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06/02/2019
  (Temporada Grande-México) La Crónica del Festejo: Más emociones que seriedad en la corrida de aniversario. La corrida de Los Encinos, Pablo Hermoso, y un Ponce superior se salvan de la quema
 
Firma: Jorge Eduardo
 
     
 

Visite nuestra ficha del festejo.

El del 73 aniversario del coso monumental capitalino tuvo un matiz distinto a su predecesor del cuatro de febrero. En aquel, a pesar del fervor por Joselito, los trofeos no supieron exagerados, ni la concurrencia entreguista con los espadas. En este segundo festejo, se dispararon las ganas de aplaudir y de premiar, hasta el colmo de emborronar actuaciones decorosas con premios exagerados.

También es menester destacar el buen juego, y las interesantes particularidades de cada uno de los toros que envió Eduardo Martínez Urquidi. Tras de alguna etapa dubitativa, el hierro de Los Encinos logró ponerse de nuevo en sitio de hierro o importante. Así mismo, cumplió una vez más como un ganadero que no se traiciona a sí mismo en lo que respecta al trapío de sus toros. Ha enviado encierros bien presentados lo mismo a Pablo Hermoso, que a Ponce, que a José Tomás y al Juli.


La salida en hombros, también de Luis David. Foto: Plazaméxico

Abrió plaza Pablo Hermoso de Mendoza. El estellés sacó la mejor parte del coqueteo con su eterno y encarnizado rival, Diego Ventura. No obstante, el ambiente para con él sigue siendo frío en el gran coso. Esta vez le tuvieron paciencia y respeto, pero aquella locura y entrega de antaño quedó en el recuerdo.

Al primero de la tarde, Alberti –n. 39, 546 kg. –, le dio una interesante lidia en el primer tercio, encelándolo en redondo a la grupa. Solo le puso un rejón de castigo. El tranco y la acometividad parecían augurar una gran faena. No parecía alarmante el dejo de debilidad en la res. Al inicio del segundo tercio hubo momentos muy emocionantes, a dos pistas, dejándose llegar al de Los Encinos, cambiándole los terrenos y metiéndose a los adentros con mucho lucimiento. Infortunadamente, el toro vino a menos a la mitad de la faena, y Pablo tuvo problemas para transmitir a toro parado. Tras fallar con los aceros, surgió la división de opiniones.

Quizás el menos de presencia de la tarde fue el quinto, Alameda –n. 41, 476 kg. –, no obstante con cara. También fue un toro más emotivo de salida, que tras de ser castigado vino a menos. Hasta el inicio del segundo tercio hubo momentos muy emocionantes, tanto a dos pistas, como recortando la embestida. Después el astado se tornó soso, y poco a poco parado. Todavía consiguió un buen quiebro en los medios, algunos momentos de exposición de las cabalgaduras, y el par a dos manos por los adentros. Mató de rejonazo certero y cortó una oreja. Enrique Braun otorgó un arrastre lento inexplicable.

Pocos son los toreros que parecen no tener caducidad. Tras veintitrés años en la cumbre en México, y algunos más en España, Enrique Ponce sigue siendo un torero con la capacidad de impactar. Un maestro superdotado con elegancia y conocimiento, con el sitio del torero más longevo en figura del toreo, tal vez en toda la historia de la fiesta. Lástima de sus actitudes de divo y sus imposiciones pueriles, que le han privado de ser algo todavía más grande, y a nosotros de verlo en plenitud más constantemente.

El primero de la tarde fue un toro muy bien presentado, serio, cornivuelto bien armado, cárdeno con cara de señor, llamado García Márquez –n. 27, 535 kg. –. Desde el capote se desplegó Enrique Ponce, sobre todo en el buen quite por mandiles, muy de verdad, en un palmo de terreno, embárrandose al toro por la faja. La faena de muleta tuvo mucho del repertorio del Ponce de siempre, y la vena experimental del Ponce actual. Ese jugar al toro insolente, pero tremendamente sólido en sus bases técnicas, que le ha resultado tan bien en los últimos años.

Hubo derechazos rematados muy detrás de la cadera, esos que le obligan a reponerse visiblemente. También los hubo ligados en un palmo de terreno, como el toreo de siempre. Las tandas de naturales fueron exquisitas. Y qué decir de los cambios de mano, que son la marca de la casa, los redondos, y las polémicas poncinas. Temple y maestría, y hasta algo de rabieta cuando, hacia el final de la faena, debió atacar los tiempos del toro. Estoconazo y dos orejas.

