre, que componía algunas canciones a mi lado decía que, si la música que escribo te gusta, será maravillosa; y si no te gusta, seguirá siendo maravillosa.
-Empezó usted siendo un cantor protesta y, acabó armonizando al mundo y a sus gentes con sus canciones, con sus oraciones y con se verbo inigualable. ¿Qué Cabral es el más auténtico, el que pregonaba aquella libertad o el que ahora armoniza, como usted dice?
Como diría Sara, ni antes era tan malo para que no viniera nadie a verme; ni ahora soy tan bueno para que todos me presten su atención. Recuerdo que, en los inicios de mi carrera, mis canciones, tenían la virtud o el defecto de dividir; y eso no era bueno, de ahí las situaciones con las que muchas veces me vi envuelto; más tarde, supe cambiar para armonizar todos los corazones del mundo y, a partir de ahí, me llegó el éxito. Era yo el equivocado, nunca los demás; ellos, hicieron lo que debían; era yo el que fallaba, de ahí que, cuando me di cuenta, supe reflexionar a tiempo y, aquí me tenés.
-¿Qué es para usted el amor?
Todo, absolutamente todo. Cuando existe el amor, ciertamente, no caben las barreras. No puedo creer a nadie cuando dice que, el trabajo, por decir algo, le aparta del ser amado. Cuando uno está enamorado lo deja todo; la pobreza, la riqueza, el trabajo, la ciudad, los amigos; todo se deja por el más bendito amor. Quién no es capaz de renunciar a todo por el amor, en realidad, no está enamorado. Yo conocí a mi mujer a las diez de la mañana y, a las diez y cuarto, ya estábamos viviendo juntos. Esta podría ser la parte afectiva entre un hombre y una mujer pero, el amor, en todas sus acepciones, es algo maravilloso. Amar a las gentes es algo sensacional; y hay muchas formas de decirlo y demostrarlo. Por ejemplo, un amigo, te abraza y, en dicho envite, te está diciendo que te quiere; mi madre, cuando me llamaba y me decía te extraño, en aquel momento, donde me encontrara, tomaba el primer avión y me iba a verla. La fuerza inusitada del amor, en todas sus vertientes, arrasa con todo.
-¿Qué piensa usted de las cárceles?
Yo estuve en una cárcel cuando era muy joven y, puedo confesar que, la cárcel no es algo físico. Allí dentro supe aprender las maravillas de la literatura y, de alguna manera, a saber discernir entre el bien y el mal. Pasados los años, he ido comprendiendo que, en realidad, gran parte de la humanidad vive encarcelada; el que vive con la mujer a que no ama, por supuesto, está encarcelado; aquel que trabaja en algo que detesta, imagina que prisionero vive. De la cárcel, como tal, se puede salir; yo salí, ahora bien, de donde no se puede salir en de las cárceles a que te he referido.
-Su infancia y juventud, maestro, resultó ser un tanto apocalíptica. ¿Qué le hizo rebelarse contra el mundo?
Las injusticias que tuve que vivir; yo no estaba de acuerdo con aquel partido que era mi vida y, de ahí, mi rebelión. Éramos muy pobres y, desde los siete años trabajé como peón golondrina; es decir, de la papa a la uva y, viceversa: una niñez e infancia muy dura que, afortunadamente para mí, pude salir. Un día, conocí el Sermón de la Montaña y, tras aquel momento, comprobé que, mi vida podía y sería otra.
-¿Es el trabajo una maldición bíblica?
Por supuesto que, todo aquel que está en lo que no ama, está estafándose a sí mismo y, a su vez, estafando a la sociedad. Si uno trabaja en algo que le apasiona y llena su vida, aunque trabaje dieciocho horas al día, jamás le pesará. Por el contrario, aquel que tenga el trabajo como una condena, aunque lo haga veinte horas, siempre será un desocupado. Fíjate que, como siempre dije, todo aquel que está en lo que ama, está benditamente condenado al éxito; que llegará cuando deba de llegar; pero de que llega, seguro.
-En realidad, maestro, ¿es usted un cantor o un literato?
