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Se celebró el quinto festejo de la temporada bogotana con una entrada flojita, entre media plaza y tres cuartos, con claros en sol y eso ya dice mucho, definitivamente muchos espectadores bogotanos acuden a la plaza solo al llamado de las figuras y no al atractivo que suponía el regreso de los toros de Mondoñedo a la plaza bogotana. Se lidiaron seis toros de Mondoñedo, uno se devolvió por deshacerse un pitón contra las tablas, una corrida de muchos matices que mantuvo el interés de lo que sucedía en el ruedo, el rictus de los subalternos hoy era distinto y no hubo ese susurrito común del banderillero al picador de “pégale poquito, cuídalo” no, hoy no. La corrida se dividió en dos, tres primeros toros muy justos de presentación, el tercero demasiado escobillao, sosos de salida, que aguantaron apenas tres tandas, mansearon, pidieron tablas, se agarraron al piso, solo bravuconearon en el caballo y la segunda con tres toros muy bien presentados que empujaron en el caballo, el cuarto magnífico, empujó con codicia en el caballo, prendía galope que era un gusto, con un recorrido extraordinario pero con el defecto de una embestida no del todo clara, el quinto, un cinqueño impresionante también empujó bien en el caballo y tenía cosas que su matador no le quiso sacar, el sexto fue el que mejor fue al caballo, empujando con gran potencia, repetía pero era pegajoso, se quedaba debajo de los tobillos y Tejela no está capacitado para hacer frente a un toro de estos. Al cuarto se le dio la vuelta al ruedo. Sebastián Vargas a pesar de no aprovechar del todo el gran toro cuarto, fue el único que cumplió con dignidad, había que poderle al toro por bajo y tocarlo permanentemente para que el toro estuviera imantado en la muleta, pero solo lo descubrió en la sexta o séptima tanda, al natural lo desplazó muy hacia fuera, también faltó templarlo del todo y había que finalizar la faena por bajo y no con esas manoletinas que hicieron al toro mas fuerte, pero al menos estuvo ahí, intentándolo, mató volcándose al morrillo y se llevó una oreja que le servirá para repetir en la próxima temporada. En su primero el toro dejó su fondo en el ruedo a la tercera tanda y se rajo, lo entendió bien por el derecho en donde le quitó la violencia inicial de las embestidas pero por el izquierdo se alivió demasiado. En sus dos toros banderilleó de lo más normal. Uceda Leal por la posición que ocupa en el escalafón no puede darse el lujo de hacer lo que hizo hoy en Bogotá, descaradamente intento mostrar que el cinqueño que salió en quinto lugar no servia cuando lo que había era que rebozarse con él y pasarlo por bajo, en tres naturales en el tercio lo hizo y el toro fue, el se dio cuenta pero su acto teatral llevaba ya otra forma, el público lo descubrió como quien mira tras bambalinas y se da cuenta que todo es una farsa y se lo recriminó fuerte pero con total justicia. Había que meterse con el toro y Uceda le hizo asco desde el inicio. Es un torero fino que cuando se conecta y apaga el refrigerador que hay en su pecho nos permite ver calidad en sus trazos, hoy solo pinceladas en su primero, dos verónicas, y un natural, muy poquito para a quien el tren está dejando sin remedio y sin aprovechar las cualidades que tiene, quedando apeado como un torero solo normal. Matías Tejela no está para estos trotes, su toreíto no resiste un toro encastado, utiliza tantas ventajas que es imposible cualquier lucimiento, el creyó que lo hubo en el tercero pero dio tal concierto de pico que entre él y el toro cabían dos toros más y lo peor es que cree que en la plaza no se dan cuenta. En el sexto ya la cosa fue tan descarada que el toro hizo por el dos veces cuando el hueco entre el y el de Mondoñedo fue inmenso. No pintaba nada en esta corrida y así lo demostró. La corrida, habló de los toros, tuvo también una cosa que es primordial, que luego es una delicia salir a hablar de ella. |
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