Mucho se ha escrito en estas mismas páginas, últimamente, sobre el asunto de los indultos. Al parecer, unos defienden que esa decisión pueda ser aplicable en cualquier plaza, de la categoría que sea, ya que los públicos no deberían tener distintas categorías. También se dice, que eso no se puede acreditar, -lo de la misma categoría de los públicos- en función de que los conocimientos de unos y de otros son diferentes y de ahí que haya que separar.
Mi criterio es único por invariable. Sostengo que todo sea serio y riguroso y una vez dicho esto, tengo que preguntar ¿se desarrolla la lidia seria y rigurosa en todas las plazas?. Y añado, ¿se conoce alguna plaza donde esto suceda?. Mucho me temo que no. Luego se deduce, que mi criterio es único: si no hay plaza donde se desarrolle de forma seria y rigurosa la lidia, no puede concederse el indulto si no existe base ni se dan las condiciones para ello.
Ustedes, amables lectores, ¿no han visto como proliferan los indultos en este año y no digamos las vueltas al ruedo de los astados?. De tantas vueltas que se dan, termina uno mareado. Cualquier aficionado sabe distinguir lo que representa una oreja en Madrid o en Almonaster la Real, -precioso pueblo por cierto, de la serranía onubense- por citar un solo ejemplo. Habrá que deducir, que por la misma razón, una vuelta al ruedo de un toro no debe tener semejanza con aquella otra que se diera en la monumental madrileña. Y con esto no quiero decir que en Las Ventas sea todo riguroso y serio, que no lo es, sino que el grado de exigencia y equilibrio entre los distintos públicos que la pueblan, hacen más difícil esas locuras colectivas.
La esencia de un indulto son las pruebas que lo acrediten. Y con detenimiento y reflexión, sin la apasionada visión de los públicos que sean en cada plaza, uno sabe y colige día a día que los toros no sabemos si tienen bravura en el caballo, pues a veces ni se les pica; no podemos observar su comportamiento con los capotes, pues si no hay tercio de varas no hay quites que demuestren su bravura y nobleza en la plenitud. A lo mas que se llega es a esa sucesión de embestidas, en la mayoría de los casos bobonas y cansinas, -a veces con suma flojedad- casi de dulce, que agradan a los toreros, los pone a cien de contentos y a los espectadores les parece que están viendo la esencia de la bravura.
No hay tal bravura en la mayoría de los casos: sólo y en el mejor de los casos, boyantía. Ser bueno para la muleta no es la excelencia de la bravura de un toro, solo un apéndice de la misma. No es extraño que los ganaderos se hayan dedicado a criar ganado así. Pero no deja de ser un sucedáneo del toro bravo. Es más, cuanto más se indulte, dando por bueno que los hijos adquirirán ese mismo comportamiento ¿no estamos programando el futuro? para que todo siga igual. Igual de dulce, flojo y bobón.
A uno le asaltan muchas preguntas al respecto. En Madrid se dan más corridas de toros que en cualquier otra de la geografía mundial y sin embargo está a años luz de distancia de los toros merecedores de vueltas al ruedo o no digamos de indulto. No crean que es una cuestión de lo mal que eligen el ganado las empresas que la gestionan, sino que los estándares de exigencia en la calidad son de un grado muy superior a los que se establecen en las otras plazas. Así de sencillo. Sólo un toro, Velador, de Victorino Martín, tuvo ese honor y el resultado de esa exigencia ahí está. Del mismo modo es en la concesión de los trofeos. Imaginan que es posible, salvo en sueños, que se pudieran conceder en una sola tarde diez orejas y un rabo?. Pues también se da por otras plazas. ¿Excelencias de los toreros o benevolencia de un público?.
Hasta aquí esta exposición, de la que se desprende que se podrán indultar todos los toros que quieran; dar vueltas al ruedo por doquier a las reses lidiadas, pero que ello está muy lejos de ser creíble como un hecho importante y extraordinario. Naturalmente, deja de ser extraordinario si sucede todos los días en cualquier lugar. ¿Dónde está lo extraordinario, si forma parte de lo ordinario?. Lo extraordinario es o sería que un día un toro tomara tres varas empujando y arrancándose de largo, los matadores le hicieran al menos tres quites, acudiera pronto y alegre a banderillas y que finalmente tuviera fijeza y nobleza en la muleta, sin olvidar que tuviera una muerte de bravo peleando en el centro del anillo. Imagino que no es esto lo que han visto los que han permitido y exigido indultos y vueltas al ruedo por ahí.
Si alguno sí lo ha visto, espero sus valoraciones y si quieren discrepar conmigo para eso tiene la sección de comentarios, una vez más.