Yo soy un ser humano que ama al mundo y a sus gentes. Soy una persona que, tras encontrarme con Dios, lo demás, me resultó todo muy sencillo. Digamos que, la literatura es mi amante y, la música mi esposa; les amo a las dos y, en esa tesitura discurre mi vida. Ellas, mi esposa y mi amante se conocen de sobra, y en realidad, he sabido llevarme muy bien con las dos.
-Hemos hablado de su literatura y, usted, entre otros muchos libros que ha escrito, en mi poder, guardo como un tesoro memorable uno de sus libros que, podría ser uno más pero, mucho me temo que es algo muy especial: está escrito a mano y se titula LOS PAPELES DE CABRAL. ¿Cómo nació esa mágica idea de armar un libro manuscrito?
Yo quería que, mis lectores, como tú mismo confiesas, en dicho libro, se llevaran gran parte de mi corazón, de ahí que naciera desde lo más profundo de mí ser, esa feliz idea que tú has apuntado. Entregué, en LOS PAPELES DE CABRAL, mis más bellas ilusiones y, como te digo, jirones de mi corazón. Un libro, por sí mismo, es algo bello y, de mi parte, al escribir de mi puño y letra, al armarlo, quise que fuera todavía más emotivo.
-Inevitablemente, señor Cabral, ante su persona, tenemos que hablar de México, no puede ser de otra manera. ¿Qué supuso este país en su vida?
México es como mi casa; digamos que, resultó ser el país que me apartó de lo que era mi vagabundeo por el mundo y, entre otros muchos países, me abrió las puertas de España, un país al que amo tanto. Antes de llegar a México, yo cantaba por las plazas, en las universidades; siempre, a expensas de que, las gentes, al salir de ver mi actuación, pagaran si lo creían oportuno. Después de que México me abriera las puertas al mundo, las gentes, pagaban antes de entrar a mis conciertos y, la diferencia era notable. Allí llegué en 1972 y, gracias a Jacobo Jabludosky que me dio la chance de mostrarme tal como era, a partir de aquel momento, cambió el signo de mi vida. Pocos rincones quedan en México que yo no haya tenido la fortuna de recorrer. Allí conocí a personas tan extraordinarias como el Chente Fernández, Octavio Paz, Alfonso Reyes, Juan José Arreola, Lola Beltrán, José Alfredo Jiménez, Juan Rulfo y a su esposa Clarita Aparicio; un sin fin de personas que, todas, sin distinción, calaron muy hondo en mi vida.
-Hasta el punto de que, si no recuerdo mal, una vez, en el programa de TV de Verónica Castro, usted, hasta se atrevió a cantar las rancheras de José Alfredo Jiménez. ¿Cómo recuerda aquella experiencia?
Extraordinaria. Me apasionaba tanto la música de José Alfredo que, hasta con ella me atreví; canté, en la citada ocasión, PA TO DO EL AÑO, LA QUE SE FUE y EL REY, tres de las canciones más emblemáticas suyas y, junto al Mariachi 2000 que me concedieron el honor de acompañarme, en México, pasamos una velada formidable.
-¿Qué siente usted al evocar la memoria de aquel argentino que, con sus letras, conmovió al mundo y que, para mayor dicha, era su amigo? Me refiero a Jorge Luís Borges.
Era un hombre genial. Cada vez que yo llegaba a Buenos Aires, por supuesto, iba a su casa para verle; podía haberme ido a las canchas de fútbol pero, me ilusionaba mucho más compartir con Borges que, cada día, me llevaba una bella lección a su lado. Yo respeté muchas las convicciones de Borges y, posiblemente, su grado de racionalidad tan elevado, no le permitió abrir su corazón para que, por dicha puerta, entrara el Dios que yo tanto amo. Él, en nuestros encuentros, me decía, “háblame de su Dios, amigo Cabral”. Y yo siempre le dijo lo mismo; me dejé llevar, maestro. Al final, ante Borges, triunfó la verdad y, un día antes de morir, en Ginebra, cuando contada ochenta y cinco años de edad, se confesó y tomó la comunión.
-Entre otras personalidades, en sus visitas por el mundo, conoció usted a la Madre Teresa y, al respecto, quiero pensar que podría usted contarnos muchas anécdotas relacionadas con la Madre. ¿Qué recuerda usted de tan sublime mujer?
