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Con lleno se han lidiado tres toros de Victoriano del Río y tres (1º, 4º y 5º) de Toros de Cortés, de muy desigual presencia y juego, algunos incluso chicos para esta plaza. El Fundi, oreja y ovación El Juli, silencio y oreja tras aviso Sebastián Castella, ovación y silencio tras aviso.  El Juli pasea la oreja del 5º Llegan las figuras y baja el toro, también el de Pamplona. La corrida de Victoriano del Río, sortea algún buen toro, pero no llega a emocionar. Tampoco lo hace la terna en una tarde decepcionante.
La octava de la Feria del Toro de 2012 fue un ejemplo, una muestra más, del toreo moderno. Y por toreo moderno me quiero referir, no sólo al conjunto de la técnica y las suertes, sino también a como está montada hoy en día la fiesta de los toros. Pamplona presume de anteponer el toro, la materia prima de este espectáculo, al torero. Primero el toro y luego lo demás, estamos acostumbrados a escuchar. Y esto es cierto, pero no siempre. Cuando llegan las figuras, también baja el toro de Pamplona como lo hace, clamorosamente, en otras muchas plazas (la mayoría) de nuestra geografía. ¿Fue El Juli el culpable?, ¿fue Castella?, no lo sé, pero el caso es que la corrida de Victoriano del Río y Toros de Cortés no fue un ejemplo de encierro digno e impecable para esta plaza. El juego también fue un ejemplo de la tauromaquia actual: un animal siempre noble, a veces hasta la extenuación, que más o menos, sirve y propicia el triunfo de sus matadores. Eso sí, la emoción, el riesgo, la transmisión que debe tener siempre un toro bravo es más que discutible y, a veces, simplemente, no existe. ¿Dónde está ese toro que emociona y mantiene el interés desde que sale de chiqueros, que no regala ni una embestida, que lucha hasta el final y que hace pasar un trago a los toreros? Por último, la última muestra de la tauromaquia actual que también se pudo sentir en la octava de los sanfermines fue el concepto del toreo de algunas figuras que anteponen la mano baja, la largura o la ligazón, antes que la pureza, el estar cruzado y el cargar la suerte. Ese concepto puro, el auténtico y que demostraron las grandes figuras de otro tiempo, definitivamente está en vías de extinción. Ah, no se me puede olvidar (como otro ingrediente fundamental de la tauromaquia que disfrutamos y sufrimos hoy en día) el aburrimiento, como no. EL JULI, COMO EN CASA Sin duda, uno de los grandes “reyes” e ídolos de la afición pamplonesa es Julián López “El Juli” y esta tarde ese cariño y admiración mutua se volvió a sentir. El madrileño volvía a uno de sus feudos y pudo firmar una buena faena, dentro de su estilo y concepto, al quinto de la tarde. El de Victoriano, astifino y ofensivo aunque justito también de trapío, llegó a la muleta con un cierto galope que hizo concebir esperanzas, aunque muy pronto ese tranco se tornó en aplomo. Al astado no se le pegó nada en el caballo. Y cuando digo nada, es nada. De nuevo, otra tarde más en la Monumental de Pamplona, se volvió a simular durante todo el festejo el que antaño fuera uno de los tercios fundamentales de la lidia: el de varas. Casi ni tocó la puya al astado en el segundo encuentro. Muy flojo este quinto que después de repetir con calidad las dos primeras series se vino muy abajo y terminó parado y con media lengua fuera. El Juli anduvo a buen nivel, pero siempre dentro de una tauromaquia muy determinada y que a muchos no nos convence: poderoso y largo sí, pero casi siempre descargando la suerte. Bajó mucho la mano y consiguió muletazos notables pero a los que les faltó mayor encaje de riñones y profundidad. Después se pegó un arrimón y se metió entre los pitones, pero claro, al animalito ya no le quedaba ni un suspiro. Más mérito tendrá arrimarse a toros que aun tienen vida, alma, casta, poder…digo yo. Oreja fue el premio después de un pinchazo y una estocada muy baja y de pésima ejecución. La suerte suprema se llama así por algo, que no se nos olvide a la hora de pedir los trofeos. En su primero, el tercero, un castaño muy grandón y absolutamente descastado, poco pudo hacer Julián. Decidió abreviar ante el constante gazapeo del animal y su consiguiente incomodidad. El Juli volvió a su feudo de Pamplona EL FUNDI SE DESPIDE José Pedro Prados “El Fundi” se despidió de Pamplona y de San Fermín al entrar, a última hora, en la feria en sustitución del lesionado Juan Mora. Muy cariñoso se mostró el público durante toda la tarde con el maestro de Fuenlabrada que, pese a tener el mejor lote, no terminó de estar a la altura. Falló en toda su actuación el ajuste entre toro y torero, Fundi anduvo siempre muy despegado. Tampoco fue su tarde más templada y de todo destacaron un par de cambios de mano al que abrió plaza que tuvieron belleza. Ese primero, de nombre “Cóndor”, fue un buen ejemplar de Toros de Cortés, segundo hierro de la casa, que, aunque tuvo la casta y emoción justas, sí que tuvo mucha duración, clase, humillación y recorrido. Tras un bajonazo, cortó una oreja. El cuarto fue una raspa impresentable que también se movió y que le propinó una fea voltereta cuando entraba a matar (esta vez, sí, por derecho y sin salirse de la suerte). Ovación con saludos desde el tercio en el toro de su adiós en Pamplona. El Fundi se despidió de San Fermín CASTELLA, DE VACÍO El único que no pudo conseguir ningún trofeo fue el francés Sebastián Castella que pechó con un lote de poco brillo. El tercero fue muy chico y nunca debió lidiarse en Pamplona. Tampoco se le pegó en el caballo y, como alguno de sus hermanos, llegó al último tercio con una ilusionante transmisión que se apagó muy pronto. Le faltó casta y también clase a un animal que embistió a arreones. Castella anduvo dispuesto y valiente, pero poco dijo su trasteo. A veces se mostró demasiado automático y tan sólo ejecutó algunos buenos muletazos. Tras una estocada se le pidió una oreja que, acertadamente, no se concedió. El sexto, más serio por delante que por detrás, se movió pero sin clase y a la faena del francés le faltó limpieza y calidad. Además, se le atascó a Sebastián la espada y pinchó en reiteradas ocasiones. Castella no consigue brillar |
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