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Un grupo de aficionados sorianos, sobre 25 personas, pertenecientes a la Peña Taurina Soriana y a la propia del matador Rubén Sanz, en viaje organizado por ésta, acudimos en la mañana de ayer sábado, día 12 de mayo de 2012, a las instalaciones ganaderas que los Hermanos González García (Ángel, Pablo y Tomás) tienen en el término municipal madrileño de Villamantilla, donde se crían astados del hierro denominado “Monte La Ermita”, comprado a D. Manuel Martínez Flamarique que anunciaba como “La Ermita”. Junto al hierro, allá por 1999 los nuevos ganaderos adquirieron un lote de 70 vacas de vientre de Sepúlveda, más añojos, añojas y el semental “Cubo”, todo procedencia de dicha vacada. Además de este semental, adquirieron varios entre los que destacaron “Bilbalero” y “Argelito”.
 Rubén Sanz al natural Con el tiempo fueron tentando y seleccionando hasta conseguir más bravura, fijeza y recorrido. Más tarde deciden adquirir un lote de cuarenta y siete vacas del Torreón además de los sementales “Señorito”, “Barbalarga” y “Andasolo”, los cuales fueron prestados por el matador de toros y actual ganadero César Rincón.
 Foto del grupo con Rubén Ambas procedencias se mantuvieron por separado, es decir sin cruce alguno, cuidando el encaste puro. Posteriormente se refrescó la ganadería con reses de Jandilla con el fin de aumentar la movilidad y el fondo de los bovinos durante la lidia. El ganadero Borja Domecq les cedió varios sementales de nombres “Afilado”, “Pantalán”, “León”, “Lavandero” y “Protestón”.
 Rubén Sanz relajado Nos atendió D. Pablo González García, hombre afable y exquisito anfitrión (apoderado a la vez de ganadero del diestro Víctor Barrio), que nos enseñó los cercados donde pastan tanto hembras con sus rastras, así como becerras, añojos, erales y utreros y sementales varios... En fin, que echamos una mañana campera de lo más deliciosa, cuyo motivo principal fue presenciar la lidia y muerte de un utrero de romana, al que solo le faltaba un mes para cuatreño, último reducto que en esta ganadería quedaba de los de sangre “atanasia”, a cargo del matador de toros soriano Rubén Sanz (que se integró en la propia expedición), y que le regaló su peña taurina.
 Rubén vertical y relajado El animal cumplió, sirviéndole al matador para afianzarse en sus virtudes, tras estar poco toreado, e ir midiéndose en sus evoluciones para, dentro de las escasas oportunidades que le dan las empresas, por no decir nulas, conseguir limar defectos. Cuestión que solo se consigue así, toreando todo lo que sea le ponga por delante ya que los recursos son extralimitados. Si las oportunidades fueran del calibre de su afición y sacrificio, Rubén estaría hoy más toreado que toda la historia de la cabaña brava mundial. Creo firmemente que Rubén, para terminar de salir de toda duda, necesita que alguien con posibilidades confíe en él, que él se quiera un poco más y se venda mejor, otorgándose ambas partes un margen razonable de festejos, ya que solo la continuidad de ellos dirán y sacaran a la luz las posibilidades reales de este torero que, a pesar de ser natural de tierra árida, fría y castellana, atesora aromas del sur y lleva a sus espaldas una vida de entrega total por y para su pasión, en solitario, que merece el premio de su particular gloria. Me gustaría no haber predicado en el desierto, pero… |
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