Podría contar anécdotas bellísimas de tan singular mujer; ella era una enviada de Dios, de eso no me cabe duda alguna. Recuerdo ahora un hecho que, me conmovió muchísimo. Fíjate que, en una visita de Lady Dí a la India, cuando se encontraron con la madre, ésta estaba bañando a un leproso y, una ayudante de Diana de Gales, se atrevió a decirle a la Madre: “Madre, yo no bañaría a un leproso ni por un millón de dólares” Y la Madre le respondió: “Yo tampoco, porque a un leproso solamente se le puede bañar por amor” De igual manera, un día, en uno de nuestros encuentros, le pregunté las razones por las cuales me explicara porque no le interesaba el mundo de la política y, la Madre me respondió: “Yo no puedo darme el lujo de la política; un día, estuve cinco minutos escuchando a un político y, en eso cinco minutos, se me murió un viejecito el Calcuta”
-¿Qué es el miedo, maestro Cabral?
Sin lugar a dudas, el peor dictador que jamás hayamos conocido. Nacemos esencialmente libres y, por esa bendita razón, debemos de disipar toda clase de miedos en nuestras almas. Decir miedo es tanto como atentar contra la propia libertad del ser humano y, la honorable libertad no puede ser, siquiera cuestionada por el honorable amor.
-Una vez, maestro, en la primera ocasión que nos entrevistamos, me atreví en preguntarle en torno a la muerte y, quedé aterrado cuando usted me dijo que, le fascinaba la idea de la muerte. ¿No le tiene miedo?
No. La muerte es solo un cambio de estadio; un viaje largo, pero nada más; allí iremos todos, por tanto, no caben miedos ni temores. En realidad, las criaturas mortales, somos alma y espíritu, por tanto, nunca moriremos. Recuerdo que, en cierta ocasión, mi madre acudió al médico y, al ser preguntada por éste en torno a su salud, le dijo: “Yo estoy bien, doctor, es mi cuerpo el que está mal” O sea que, su alma inmortal, estaba inmaculada, como en realidad era ella. Yo te diría más; todos los que se nos adelantaron en el camino, para los que les quisimos, todos viven dentro de nuestro corazón. Recuerda que, Sara y Soledad, nuestras madres, viven junto a nosotros, en lo más profundo de nuestros corazones porque, jamás las hemos podido olvidar; por tanto, en su día, enterramos sus cuerpos, pero lo mejor de ellas, su alma, la llevamos prendida junto a nosotros.
-En sus canciones, señor Cabral, no existen lamentos ni amarguras, ¿es ese el detonante de su éxito?
El éxito llega cuando tiene que llegar. Un buen día comprendí que, respecto a mis canciones, yo debía de armonizar el corazón de las gentes y, así discurrió mi vida. Yo, por propio pudor, evito cantar lamentos puesto que, mi vida privada y mis problemas, son míos. Al respecto, recuerdo una frase maravillosa de mi madre que decía: “Calla, milonga calla y ahoga las penas mías que, para cantar, me sobran mis alegrías.”
-Si me lo permite, Cabral, quiero enfatizar en torno a una bellísima canción suya a la que conocemos como VUELE ABAJO. Dicha canción, la he escuchado cientos de veces y, en cada ocasión que lo hago, encuentro un mensaje subliminal. ¿Nos puede explicar dicho mensaje?
Es una manera de armonizar, como siempre es mi anhelo y, en esta ocasión, si se me permite, Vuele Abajo es un deseo, una ilusión para que, los hombres, a diario, sigamos siendo niños; nada es más bello que retornar a la infancia puesto que, de tal manera, erradicaremos para siempre la maldad y, la bondad, como mejor argumento, adornará nuestras almas.
-Usted supo triunfar, consiguió el más grande de los éxitos y, si me lo permite, con una sola canción, NO SOY DE AQUÍ…….,-al margen de otras muchas- consiguió ser mundialmente famoso y, por lo que veo, sigue siendo usted, el dulce ermitaño de siempre. ¿Le asusta el éxito?
Me abruma, esa es la verdad. Recuerdo que, cuando empezaba, me surgió un éxito y, me vi desbordado; automáticamente, me marché a vivir a la Isla de Pascua porque, no lo entendía; eso de tener que dar las mismas explicaciones todos los días a las mismas gentes, es algo que me abrumó. Luego, en el devenir de los años, respecto al éxito, me fui moldeando con mi propia persona y traté, en la medida de mis posibilidades, ser el mismo de siempre.
