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09/08/2015
  (Ciudad de México) De Guadiana aporta la bravura, la torería no termina por aparecer
 
Firma: Jorge Eduardo
 
     
 

Sexta novillada de la Temporada Chica 2015 de la Plaza México. En tarde soleada al inicio, y que se tornó gris hacia el final del festejó, se lidió una novillada del hierro zacatecano D’Guadiana, que cumplieron y que pusieron un significativo precio a cambio de su vida. En cuanto al juego, destacó el cuarto, y quedó por debajo el segundo. El sexto fue manso de libro, pero rompió a bueno en el último tercio. En cuanto al trapío, destacaron tercero y cuarto, y quedó por debajo el sexto. La entrada, atípica, fue la mejor de la temporada. Se dieron cita unas cuatro mil personas en los tendidos del embudo capitalino. Actuaron cuadrillas completas a las órdenes de los novilleros:

Sebastián Torre (rejoneador): división de opiniones.

Juan Viriato “El Tranquilo” (presentación en esta plaza): palmas
y silencio en el que mató por Héctor de Ávila.

Pérez de Pauloba: palmas.

Emiliano Villafuerte “El Moso”: pitos tras un aviso.

Héctor de Ávila (presentación): herido.

Marlene Cabrera (presentación): vuelta por su cuenta entre división de opiniones.

Saludó en el tercio Enrique Mejía, cabo de los Forcados Hidalguenses, tras la sobresaliente pega consumada al primer intento por su grupo.

Héctor de Ávila no pudo matar a su único novillo tras recibir una cornada limpia en la cara externa del muslo izquierdo de dos trayectorias. Una hacia arriba y afuera de 30 cms. y otra de 15 cms. hacia adentro y abajo.

Destacó en banderillas con el sexto el Lupillo chico, Ángel Martín González Buendía.


La divisa verde blanco y rosa guarda la sangre de Jesús Cabrera

Como si se tratara de un déjà vu fue el regreso de la ganadería del ingeniero Armando Guadiana a la Plaza México. En la última ocasión, la incapacidad e ineptitud del cartel (incluyendo a las cuadrillas, que deberían ser anunciadas en él) provocaron una cantidad escandalosa de heridos. Algunos meses después, este domingo, volvió el ganado con el antiguo hierro de don Jesús Cabrera, y volvió a exigir el carnet. Los cinco nóveles que estuvieron por delante sufrieron las condiciones del ganado en diferentes niveles, pero en todos los casos sin poderle cabalmente a los astados.

En primer lugar actuó quien tuvo, quizás, la actuación técnicamente más solvente de la tarde. El rejoneador Sebastián Torre se las vio con Volveré –no. 62. 412 kg.- un paliabierto de escasa presentación, mansito, que hizo por saltar las tablas de salida. El rubio potosino tuvo una buena labor encelando al astado, lo que logró llevándolo de tercio a tercio con la cola del caballo como muleta. Con estos procedimientos, Torre logró que el novillo terminara por verse mejor de lo que era en realidad. El punto bajo de su actuación, sin lugar a dudas, fue la colocación de los rejones y banderillas. Tal situación fue especialmente notoria con el rejón de muerte, que quedó atrás y abajo, provocando la justa silbatina del público. Sin embargo, desde mi punto de vista, la concurrencia no juzgó la labor en conjunto del rejoneador potosino en su precisa medida.

Hizo bien Torre en taparse de la ovación que la Plaza México le brindó a los Forcados Hidalguenses, y de la que los rejoneadores suelen colgarse para dar la vuelta al ruedo, aún con actuaciones, mucho, pero muchísimo peores que la solvente de Torre este domingo. El desempeño del grupo hidalguense fue distinto a la muy conmovedora pega malograda del año pasado, en la que el grupo hizo frente, con base en valor estoico, al ambiente trastornado por la reciente muerte de Eduardo Del Villar, que todos lamentamos. Ahora el grupo hizo gala de su técnica y sus buenas maneras para consumar una buena pega a un novillo que recorrió poco terreno, pero que tiró varios cabezazos. Enrique Mejía fue el encargado de contener los bruscos movimientos del cuello de Volveré, en un esfuerzo apuntalado por la oportuna intervención de sus ayudas. Quién también lució fue el rabillador Diego Amador, que dejó una torera estampa mientras realizaba su labor. Enhorabuena por ellos, que brillaron como grupo.

El primero de lidia ordinaria cayó en manos de Juan Viriato, quien se anunció con el feo mote de El Tranquilo. Indomable-no. 9. 422 kg.- peleó en caballo con fuerza, y pronto cantó que no era fácil. Por el derecho tuvo las mayores complicaciones: regresaba sobre sus patas, buscaba los tobillos, y se quedaba a la mitad de los viajes. Por el izquierdo fue más claro y tuvo más recorrido. El novillero no se pudo acomodar para hacer el toreo bueno, pero, en cambio, lució oficio, técnica, y firmeza. Probablemente la actuación más completa de la tarde la entregó el experimentado novillero colombiano, que remató su labor con una entregadísima estocada, librando un violento derrote de Indomable. No obstante, el burel no dobló, y Viriato debió descabellar en una ocasión. Ovación.

El más complicado del festejo fue Mazapil-no. 4, 426 kgs.- que llegó a la muleta arrastrando los cuartos traseros y nunca se entregó. En contraposición, busco con ahínco el bulto, pero su escasa fuerza le impidió hacer daño al cuerpo de Pérez de Pauloba, cuyo momento más meritorio fue el volapié a toro parado que recetó a Mazapil. En banderillas, invitó a Gustavo Campos, quien puso un buen par, aunque trasero. Por su parte, el novillero puso tres pares, uno terrible en dos tiempos, otro bueno, y un cuarto par delantero y caído. Palmas. Este novillo fue arrastrado por el túnel de cuadrillas, y no por el de caballos, como es la costumbre.

