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Pla Ventura  
  España [ 12/09/2005 ]  
FABIANA GARCÍA, UN SIGLO DESPUÉS

Desde muy pequeña, Fabiana García, sentía el deseo de recobrar sus raíces. Ella nació en Argentina pero, en casa, en boca de sus padres, siempre escuchaba hablar de España. Era, por tanto, la gran quimera que vivía dentro de su ser. Fabiana, biznieta de Antonio García, aquel agricultor español, nacido en IBI que, amparado por un manifiesto de proclama en el que, Vicente Blasco Ibáñez, el afamado novelista valenciano de la época, auguraba a quiénes se marcharan a la Argentina, un frondoso  porvenir puesto que, allí, en aquel país, según Blasco Ibáñez, les garantizaban tierras de labor y vivienda. Como se comprobó, una cosa eran las ilusiones que les habían inculcado a los emigrantes y, otra muy distinta, la tremenda realidad que allí les esperaba. Todo esto ocurría en 1911, año en el que, Antonio García, al igual que cientos de valencianos, acudían a la Argentina con la hermosa ilusión de encontrar, en tierras gauchas, la tierra prometida. Si en la España de aquellos años, la vida era durísima, cuando Antonio García llegó hasta Argentina se encontró una realidad, si cabe, más dura que la que soportaba en su IBI natal, muchísimo más puesto que, en España, cuando menos, podía tener el apoyo moral de sus gentes; hermanos, vecinos, amigos…….. Y, en Argentina, de repente, tuvo que soportar la dura realidad de una soledad implacable, con unos medios nulos de supervivencia y, ante todo, con una tremenda resignación por aquello de no haberse marchado jamás de España. Ciertamente, no había camino de retorno; allí llegó nuestro hombre y, allí murió.

Y ha sido ahora, en la persona y obra de la cuarta generación de aquel hombre aventurero que, sin lugar a dudas, se marchó hasta la argentina con la bendita ilusión de forjarse un mejor porvenir, tanto para él como para los suyos. En este año de gracia para ella, Fabiana García, ha vuelto a sus ancestros. Y lo ha hecho con todos los honores. Convengamos que, tanto sus padres, como anteriormente sus abuelos, por diversas razones, habían perdido todo vínculo de comunicación con España y con todos sus familiares ibenses. Era mucha la distancia y pocos los medios. Sin embargo, las nuevas tecnologías, le estaban preparando una sorpresa mayúscula a Fabiana. Gracias al milagro de Internet, esta señora admirable, madre de dos espléndidos hijos, profesora de universidad y apasionada por aquello de encontrar sus raíces, buscando en la red, un buen día se encontró la página de IBI y, en ese instante, se le abrió el corazón; pensaba que, desde aquel momento, su sueño, conocer a sus antepasados, podría ser una realidad, como así ha sucedido.

Fabiana García, admirada por lo que había descubierto, no dudó en dejar unas líneas en dicha página para que, a ser posible, algún ibense pudiera contestarle. El destino quiso que, Fabiana, pudiera contactar con un médico español, Carlos Vilaplana, natural de IBI y buena gente donde los haya; los hechos así lo han demostrado. En una noche de insomnio, Carlos Vilaplana, navegó por Internet y, como otras veces hiciera, entró en la página de Ibi, encontrándose, para sorpresa suya, el mensaje de Fabiana por el cual, abogaba por aquello de que alguien les pusiera en contacto con algún familiar, ya lejano, por supuesto. Carlos, en un gesto que le honra, le escribió a Fabiana y le brindó toda su ayuda y colaboración, desconociendo, por supuesto, los orígenes de esta argentina singular que, sus pretensiones, eran las más bellas del mundo; saber de su tierra de sus gentes antepasadas.

