En estos días, el rejoneador conquense, Sergio Galán, ha recogido el premio que la Diputación valenciana le ha entregado, como el mejor rejoneador de las pasadas fallas en la capital del Turia. El caballero en plaza, ilusionado, era objeto de dicho premio y, su gozo era obvio; pero, a su vez, su tristeza era tremenda. El premio del pasado año no ha servido para que, en esta ocasión, su persona, fuera acto de presencia en dicha plaza. Dicho en cristiano, el premio, se lo puede guardar en sus vitrinas que, tal galardón, por supuesto, como se ha demostrado, no ha servido para nada puesto que, su triunfo, ante la empresa, ha quedado olvidado. “Hay que triunfar en los despachos” sentencia el torero y, cuanta razón tiene; en demasiadas ocasiones, para torear, hay que estar bien relacionado por distintos motivos y razones pero, los triunfos, los que en verdad deberían valer para repetir en las plazas de toros, en muchas ocasiones, no sirven para ser contratado de nuevo. Cruel, pero cierto.
Como estamos comprobando, por razones extra taurinas, desdichadamente, es tan difícil triunfar como torero; de luces o a caballo, no importa; las injusticias son las mismas. Ciertamente, para ser torero, se necesita tener un corazón a prueba de bombas. Me imagino la cara de Sergio Galán, justamente, el pasado año, cuando triunfara en Valencia y, con toda seguridad, el muchacho, ya se vía puesto en la presente feria y, de forma lamentable, el rejoneador, ha tenido que acudir a la capital valenciana en calidad de turista para recoger un premio que la Diputación le había concedido.
Soy capaz de pensar que, los rejoneadores, para ser contratados, incluso lo tienen peor que los toreros de luces. Me explico. Un torero de a pie, con más o menos fuerza, se le puede incluir en un cartel de mayor o menor relumbrón y, junto con otros compañeros, formar un triunvirato interesante de cara a los aficionados. Con los rejoneadores no ocurre eso; es decir, el público del rejoneo es un público fiel, abnegado y que, antes que a los rejoneadores, aman a los caballos y, en honor a la verdad, les importa poco la confección del cartel; es más, este tipo de aficionados, como comprobamos a diario, en los rejones, llenan las plazas a diario y, las empresas, ante esta circunstancia, la verdad sea dicha, se calientan poco la cabeza. ¿Qué más da uno que otro? De esta manera, la empresa, hasta me atrevo que quiera contar con los triunfadores pero, a la hora de las contrataciones, llega el amigo de turno, el apoderado pesado, el tipo sagaz y capaz de vender la idea de aquel torero al que apodera y, como la empresa tiene exactamente igual, en definitiva, complacen al que más ha dado la vara. Injusto, inmoral, deleznable; todo lo que ustedes quieren pero, el mundo del rejoneo, de cara a las empresas se ha tornado una mina de oro. Se abarrotan las plazas de toros con una intensidad que, ya la querrían para las corridas con espadas. ¿Qué hacer? ¿Complicarse la vida? Nada de nada.
Por este motivo, como vemos, sigue sangrando la herida moral de Sergio Galán y, les aseguro que, su no contratación o ausencia del coso de Valencia, no se trata de un tema de honorarios puesto que, los rejoneadores, salvo Hermoso de Mendoza, nadie se atreve a pedir un euro; las empresas, al respecto, tienen establecido un cupo y, lo ofrecen y, el que quiera, ahí lo tiene; y ese mismo cupo, aún siendo pobre, como vemos, sigue teniendo novios, hasta el punto de que, ese dinero, cuando menos, debería ser para el que, previamente, en ocasiones anteriores, ha triunfador; ni eso. Lo mejor, antes que el triunfo, como dice Sergio Galán, es tener un buen padrino que, los éxitos, si acaso, son algo secundario, pero jamás determinante para lograr nuevos contratos.
Suerte para las empresas, y mucha, diría yo que, el espectáculo del rejoneo les llena las arcas; plazas llenas y poco presupuesto, en realidad, es lo que todos desearíamos. Frustrantemente, con semejante planteamiento, repartir justicia y equidad, en honor a la verdad, resulta muy difícil. Habría que ser muy íntegro y, tanta grandeza, en el mundo del toro, brilla por su ausencia. Como vemos, Sergio Galán, ha sido el primer damnificado de esta temporada, justamente, en una plaza de primera y en la que, como se demostró, había saboreado el éxito. ¿Cuántos más caerán a lo largo de la temporada? La lista, ya lo verán, será inmensa.