El Gorras –no.5. 430 kg.- fue el cuarto de la tarde, cárdeno, e hizo honor al nombre con el par de guadañas que traía en la cabeza. Tocó en suerte al jovensísimo Emiliano Villafuerte “El Moso”, quien a su corta edad ya fue expuesto en bastantes ocasiones al público de la Plaza México. Había mucho por torear en la embestida del descarado cuarto, sin embargo, El Moso se quedó por debajo, y solo logró un par de momentos pintureros de los varios que intentó con la capa, y dos buenos derechazos con la sarga a la altura de la puerta de caballos. Se tiró a matar pronto, y estaba en vías de armar un mitin con el descabello cuando por fin pudo terminar con la vida de El Gorras. Solo le sonaron un aviso, que debieron ser dos ya con miras al tercero, cortesía del corazón blando y generoso de don Jesús Morales, juez estrella del palco de La México. ¿Qué beneficia más a los muchachos? ¿Sonarles los avisos y cortar rápido por lo sano, u obligarlos a participar en horrorosas carnicerías propiciadas por su inexperiencia? Haga usted mismo su juicio.

Norteño-no. 23, 420 kgs.- tocó en suerte al debutante Héctor de Ávila. El novillero llegó a la Plaza México respaldado por medio Tenancingo, que se hizo sentir en el tendido de sombra, casi casi como si se tratara de la porra oficial del América. Le jalearon todo lo que hizo con el capote, y cierto sector del respetable secundó la euforia de los porristas. Recibió a porta gayola, pegó algunos lances coreados de más, y quitó por chicuelinas y tafalleras, también jaleados en exceso. Los toreros con porra suelen meterse en problemas si no están a la altura de las circunstancias, y nos quedamos a la expectativa de qué tan mal pudo terminado todo cuando, al intentar empezar su faena de muleta por estatuarios, de Ávila visitó los aires por cortesía de Norteño, quien además le pegó una cornada visiblemente grande en la cara exterior del muslo.
 
Juan Viriato, a quien Norteño se llevó por delante en el caótico intento de quite, tuvo su segunda oportunidad  en la cara cárdeno oscuro. Sin embargo, salió muy medroso y con todas las precauciones del mundo a poco menos que cumplir. El heroico palco de la Plaza México, en voz del asesor Juan Vázquez, intentó anunciar mediante el sonido de la plaza lo que procedió por reglamento con resultados catastróficos.

Cerró plaza la también nueva en esta plaza, y también con una corrientísima porra, Marlene Cabrera, que lidió a Saltillero, un novillo no anunciado entre los enviados por Armando Guadiana. En realidad, este novillo se quedó como reserva en todo lo que va de la temporada de novilladas, y en toda la temporada grande pasada. La concurrencia lo protestó airadamente por chico, y además por manso. Es triste que me vea en la necesidad de desacreditar la protesta, que debiera ser sello de un plaza de primera categoría como ésta, pero es que sin un criterio para protestar por igual a todos los astados por debajo de la presentación que debiera haber en esta plaza, las protestas pasan por un simple disparate. Si nos vamos a poner exigentes, hace falta ponernos exigentes desde el principio y con todos, no solo esporádicamente.

En fin, como es costumbre cuando sale un manso o un corraleado en esta plaza, la lidia devino en un herradero sin pies ni cabeza. Picotazos en un caballo, picotazos en el otro, incapacidad completa para hacerse con el novillo e intentar fijarlo, entre otras linduras. Y, por si fuera poco, la novillera decidió que su lugar en el universo en el preciso instante en el que se lidiaba su novillo era tapada en el burladero de matadores. Así ni cómo hacerle. En el segundo tercio, se lució con dos grandes pares de banderillas Ángel Martín González, Lupillo hijo. Especialmente el primero incluyó un momento de apremio cuando el astado apretó hacia el burladero de aviso. Debió salir al tercio, pero no lo hizo.

Finalmente reapareció Marlene tras el cambio de tercio, brindó al cielo, y desarrolló su labor guiada por un valor inocente, que la llevó a tener momentos temerarios en la cara del novillo. Del mismo modo, se quedó en el sitio donde debía estar como si no estuviera enterada de sus carencias técnicas, que la tenían muy a merced del novillo, que para estas alturas había roto a bueno, noble, y pastueño. En fin, muy firme en su idea inocente, pero toreando poco, muy poco. Un ramillete de tres derechazos lucieron más por casualidad que por otra cosa, igual que la estocada entera que levantó cierta petición de oreja, bien negada por Morales. La novillera, en otra inocentada, se robó una vuelta al ruedo sonoramente protestada.

Así llegamos al ecuador de la temporada, que difícilmente superará los doce festejos que el reglamento obliga a la empresa a dar. Esperemos que el listón ganadero no baje, y esperamos sentados la repetición de Nicolás Gutiérrez, y Juan Pablo Herrera. Aprovechamos el viaje para desear suerte a Armando Guadiana en el duro enfrentamiento político que le planta el virrey de Coahuila Rubén Moreira, más preocupado por su dictatorial capricho de prohibir los toros, que por castigar a su hermano, histórico defraudador de las arcas de aquella entidad federativa. 
 

 
     
   
     
   
     

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