-Por cierto, según usted, ¿en qué se diferencia la fama del éxito?
Ante todo, el éxito, es la consecuencia de un trabajo realizado con amor. No es casual el éxito de Juan Gabriel, ni el del Chente Fernández, por citarte algunos hombres que viven junto al éxito. Detrás de cada éxito, sin lugar a dudas, hay un trabajo fantástico. La fama puede ser una estupidez. Todos conocemos a infinidad de famosos que, tres minutos más tarde, pasada la euforia, nadie les conoce y, lo que es peor, ninguna huella han dejado.
-Decía usted aquello de, “Si amas al dinero, a lo sumo llegarás a un banco, pero si amas a la vida, con toda seguridad, llegarás a Dios. ¿Qué pasa con el dinero, maestro?
Pasa que, no todos estamos preparados para “digerir” ingentes cantidades de dinero. ¿Qué le pasó a Maradona? No estaba preparado para ese nivel y, se desmoronó. Diego venía de un lugar más que humilde y, la fama y el dinero, le perjudicaron más que le ayudaron, aunque parezca algo paradójico. Posiblemente, Bill Gates, si esté preparado para tener la fortuna que tiene, y por eso le llegó. Yo no estoy preparado para esas alturas. De cualquier manera, como yo necesito menos dinero que Julio Iglesias para vivir, solo por eso, Dios me hizo más libre puesto que, hacer cada día lo que amo, eso no tiene precio.
-En su grandeza, señor Cabral, hasta ha conseguido vivir sin enemigos. ¿Es esa su mayor felicidad?
Me quedaba uno que era mi padre y, cuando cumplí 46 años, le conocí, le perdoné y, desde aquel instante, sentí que había cambiado el curso de mi vida. Es maravilloso vivir sin enemigos, te lo digo desde el fondo de mi corazón.
-En su vida, maestro, de cuando usted empezaba, hay una anécdota muy curiosa que, le rogaría nos la comentara. Se trata, nada más y nada menos, de la primera vez que usted cantó en público. ¿Cómo recuerda aquello?
Con nostalgia, con mucho cariño; resultó ser el principio de mi carrera como cantor y, dicha noche, para mi, será inolvidable. Acudí a un hotel a pedir trabajo y, el director, al verme con la guitarra, sin preguntarme nada me dijo; “Súbase al escenario” Yo tenía que suplir a un telonero que había enfermado; es decir, matar el tiempo hasta que apareciera el artista que habían contratado como tal. Una vez en el escenario dije a los asistentes; “Como yo no se a que he venido por aquí y, quizás ustedes tampoco sepan a qué han venido, vamos a entretenernos todos juntos y, de tal manera, intentaremos pasar la velada.” Al terminar mi actuación, llamé a mi madre y le dije: “Madre, soy artista; he cantado para un montón de gente” Y mi madre me dijo; “Muy bien, hijo, mañana, cuando se te pase la borrachera, hablamos en serio y me dices a qué te dedicas”.
-Hemos hablado de tantas cosas, señor Cabral pero, para usted, ¿qué es un ídolo dentro del mundo de la canción?
Podría nombrarte a muchos, como es natural y lógico pero, por ejemplo, ahí está el Chente Fernández que, sin lugar a dudas, ha sido la verdadera medida de la canción popular, -como lo será eternamente José Alfredo Jiménez- y, durante tantos años, ha sido la voz de un pueblo que le adoró y, lo sigue adorando. Yupanqui resultó ser un cantor universal. Ahí está el caso de Carlos Gardel que, tantísimos años después de su muerte, su pueblo, jamás lo ha olvidado y, lo que es mejor, a diario, siguen sonando sus canciones. Recuerdo una expresión de mi abuela en torno a la muerte de Gardel que, dicha afirmación, lo resumía todo.  Yo le pregunté a la abuela respecto a qué tipo de sensación tuvo cuando murió Gardel y, sus palabras, resultaron conmovedoras; me dijo: “Caramba, ahora si que somos pobres de verdad”. Se había marchado el ídolo y, su pueblo, quedó como huérfano. Esa es la verdadera medida de un ídolo y, sin lugar a dudas, Carlos Gardel, lo fue con todo su esplendor.
