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Con media entrada se han lidiado toros, de Juan Pedro Domecq, Parladé, Zalduendo, Valdefresno, Puerto de San Lorenzo y Los Bayones, de variado juego. Rivera Ordóñez 'Paquirri', silencio y oreja Sebastián Castella, silencio y oreja Miguel Ángel Perera, ovación y ovación tras aviso.  Foto archivo Todo parecía indicar que la idea de lidiar tres toros en Domecq y otros tres en Atanasio obedecía, más que nada, a una limpieza de corrales de la empresa gestora del coso. Los toros que se lidiaron de Domecq pertenecieron, por orden de lidia a Juan Pedro Domecq, manejable, genadote y destartalado; a Parladé terciado y de poco movilidad; a Zalduendo, terciado, falto de fuerzas y con el recorrido justo. En el lote de Atanasio se lidiaron toros de Valdefresno, bien presentado, noble y con juego; Puerto de San Lorenzo, de buena presencia y con fondo; Los Bayones, áspero y protestón, feo como él solo.
Rivera Ordóñez había acudido a Vitoria a sustituir a Ponce. La empresa se ahorraba un buen dinero con la sustitución. Ahora que el madrileño pone banderillas se convierte en más bullidor que nunca y para más INRI se deja querer y suplica ovaciones. Pero gusta a las marujas, a las jovencitas y a algún que otro despistado. Anduvo bien con sus dos toros fallando a espadas en el primero. En el siguiente cortó una oreja en una faena de apertura bonita y eficaz que pasó después a ser desordenada en terrenos, en estructura y en decisiones. Faena para la galería y, tal y como están las cosas por el ruedo gazteiztarra, premiada justamente. Castella no tuvo opciones con el de Parladé. Con el del Puerto anduvo inteligente, manteniendo la faena en el tercio para empapar en la muleta y enseñar al animal. Una vez conseguido el objetivo sacó al toro a los medios para dar comienzo al toreo moderno del tres en uno y todo eso. También tocó pelo. Perera aburrió con el primero, flojote. Sacó de primeras lo que el toro llevaba dentro, que era poco. En las series dejaba que el toro tomara la muleta a la altura del estaquillador para no obligarle demasiado, por un lado y para no tener que vaciar arriba, desluciendo. Pero sacadas tres tandas, la faena estaba hecha. Él no lo entendió así y se puso muy pesado en un arrimón fuera de cacho. Con el que cerraba plaza tragó quina. Incluso fue volteado. Escuchó una ovación en este toro, más que nada por lo enrabietado que salió del enganchón. |
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