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Pablo Bermúdez  
  entrevista de Pla Ventura [ 23/11/2016 ]  
PABLO BERMÚDEZ: Toreo sin otra pretensión que sentir el placer de torear"

No es sencillo encontrar aficionados de la talla de Pablo Bermúdez, un notario de Madrid que, a diario, cuando empuña la muleta es capaz de dar fe de la grandeza del toreo, todo un ejemplo, un caso vocacional capaz de estremecer a propios y extraños. Bermúdez, como se comprobará, es un enamorado del toreo, un aficionado cabal que, para su dicha, hasta ejerce como “torero” en innumerables tentaderos a los que se le invita, dada su calidad como ser humano y, cómo no decirlo, por su rango torero que, asistido por el maestro Antonio Sánchez Puerto, muleta en mano disfruta a plenitud.

Tras conversar con Pablo Bermúdez uno tiene la sensación de haber encontrado un señor con toda la extensión de la palabra, un hombre culto donde los haya que sabe pontificar los valores del toreo, admirar la grandeza de dicha profesión en la que, como confiesa, se ha encontrado con personas de inusitada grandeza, sencillamente, las que anidan en el mundo de los toros.

Bermúdez es un enamorado del toreo, pero lo es todavía con mayor énfasis de la propia vida, la que valora como nadie; un hombre que, como arraigo, confiesa las reminiscencias que le inculcó su señor padre; un aficionado de lujo que sabe de toros y, lo que es mejor, de personas.


Pablo Bermúdez junto a su amigo Enrique Martínez Chapurra

Pablo Bermúdez, en el texto que mostramos, nos muestra una panorámica de la vida con toda su extensión; no solo los toros, su amor por dicha profesión, su respeto desmesurado hacia los hombres que se juegan la vida; más bien, Bermúdez, se retrata a su mismo y, sin pretenderlo, retrata a la sociedad en que vivimos. He aquí sus palabras, su filosofía intrínseca de la que tomamos lección.

Señor Bermúdez, ¿de dónde la viene a usted la afición por los toros?

De mi padre. Somos de Guarromán (Jaén) donde hay muchas ganaderías de bravo y una gran afición. Era un gran aficionado y muy querido en el ambiente taurino de la provincia; recuerdo los muchísimos tentaderos a que me llevaba, y también a la plaza. Pienso que la mejor herencia que me dejó mi padre fue la afición a los toros.

Lo que me ha contado está muy bien pero, eso de ser aficionado práctico, eso tiene mucha importancia. ¿Quería usted ser torero y acabó siendo notario? ¿Cómo es la cuestión?

En esos tentaderos a que me llevaba mi padre alguna vez cogía la muleta; las sensaciones eran maravillosas, pero mis padres me encauzaron al estudio. Disfruté, y disfruto, mucho como aficionado, pero hace unos años decidí que quería torear, sin otra pretensión que sentir el puro placer de torear, y con una premisa innegociable: el respeto a los profesionales del toreo; lo mío es un divertimento, con el riesgo minimizado y sin responsabilidad. Lo heroico, lo admirable, es todo el que se pone delante del toro.


Bermúdez muy atento a la lidia

Al parecer, según me han contado, no hay tienta o fiesta taurina en la que no empuñe usted la muleta para deleite de los aficionados presentes. ¿Con quién se inspira usted o tiene como espejo para escenificar el toreo?

Toreo mucho en el campo; es muy adictivo y cuando se va cogiendo cierto oficio se empiezan a sentir sensaciones que no encuentro en ninguna otra actividad. Mis espejos son mis amigos.

Cronológicamente he de citar a Óscar Castellanos, gran torero este año en la cuadrilla de Curro Díaz; en su finca “Las Cuadrillas” toreé los primeros animales, y nunca le agradeceré lo suficiente su paciencia y su amistad, sé que es un banderillero de ferias y disfrutaré como nadie verlo en figura. También al matador de toros Enrique Martínez “Chapurra”, con quien tengo una relación que trasciende la amistad; es la persona más bondadosa y buena que he conocido en mi vida; creo que el toreo le debe un sitio que aún no ha saboreado y creo que es de justicia que confirmara su alternativa en Madrid. No me olvido del gran maestro Juan Martín Recio, de cuya amistad disfruto desde que vivo en Madrid. Y, por supuesto, del torero de toreros Antonio Sánchez Puerto, de quien no dejo de aprender y compañía; es un lujo que me acompañe algunas veces al campo y siento hasta vergüenza. 