-Tras tantos años de éxitos, maestro, ¿cómo logró que no le venciera la vanidad que, si se me apura, hasta sería lógica en todo artista?
Porque soy, ante todo, aquello que digo y siento. No pretendo engañar a nadie; ni lo haré nunca. Tengo una filosofía de vida, la cual la entiendo hermosa y, apearme de dichas convicciones, sería como engañarme a mi mismo y, si nunca engañé a nadie, hacerlo con mi persona, seria un pecado gravísimo.
-¿Cuál es su gran tesoro? Y se lo pregunto puesto que, ante usted, nos encontramos con un personaje irrepetible, desposeído de todo bien material que, por no tener, no tiene ni casa para vivir y, su persona, mora en un hotel de Buenos Aires. ¿No entiende usted de bienes materiales?
No necesito de yates ni automóviles porque los tienen mis amigos; es decir, soy un vagabundo fleer clas. En definitiva, todo lo material que podamos tener, es todo prestado puesto que, a la ahora de la partida, todo lo tenemos que devolver. Mi gran tesoro, como tú preguntabas, es el legado, la herencia fantástica que me dio mi madre que, con sus bellas palabras y mejores acciones, supo hacer de mí un hombre de profundas convicciones. Llevo a Sara prendida en mi corazón, por tanto, sigo siendo un hombre inmensamente rico.
-Respecto a su madre, tras escucharle, cualquiera podría pensar que tenía usted con Sara, lo que llamamos el complejo de Edipo. ¿Se lo han dicho alguna vez?
Irremediablemente, yo adoraba a Sara por su grandeza y, para mayor suerte mía, era mi madre. No se puede pedir más. Ocurre que, al respecto de Sara, resulta que, mi amigos, cuando la conocieron, eran ellos lo que tenían complejo de Edipo, pero no con sus madres, sino con la mía.
-La gran mayoría de sus partidarios que, dicho sea de paso, son millones por el mundo, le conocen como el gran cantor argentino y, sin embargo, su gran pasión, siguen siendo los libros; digamos que, narrar, sigue siendo su tarea más bella. ¿Qué encontró en la literatura que, quizás, la música no pudiera darle?
Como antes te dije, son amores distintos. Con la literatura, voy construyendo el mundo que a mi me gusta, el que siempre imaginé; esencialmente, el que quiero vivir. Narrar, sencillamente, me da la chance de poder contar la forma y manera que yo entiendo para cambiar el mundo; un mundo enloquecido que hace guerras porque quiere morirse; un mundo que elige políticos porque, de tal manera, ya tienen a un culpable para echarle las culpas de aquello que odian. Escribir, en definitiva, es una manera de hacer el amor con todo el mundo y, ese placer, no quiero que nadie me lo quite.
-¿Qué le duele, maestro, de la sociedad actual?
Ahora, nada. Vivo en paz, sin lugar a dudas, la mejor forma de vivir. Antes me rebelaba contra el estereotipo que pudiera conformar esta sociedad enloquecida que nos movemos. Pasados los años, me convertí en un ser solitario; en un hombre apasionado por todas las cosas de la vida y, mi modus operando, intento contárselo al mundo en todas y cada una de mis actuaciones.
-Cualquiera, tras escucharle, podría pensar que está usted en contra del mundo actual. ¿Cuál es su visión del mundo?
Me puede doler, como antes dije, las formas y modos con las que se comporta la sociedad actual, pero yo amo al mundo y a sus gentes; amo los delfines, la literatura, la música, los cantores, los niños, las mujeres; yo siempre estoy ahí para todo aquel proyecto que tenga algo que ver, justamente, para seguir construyendo la vida.
-Antes, maestro Cabral, me ha dicho que el miedo es el peor de los dictadores pero, ¿qué piensa usted de los dictadores y, lamentablemente, en la vida, usted ha conocido a muchos?
No soy capaz de emitir juicio alguno de algo a lo que no amo; para mí, los dictadores no existen; yo pienso que, por ejemplo, Pinochet, no ha nacido, por tanto, para mí, no existe.
-Tras tantos años, señor Cabral, sigo pensando que, sigue siendo usted un médico del alma, ¿verdad?