Como explico, en ese preciso instante, entre ellos, Fabiana y Carlos, nació una hermosa amistad y, tras ese encuentro cibernético, Carlos empezó su andadura; digamos su anhelada búsqueda de las raíces por las cuales abogaba. La labor, para Carlos, era muy dura; tanto como esperanzadora para Fabiana. Y ahí empezó una tarea de investigación y, durante meses, Carlos Vilaplana, ha sido capaz de consagrar su vida en aras de satisfacer la más grande ilusión de Fabiana. Estaba claro que, ambos, Carlos investigando y, Fabiana a la espera de que todo ello tuviera resultados satisfactorios, ambos vivían ilusionados. Tras varios meses de espera, al final, se consumó el milagro y, las gestiones realizadas por Carlos Vilaplana fructiferaron en el mayor de los éxitos. Carlos encontró a todos los familiares de Fabiana, es decir, los descendientes de aquella rama familiar que Antonio García dejara al partir hacia Argentina. Uno por uno, presentes y ausentes, han sido analizados por Carlos Vilaplana para que, de este modo, Fabiana García, pudiera construir su particular árbol genealógico y, de tal manera, sentirse identificada con sus raíces.

El milagro ya estaba consumado. Sólo faltaba que, Fabiana, pudiera venir hasta España. Carlos Vilaplana, ante la magnitud del hecho tan hermoso que había descubierto, no dudó en trasladar el evento hasta el mismo ayuntamiento, recibiendo, desde dicho ente, toda clase de plácemes y ayudas para que, Fabiana, pudiera hacer realidad su sueño. Loas para el ayuntamiento que, ante un hecho tan singular, como explico, se volcaron con la idea sugerida y explicada por Carlos y, desde aquel momento, la venida de Fabiana a España, ya la podíamos considerar como una bellísima realidad. Ella, ante la comunicación en que Carlos le contaba todos los aconteceres, no daba crédito a todo lo que le estaba pasando. Como digo, el milagro, ya estaba hecho.

Y fue el pasado día 6 de septiembre cuando, por fin, Fabiana, pisaba tierra española. La emoción resultó inenarrable; estaba en España y, gracias a su amigo Carlos, esta señora veía, con ojos de estupor, que sus sueños eran palpables realidades y, sus lágrimas, se deslizaban por sus mejillas como prueba de gratitud a tanto cariño recibido como, a su vez, por pisar la tierra de sus antepasados. Para fortuna de todos los ibenses, Fabiana Andrea García, no venía de incógnito; ni tampoco podía ser una más. Por esta hermosa razón, el ayuntamiento y la Comisión de Fiestas, en perfecto quórum, le concedieron el más alto honor que un pueblo pudiera darle a una persona que nos visita desde allende y que, ante todo, venía para encontrar sus ancestros. Nadie dudó en darle el honor de que fuera la PREGONERA en el acto de la EXALTACIÓN FESTERA, sin lugar a dudas, el acto de mayor fuste de cuantos previos se celebran a las fiestas de Moros y Cristianos.

Era la media noche del día 10 de septiembre cuando, en un teatro repleto de gentes, Fabiana, disertaba ante los presentes. La emoción, tanto en su ser, como en todos los que allí nos encontrábamos, era una constante. Todos los presentes, embargados por una sublime emoción, ante las palabras de Fabiana, supimos pagarle con el silencio de la expectación mientras que, nuestros corazones, temblaban al unísono con su voz. Su verbo calaba en el corazón y en el alma de todos los presentes. Sus palabras, tan bellas en su pronunciación, como tan sentidas desde su corazón, fueron el vehículo mágico que nos transportara hacia su mundo; es decir, en adentrarnos en sus raíces y, por supuesto, en conocer y palpar, sus mismas emociones. Su voz se desgarraba por momentos; la emoción que sentía era incalculable; por unos instantes, habló más su corazón que sus palabras. Era, en tan significativo acto, la culminación de tantos sueños de los que, IBI y sus gentes, le habían llevado a la más bella realidad. Fabiana estaba feliz. La ovación final así lo demostraba. Todos estábamos felices y dichosos. Una espléndida mujer nos recordó tantas cosas de su pasado que, en este singular presente en que vivimos, pese a todo, nos sobró capacidad para admirarle, entenderle e, incluso, hasta quererle. Los vítores que se llevó, con toda seguridad, los guardará en su alma mientras viva, al igual que, decenas, cientos de muestras de cariño que ha podido vivir en todos los lugares y personas con las que se ha relacionado. Como diría su compatriota Facundo Cabral, Fabiana ama a la vida, por tanto, llegará hasta Dios.


Pla Ventura

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