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Que tarde más buena de toros hemos pasado, ha habido tiempo para todo, sobre todo para las más sublimes y puras pasiones que puede provocar esto de los toros. Dos orejas en un mismo toro, nada de eso del una y una y un toro de vuelta al ruedo ¿Paro o sigo? Si quieren, pueden parar, pero yo voy a seguir. Uno, servidor, entiende a la perfección esa necesidad de apasionarse del público de Madrid, ¿cómo no iba a hacerlo si yo soy una víctima de ese mal? Pero me da la sensación que es mejor la frustración y la superación de esta, que la bipolaridad a conciencia. La primera puede buscar vías de escape y regocijo por otro lado, uno puede irse al fútbol a ver ganar a su equipo, irse de cañas con los amigos, echarse una partida de petanca... Pero lo otro es peor, porque la verdad siempre estará ahí y aunque sea de reojillo, se acaba haciendo evidente ante uno.
No se imaginan lo que uno padece escuchando a los aficionados fetén quejarse de que los toreros no echan la pata pa’lante. Lo que afean esa costumbre de esconder la pierna de salida ¡Madre mía! Pero claro, si a esto le unimos eso del pico, entonces ya es para que los atrevidos tramposillos ardan en las calderas de Pedro Botero, al menos tres eternidades. Y si ya añadimos el que a un torero se le vaya un gran toro sin hacerle el toreo puro y de verdad. Entonces ya no sé cuál es el castigo y no me lo quiero ni imaginar. Y créanme que entiendo a estos aficionados, pero claro, si luego los exigentes, los sesudos, los que más saben, van y enloquecen con lo que ha hecho David Mora, que en unos minutos ha unido todo lo anteriormente dicho, entonces ya si que me lío del todo y ruego, clamo por una explicación, que por otro lado tiene que ser exhaustiva al extremo para que yo vuelva a poder ver un poquito más claro. Que el que no se volvía loco, es que ya venía así de casa. En mi ignorancia pido socorro al supremo para que me auxilie, a ver si la próxima vez también me puedo apasionar de lo lindo. Un puyazo en el morrillo De lo de la vuelta al ruedo al toro ya no digo nada, pues si quizá podía parecer exagerada, la verdad es que fue un gran toro, que precisamente protagonizó un pasaje ya en desuso en el toreo actual, que no es otro que arrancarse de lejos al caballo de Israel de Pedro, que respondió clavando el palo en el morrillo y aguantando el envite sin taparle la salida, ni hacerle la carioca, ni otros vicios que ya son norma. Así que como esto me resulta más facilito de entender y digerir, y como la suerte de varas siempre es una gozada, pues me voy a quedar con este puyazo, aunque sigo pensando que está muy bien eso de perder la cabeza transitoriamente, pero hay que tener cuidado con apasionarse, según con qué.
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