Esa es mi intención. Me llena de orgullo que, mucha gente, al escucharme o leerme, fueron capaces de salir de la droga; guerrilleros de Hispanoamérica, tras estar conmigo, fueron capaces de dejar las armas. Yo pienso que, empecé para entretener a la gente y, pasados los años, hasta estoy convencido que, mi labor, tiene mucho que ver con la salud; relajo, hago pensar, armonizo y, como no pretendo conquistar a nadie, al final, soy yo el conquistado.
-¿Qué es el futuro para usted?
Nada; sencillamente, porque es algo que está por venir y, hacer planes de futuro, me parece un acto de insensatez. A cada día le basta con su propio afán; el mañana no interesa. Vivamos el presente puesto que, es, ha sido y será, la única estación en la que pasaremos el resto de nuestros días.
-Canta, escribe, pinta, compone. ¿Qué le queda por hacer, maestro Cabral?
A mi edad, creo que pocas cosas; pero fíjate que, pese a todo, sigo creyendo que, hago muchísimas más cosas de las que podría hacer cualquier persona con mis años. Pasa la vida y, sin darnos cuenta, apenas nos damos cuenta de que no nos queda gasolina en el tanque. Sigo escribiendo y, en este instante, trabajo en varios libros a la vez que, en breve, quiero terminar; intento grabar canciones que tenía olvidadas porque, de lo contrario, además de olvidarlas, se perderían.
-Hablando de canciones, ¿qué motivó que usted grabara “Guantanamera”?
Porque es una canción muy bella a la que lo le debía un gran respeto y, con la admiración que sentía, al final, para estar en paz conmigo mismo, decidí grabarla. Sigo creyendo que, “Guantanamera” es uno de los grandes tesoros de la música Hispanoamericana, digamos, un prodigio de ternura.
-¿Qué siente, Cabral, tras sus actuaciones cuando llega al hotel?
Una paz infinita. Al pensar que, en mi concierto, he sido capaz de dibujar sonrisas en el rostro de todos los espectadores, es algo que, en la soledad de mi habitación, me sigue emocionando; es un lujo que Dios me ha dado que, en soledad, pretendo disfrutarlo; y a fe que lo consigo. Igualmente, ha habido momentos en que, al bajar del escenario, pensaba que no había dado todo lo que sentía o, quizás me faltó la inspiración del momento pero, en definitiva, tras mis actuaciones, me refugio con la paz.
-La UNESCO, maestro, en su día, le declaró como MENSAJERO MUNDIAL DE LA PAZ. ¿Es éste su mayor título?
Ese premio es otro agradecimiento que la debo a la vida. Pero, en honor a la verdad, no caben títulos cuando todos somos hermanos y uno sólo es el Padre.
-Uno de sus grandes proyectos de cara al futuro, señor Cabral, no es otra cosa que, transcribir las conversaciones que usted mantuvo con Jorge Luís Borges, sin lugar a dudas, cuando eso llegue a nosotros, será un regalo inolvidable. ¿Cómo lleva ese maravilloso proyecto?
Estoy avanzando mucho al respecto. Será algo muy bello dada la enorme calidad literaria y humana de ese compatriota inolvidable que se llamaba Borges; yo, claro está, ya lo gocé cuando conversé con el; ahora, por tanto, quiero que lo disfrute el mundo. Por problemas de salud, el pasado año, estuve un tanto parado al respecto pero, ahora, lo tengo como muy avanzado.
-¿Nos quiere dar, por favor, una primicia de todo cuanto habló usted con el maestro Borges?
Si. De Borges me impactaron muchas cosas; su calidad humana, su noble forma de ser, su sencillez; pero me impactó cuando me dijo: “Cabral, he cometido el peor de los pecados; no fui feliz”
-Hemos empezado hablando de España, maestro y, así quiero terminar. ¿Podemos decir que, para nosotros, los españoles, será éste un año de gracia con su venida hacia España?
La gracia, ante todo, será para mí; será la mía puesto que, como sabes, añoro volver a esa tierra en la que vives y a la que yo tanto amo. Confío en que mi salud me acompañe como en este instante y que, a su vez, España y Cabral, puedan fundirse en un fraternal abrazo.
-Gracias, maestro Facundo Cabral. Que Dios le siga bendiciendo.

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