¿Podría usted, amigo lector, decir qué tienen en común –aparte de su profesión- los siguientes toreros?
Costillares, el inventor del volapié.
El Tuerto de Magán, contemporáneo de Costillares, especialista en dar lanzadas a pie.
Pepete, muerto en 1862 por el toro Jocinero de la ganadería de Miura.
Limeño, contemporáneo de Pepete;
Pepete, aquel que fuera subalterno de Punteret, muerto por el toro Cantinero en 1999.
Bebe Chico, matador de toros, tío de Manolete, hermano mayor del padre de éste.
Cagancho, excepcional torero del barrio de Triana.
Manolete, “El Califa de Córdoba” muerto en la plaza de Linares por el toro Islero de la ganadería de Miura.
El Sargento, matador de toros peruano.
José Luis Parada, el de Sanlúcar de Barrameda.
Rafael Torres, matador sevillano, hoy banderillero.
José Antonio Campuzano, matador de toros, hoy director artístico de Sebastián Castella.
Tomás Campuzano, hermano de José Antonio.
Manolé, matador peruano, poco conocido en España.
El Mangui, matador de toros, hoy banderillero.
Juan Rivera, matador de toros alicantino, hoy banderillero.
¿Tiene usted la respuesta? Si no es así, le doy una pista revelandole sus verdaderos nombres:
Costillares, Joaquín RODRÍGUEZ.
El Tuerto de Magán, Esteban RODRÍGUEZ.
Pepete, José Dámaso RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ.
Limeño, José RODRÍGUEZ.
Pepete, José RODRÍGUEZ Davie.
Bebe Chico, José RODRÍGUEZ Sánchez.
Cagancho, Joaquín ROPDRÍGUEZ Ortega.
Manolete, Manuel RODRÍGUEZ Sánchez.
El Sargento, Guillermo RODRÍGUEZ Martín.
José Luis Parada, José Luis RODRÍGUEZ Parada.
Rafael Torres, Rafael RODRÍGUEZ Pérez de Torres.
José Antonio Campuzano, José Antonio RODRÍGUEZ Pérez.
Tomás Campuzano, Tomás RODRÍGUEZ Pérez.
Manolé, Manuel RODRÍGUEZ.
El Mangui, Manuel RODRÍGUEZ Blanco.
Juan Rivera, José Juan RODRÍGUEZ Rivera.
Efectivamente, todos apellidan RODRÍGUEZ y alguno por partida doble. Y hay más, porque en este asunto de los RODRÍGUEZ, varios toreros, además del apellido, tienen el mismo nombre. Veamos algunos casos:
Se llaman JOSÉ RODRÍGUEZ: Los dos Pepete, Limeño, Bebe Chico, José Luis Parada, José Antonio Campuzano, Juan Rivera, El Pío (quien como el primer Pepete se llama José y tiene sus dos apellidos Rodríguez), El Berenjena (José Rodríguez Castellano), el torero peruano José Antonio Rodríguez (con el mismo nombre compuesto de uno de los Campuzano) y el torero mejicano Manolo Rodríguez.
Se llaman JOAQUÍN RODRÍGUEZ: Costillares y los dos Cagancho (padre e hijo)
Se llaman MANUEL RODRÍGUEZ: Los dos Manolete (padre e hijo), Manolete II, Manuel Campuzano (hermano menor de José Antonio y Tomás), Manuel Rodríguez (torero sevillano quien en verdad se llama Manuel DÍAZ Rodríguez pero se suprimió el apellido paterno) Manolé y El Mangui,
Existen otras coincidencias de diferente índole que es interesante mencionar:
Los dos Pepete fueron cogidos y muertos por un toro al acudir en ayuda de un picador en peligro.
Manolete II (Enrique Rodríguez Moreno) tomó la alternativa de manos de Bebe Chico hermano mayor de Manolete (padre) y falleció el día en el que estaba anunciado para torear con este último.
Limeño y Pepete –ambos José Rodríguez- solían torear juntos.
Alejándome de las coincidencias, deseo finalizar esta nota contando una anécdota relacionada con uno de los toreros mencionados en ella:
Durante la feria del Señor de los Milagros de 1973, Rafael Torres debutó como matador de toros en Acho. Su primero, un bicho insignificante, fue protestado de salida por la afición sin que el presidente de plaza accediera a cambiarlo. Enfadado el público se puso de pie y dio la espalda al ruedo negándose a ver la faena. El bueno de Rafael no tuvo más remedio que abreviar y despachar a su oponente. El arrastre se realizó en medio de bronca descomunal, mientras el joven diestro, desolado y triste, escondía el rostro sobre su brazo apoyado en el burladero. Desaparecido el burel del ruedo, el público -ese maravilloso y expresivo público limeño- cambió de actitud y empezó a aplaudir al matador no para premiar la faena -que ni siquiera había visto- sino para expresarle su comprensión ante un desaguisado del cual no era responsable. Enjugándose una lágrima se vio obligado a salir al tercio para agradecer la muestra de cariño para luego, a su turno, salir “a por todas” a enfrentar su segundo animal al que le hizo faena vibrante y le cortó la oreja, con la que dio vuelta triunfal al ruedo recogiendo prendas y flores.