Sin sentido, es lo único que se puede decir sobre la reacción, (insistimos afortunadamente minoritaria, de un grupillo de guayaquileños) que no se merecen, ni el torero que les parió la tierra, ni la sangre de Canales Rivera; derramada ayer con coraje, en el temporal coso guayaquileño.
Se puede comprender que la escasez de festejos taurinos haya anulado la afición que existió en el puerto principal, se puede comprender que algunas personas no hayan sido tocadas con el don de la afición taurina, se pueden comprender muchas cosas pero: ¿es comprensible que los “defensores de los animales” lleguen al extremo de pedir un Amparo Constitucional, para que no se den corridas de toros en Guayaquil?
Guayaquil es la ciudad más grande del país y tristemente hay que decirlo, una ciudad donde los barrios periféricos y míseros son muchos más, que los prósperos. Una ciudad donde faltan recursos para: educación, salud, seguridad ciudadana y mil beneficios sociales más. ¿Se puede comprender cómo, en una ciudad así pueda haber quién, invierta su tiempo y su dinero, en tratar de impedir un rito milenario y no, en solventar la miseria, inseguridad, insalubridad y demás?.
Sin duda el caso es de Ripley; “creálo o no”. Para tratar de impedir las corridas de toros en Guayaquil se han unido: caritativas y llorosas damas que, gastaron dinero en estampar camisetas anti-taurinas, cuando las fundaciones que patrocinan necesitan medicinas, pañales… en fin, dinero para solventar la pobreza de sus “protegidos”, “protectores de animales” y entre ellos; una vedette, que funge de política, hecha al apuro, y algunos más.
El que se sienta ofendido con la magia taurina, ¡no vaya a los toros!; pero, recuerde que, Ecuador es un país supuestamente democrático, por tanto, ¡respeten al que si quiere asistir, gozar, vibrar, sentir y soñar con un capotazo artístico, con un muletazo de temple, con un estocadón hasta los gavilanes, con banderillas puestas en un duro…con el hechizo de la Fiesta Brava!
Lo más triste, lo lamentable de todo esto es que se evidencia el porqué, el país está como está; la gente se queda siempre en lo superfluo, ¡no profundiza nunca!
Y, aunque le duela a un grupillo de “inadaptados democráticos”, ¡ Que vivan los toros, SI SEÑOR!