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03/03/2014
  (Ambato-Ecuador) La otra Crónica: Primer Día
 
Firma: María Zaldumbide
 
     
 

Con algo más de media entrada y con un cartel conformado por el joven rejoneador Sebastián Peñaherrera y los matadores españoles: Javier Castaño, David Mora y el Ecuatoriano Martín Campuzano.

Sebastián Peñaherrera lidió el primero de la tarde, único de la ganadería de “Mirafuente”, un negro complicado desde los inicios, poco apto para el toreo a caballo al que puso un solo rejón de castigo.

Tras fallar con el primer par, fue logrando más aciertos con los siguientes pero, quizá se excedió en al menos un par de banderillas para llegar luego a poner cortas, todo esto a un animal que embestía en oleadas, más arreaba que embestía lo que complicó mucho la labor del rejoneador.

Puso hasta dos rosetas tras fallar con la primera y  terminó con un rejón de muerte delantero y ligeramente desprendido que no bastó por lo que necesitó de tres golpes de descabello para pasaportarlo.

Las complicaciones del toro y el exceso de afán de triunfo lo llevaron a prolongar la faena más de la cuenta produjeron que, hacia el final de su labor el público se hubiese desentendido de lo que ocurría en el ruedo.

El primero del lote de Javier Castaño, como el resto de la corrida; pertenecieron a “Vistahermosa” y lamentablemente, en mayor o menor medida; todos mostraron cierta dosis de mansedumbre.

Lo incierto de la embestida no permitió ver una faena lucida con el capote.  El toro fue bravo en varas.

En las banderillas brilló con luz propia David Adalid, permitiendo ver el porqué de su fama como banderillero estrella de la cuadrilla de Castaño.  Fue alentador y enorgullecedor ver que “El Patatas” cumplió con su par, sin desentonar para nada con Adalid.

Javier comenzó su faena de rodillas al hilo de tablas y logró hasta 6 muletazos con la mano derecha que, más adivinamos que vimos por un paraguas que, cubría una buena parte de nuestra zona visual.

Castaño entendió bien a su toro, basó su faena en tandas cortas de máximo tres muletazos porque, el toro no tragaba la cuarta.  El toro fue complicado, calamocheó, midió, probó y fue la sapiencia de Javier Castaño la que logró hacer faena.

Tras inventarse un pase circular, cuando el toro perdía gas y calidad a ojos vistas, cerró con 3 manoletinas y entró a matar.  Dio la impresión de haberse apresurado y pinchó, luego logró un segundo pinchazo algo más hondo y terminó por lograr una estocada profunda, trasera y desprendida que causó derrame.

Tibia petición de oreja.

El segundo del lote de Castaño fue el garbanzo negro de la corrida un manso de solemnidad, un animal que al llegar al tercio de muleta, llegó ya sin gas, apenas si logró dar un par de tandas de cierta importancia, en medio de un pertinaz aguacero.

Y comenzó el vía crucis; el toro, rajándose y Javier intentando lograr algo.  Mostró pundonor, afán de triunfo pero; no puede haber faena cuando no hay enemigo en frente y quizá lo mejor de esta faena fue la estocada con la que lo pasaportó.

David Mora estuvo voluntarioso, llegó al público con pasmosa facilidad.  A él se debió el toreo de capote más lucido de la tarde.

El primero de su lote fue negro y se mostró bravo en varas.  Lo probó por gaoneras y en banderillas sobresalió el nacional Juan José San Martín.

Inició la faena con estuarios, con la quijada hundida en el pecho, plantado como una vela en el tercio y logró hasta tres de postal de toros, terminó con un pase del desprecio que llegó al público.

Gradualmente bajó la mano, exigió al toro, lo templo, lo mandó haciendo una faena profunda, de gran valor; basada básicamente en la mano derecha porque, el toro por el pitón izquierdo no tenía una tanda completa.

A pesar de una creciente petición de indulto, (a todas luces improcedente) logra una buena estocada y ante la petición del público la autoridad, apresuradamente, en nuestro concepto; dio las dos orejas y premió al toro con vuelta al ruedo que, nos pareció un precio excesivo si, recordamos que fue toro de un solo pitón.

El segundo de David fue un toro que se comportó exactamente igual a los dos toros que le precedieron, permitiendo el toreo de capote, llegando bien al caballo pero; llegando a la muleta sin gas, sin casta, sin codicia de ningún tipo.

Mora aceptó los terrenos de querencia que impuso el toro y logró estructurar una faena importante, lo que no evitó más de una rajada de manso completo.

Todo lo hizo David Mora, puso toda la carne en el asador y con técnica ocultó las varias falencias que ofreció el toro en todo el último tercio.

Cuando fue por la espada de matar, el público comenzó, absurdamente; a pedir que lo indultara, él miró a la Autoridad quién le ordenó entrar a matar, el público continuó insistiendo y Mora no logró ejecutar una estocada de ley porque, el griterío era ensordecedor y el animal, reculaba, se refugió en tablas y complicó la labor del torero.

Martín Campuzano lidió dos toros más bien descastados, siendo el primero de su lote el de menor calidad.

Inició doblándose con el toro que había recibido poco castigo porque, era evidente su falta de fuerza desde el principio.

Logró dos buenas tandas y la tercera ya fue una lucha por mantener al toro pegado a la muleta, en la cuarta; se rajó y Martín necesitó usar sus piernas para perseguir al astado y lograr arrancar algún muletazo.

El burel se acunó en tablas y ahí Campuzano colocó un pinchazo hondo, casi media estocada que bastó para dar fin con el primero de su lote.

Fue premiado con una oreja.
 
El séptimo toro de la tarde fue algo más toreable, estructuró bien la faena, templándolo, en tandas cortas, algunas de las cuales tuvieron su mérito.

Lastimosamente, para ese momento ya el público estaba helado y la gran mayoría, mojados hasta la médula por lo que, se desconectó de la faena, afectando así la voluntad evidente que mostró Martín, de agradar y triunfar.

La petición de oreja fue aceptada por la Autoridad, por lo que la tarde se saldó con dos orejas para David Mora y dos para Martín Campuzano.  Castaño y Peñaherrera se fueron en blanco, desgraciadamente.

 
     
   
     
   
     

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