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Este grito del título fue lo más escuchado en una tarde de seis silencios. Primera del abono de San Isidro y primera tarde de sopor y aburrimiento. Entre el calor de verano que ha llegado de repente y el saludo mutuo entre los abonados “sufridores” del 7 comenzó el largo serial con más pena que gloria (sólo Miguel Martín con los palos fue ovacionado).
Pena porque la corrida de los Lozano tuvo magnífica presentación, pero su escasa casta y su mansedumbre generalizada dió al traste con lo que nos prometíamos por la mañana al ver las buenas hechuras del encierro. Y menos mal que fueron tan nobles, tan nobles, que parecían tontos. No sosos, sino tontos. Perrillos amaestrados distraídos. En fin unas joyas. Y eso que salvo el cuarto, los demás eran cinqueños. A esto ha llegado la cabaña brava.
Se pudo visionar los huecos que han dejado los que huyeron del abono. Pasotismo Pero aún más penoso fue ver a los toreros totalmente fuera de sitio y sin ambición, con unas lidias desastrosas y unos tercios de varas de horror (varios toros fueron picados en la puerta de cuadrillas por no haber sido parados de salida y algunos se fueron de un picador a otro, como si se tratase del juego de la oca), culpables en gran medida de cómo los toros fueron a menos y se fueron aburriendo, escapando y haciendo correr tras ellos a los toreros, es decir al revés de lo que debe ser la verdadera lidia. Por su comportamiento de esta tarde, tanto Abellán como Leandro o Nazaré parecía que todos ellos tenían ya varios cortijos y sabrosas cuentas corrientes. Tal fue su pasotismo.
Supongo que los taurinos y juntaletras pesebreros echarán la culpa a los toros, pero los del 7 nos íbamos diciendo que de salida ni eran tan malos ni tampoco lo parecían. Y nos quedará siempre la duda de cómo se hubiesen comportado si se les hubiese aplicado la lidia adecuada. |
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