Con el sexto de la tarde le volvimos a ver muy bien. El toro, García Lorca –n. 49, 502 kg. –, hizo ascos de los capotes de salida. El valenciano parecía displicente, pero harto pronto percibió condiciones en la embestida del huidizo negro. Dejó al toro en el caballo con una larga, y el toro tomó las telas muy humillado y paso a paso. El resto del tercio fue un tanto caótico, pero todavía puso orden Ponce, ordenando que se picara en la contraquerencia mientras el picador intentaba ganar terreno hacia los toriles. En el segundo tercio permitió un poco más de desorden, pero aun así brindó a toda la concurrencia.

Apenas un par de carreras le tomó para con la muleta a un toro que, como hemos señalado, era mucho muy suelto. Tres doblones bastaron para hacerse del toro. Siguieron algunos buenos momentos por la derecha, que se hicieron menos conforme el toro comenzó a sosear. Echando mano de todos sus recursos, Ponce paró a la plaza con estupendos cambiados de manos, redondos, y remates por alto, en los que se gustó mucho toda la tarde. Falló con los aceros y dió una clamorosa vuelta al ruedo.

Sergio Flores tuvo una tarde importante, pero que a la vez deja lugar a dudas. A estas alturas del partido, con todo lo que hemos visto ya del Joronguito, no cabe duda de que no destaca por su concepto estético. Son su facilidad y técnica para acomodarse con los toros, así como su valor, su entrega, y su actitud a toda prueba lo que le convierten en el nuevo torero "cuña", cómo les llama Leonardo Páez. Sin embargo, pertenecer a esa categoría puede acarrear que el salto de ahí a figura del toreo sea muy complicado. Lo planteo en estos términos porque Sergio estuvo muy decoroso con el primero de la tarde, el toro tal, que fue áspero y complicado. Por el lado derecho estuvo en el sitio, solvente y por momentos  mandón.

Sin embargo, Sergio sigue flaqueando por varios ángulos además del momento estético. Tiene un concepto muy definido de la faena, de su metraje y de su estructura. Sin embargo le cuesta mucho trabajo romper y elevar los grados de ebullición en sus actuaciones. Ya ahora no le respondió la gente con la sorpresa de la irrupción, aunque aún le aplaudió y le premió. Por otro lado, está negado para torear y poder al natural, aunque es muy justo decir que el toro apretaba una barbaridad por ese lado. Cortó una oreja tras un estoconazo, cambiados y manoletinas. El toro se llamó Ortega y Gasset –n. 38, 510 kg. –.

Apretando por el título del mejor toro de la tarde con el primero de lidia ordinaria, apareció Wolff –n. 11, 523 kg. –, séptimo. Sergio Flores lo pidió apenas picado, provocando el rumbo al montado indefenso. Un toro con calidad y recorrido, con el problema de no ser tan pronto, y pensarse un poco lo que dejaba detrás por el lado izquierdo. Por el diestro fue más noble, y Sergio tuvo la posibilidad de mostrarse templado, largo, un tanto más ligado, y aguantando. Sobresalieron por la zurda un par de cambiados de mano. Una faena breve, y tal vez recargada de adornos, con un toro que bien pudo ser de lío serio. Cortó una oreja tras pinchar por tropezarse el toro.

El punto de quiebre de la tarde hacia un pachangón fue el cuarto de la tarde. Luis David tuvo en suerte a al toro Vargas Llosa –n. 19, 502 kg. – que embestía nobletón, pasito a pasito, tal vez sin mucha entrega y sin mucha transmisión, pero sí un toro con varias de las condiciones que esperan los toreros actualmente. Inexplicablemente la gente se volcó con una faena bastante insulsa, desaseada, y embarullada. Hubo muchas dosantinas, y una buena arrucina, más metiéndose en problemas que pudiéndole al astado. En esas le pegaron un maromón en las manoletinas, que parecía un percance importante. Afortunadamente pudo volver a la cara del toro para enardecer a una afición enloquecida, que si el día anterior tenía reventadores contra de su hermano, esta vez tenía más bien porristas. Mató de estocada desprendida y cortó dos orejas sonrojantes.

Con el octavo poco pudo hacer. Estaba muy magullado producto del arropón del toro anterior. Así pues mientras se vaciaba la plaza. Dicho toro se llamó Savater –n. 14, 535 kg. –. La próxima semana, Arturo Saldivar, Sergio Flores, y Michelito Lagravere que confirmará su alternativa. Toros de Arturo Gilio y Cieneguilla. Hasta ahí llegará la temporada.

 
     
   
     
   
     

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