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Corrida de la Beneficencia, asistencia del Rey de España y toda la plaza con el mismo pensamiento en la cabeza, la decisión que hace dos ratos ha tomado el monarca, lo que ha quedado más que evidente cuando ha hecho su aparición en el Palco Real. Pero no me voy a meter yo solito en camisa de once varas, bastante tengo con lo mío y con lo que hay que soportar tarde tras tarde en la plaza de Madrid, aquella que un día fue seria y que ahora se burla de su historia, de su prestigio, de su afición y de todo lo que pueda recordarse de cuando nadie se sonrojaba, ni se reía por lo bajini al oír eso de la “Primera del Mundo”. Tal día como este de la Beneficencia se contrataba lo mejor que se podía ver en los ruedos y el verse en el cartel de ese día era un honor ganado en esta plaza. Pero eso ya es pasado, muy pasado y que es probable que no vuelva a ser presente.
Toros de Alcurrucén, una punta de deshechos con pinta de vacas en algunos casos y comportamiento de mulos inválidos que ofenden al toro de lidia al decirse que estos también lo son. Eso sí, lo mismo sale un borrico más obediente que los demás y te sueltan eso de que vale para la muleta. Pero si casi no valen ni para carne, ¿cómo se puede tener tanto descaro como para darles el más mínimo tratamiento de toro? Y por supuesto, detrás del nombre de los mulos, los nombres de las figuras, lo que a mí, personalmente, me parece aún más ofensivo y denigrante. Julián López, “El Juli”, que se maneja como el sumo hacedor, pero que de torero, de aspecto, de acción y de pensamiento, como torero tiene poco, y de figura, mucho menos, pero ya digo que esta es mi opinión personal, que no tiene por qué coincidir con la de Opinión y Toros, portal que en la vida me ha insinuado tan siquiera lo que podía decir o no, lo cual agradezco profundamente, pero que si considera este escrito no oportuno, lo aceptaré y lo entenderé. Hablaba de El Juli, que orejas aparte, que esas las pide el público y las dan los presidentes, puede estar orgulloso de ser uno de los máximos artífices de la degradación de este espectáculo. Iván Fandiño, depositario en otros momentos de la ilusión de la afición, pero que al final ha dejado claro que lo que quería no era alcanzar la cumbre de la Fiesta y tirar de esta para devolverle su dignidad, solo buscaba el acomodo de otros y poder ir por ahí acumulando contratos. Y por último Alejandro Talavante, el mismo que con tres naturales nos hacía saltar en los tendidos, que se dejó llevar para residir en esa comodidad, que parece haberse replanteado muchas cosas, pero que de momento está ahí en un entre dos aguas, mientras el aficionado no para de querer ver signos de ese cambio de dirección que parecía estar decidido a dar. Con esto y todo lo vivido durante esta feria y las ferias inmediatamente precedentes, resulta que no solo abdican los reyes, también lo hacen los aficionados a los toros, de los que cada vez quedan menos en los tendidos porque “maravillas” como esta les han ido arrinconando poco a poco, les han ido empujando a empellones hacia la salida y ya fuera por la puerta, la ventana o por un agujero en la pared, les han expulsado de su pasión. Y a los que quedamos nos quieren echar a base de insultos, presiones, malos modos y sobretodo por hurtarnos un espectáculo que un día fue grande.  Trujillo, el nombre de un torero Como todos los días después de la corrida he cumplido con el compromiso que un día cerré con quien siempre me ha dado la libertad como contrato y su apoyo como rúbrica, incluso en momentos complicados. Hoy me he quedado con un par de banderillas, qué curioso, tarde de figuras y lo más emocionante ha sido lo que ha hecho un banderillero, Juan José Trujillo. Lo que se agradece ver que quedan toreros que llevan los alamares con afición. Al último mulo de la tarde, que estaba dando problemas en el segundo tercio, le ha concedido las ventajas que pedía. Muy parado, sin una arrancada franca y con el peligro de pegar un arreón que lo complicara todo mucho más, el torero ha tomado los palos y se ha ido sobre el pitón izquierdo. Ya podía llamar la atención del animal, dejarse ver y citar con descaro, que el de Alcurrucén seguía esperando. Pero sin dudarlo se ha metido en sus terrenos sin duda ninguna, ha clavado en la cara y hasta ha tenido que soportar que se le echara encima, sin humillar lo más mínimo, poniéndole el pitón casi en la mejilla. Será por momentos y toreros como este por lo que aún no han abdicado los aficionados que de momento aguantan en la plaza.
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