Comprendo que haya sido Antonio Sánchez Puerto el que le “envenenara” a usted puesto que, el diestro de Cabezarrubias del Puerto, pese a estar inactivo, está más activo que la mayoría de los toreros actuales. Según usted, ¿qué tiene Sánchez Puerto que no tengan los demás toreros?

Clase, mucha clase toreando. El toreo comete el tremendo error de prescindir de figuras como el maestro Sánchez Puerto, que en otras disciplinas ejercerían su  magisterio toda su vida. Además, es dueño de un andar por la plaza, de una torería e incluso de una técnica que ya no se ven. Ya digo, debería ser especie protegida. Todo se ha uniformizado tanto que ver torear bien a un señor sorprende; la técnica se domina desde sin caballos, pero resulto todo algo insípido. Toda la historia filmada del toreo está en la red y ve uno torear a los mexicanos de hace unas décadas y es fantástico; hoy es imposible distinguir un torero español de un mejicano. Todo se hace bien pero nada fascina, y eso es la fuerza del toreo, su fascinación; así que mucho cuidado.


Pablo torea así de bello al natural

El toreo, señor Bermúdez, es una manifestación cultural alabada desde hace ya varios siglos y, ahora, como usted sabe, unos desaprensivos aberrantes la quieren aniquilar por completo como sucedió en Barcelona. ¿Qué les diría usted a los anti taurinos y, especialmente, a esa gentuza de Podemos que todo lo quieren arreglar con prohibiciones?

Les diría que se tranquilicen y que ya está bien. Les invitaría a conocer a la gente del toro; yo veo a personajes de una calidad humana tremenda. Gente sensible, pacífica, conciliadora, brillante. Argumentan que el toreo es algo duro y terrible. Pues yo le diría que llevan razón, que el toreo, como la vida, es duro y terrible, pero que por eso es tan auténtico; pareciera que todo debe ser suave y light para ser bueno, y es lo contario. 

Es usted un hombre muy centrado en la vida, su profesión así le delata pero, ¿qué está pasando en la sociedad actual en la que se han perdido los valores más esenciales del ser humano, todos aquellos que le daban sentido al hombre como tal?

Impera una religión que se llama ecologismo y que entiende que la  naturaleza no está al servicio del hombre. Yo creo que la naturaleza está para nuestro disfrute, respetándola, claro, pero para nuestro disfrute. Pero cómo se puede humanizar al animal y hacerle sujeto de derechos! Es de una cursilería insoportable. No conozco ningún ámbito donde se respete más al animal que en el toreo, es más se le rinde pleitesía, pero no sabemos explicarlo, o lo que es peor, nos falta valor para hacerlo.


Pablo Bermúdez siente la adrenalina del toreo

Por lo que estamos deduciendo en el mundo de la política, cientos de casos tenemos, ¿cree usted que todo aquel que no sirve para nada se adentra en la política? Y esto me hace acordar ahora cuando la mamá de cierto presidente de Argentina le dijo a Facundo Cabral cuando éste le preguntó por su hijo: “De haber sabido que mi hijo iba a llegar dónde llegó es decir, a ser presidente de Argentina, de pequeño le hubiera llevado a la escuela.”.

No dudo de la valía de mucha gente del mundo de la política y de la administración pública, pero creo que falta la idea de servicio público. El político se sitúa, se autositúa,  en un plano superior, y debe ser lo contrario, servir a la causa pública, esa es la verdadera grandeza. Creo que aún falta algunas generaciones para que prenda esa idea; hasta entonces a alimentar vanidades.

Solo sirve el dinero, las cosas materiales, las estafas, la delincuencia de guante blanco, los abusos de todo tipo, incluso en las televisiones, los programas basura son los que triunfan. Siendo así, amigo, ¿qué sociedad cree usted que hemos forjado?

Una sociedad que sobrevalora el éxito y la eficacia, expulsando todo lo demás. Y resulta que eso no conduce a la satisfacción personal; de ahí  la gran frustración. Caducaron valores que sí hacen al hombre feliz; por cierto, creo que el toreo es una reserva de esos verdaderos valores.

Decía Juan Belmonte que el toreo era el reflejo de la propia vida. ¿Cree usted que dicho axioma podría valer en la actualidad?

El toreo cataliza todas las grandes vivencias humanas, y las expresa con una intensidad extraordinaria. Pero, insisto, falta talento o valor para expresarlo, para comunicarlo.

Usted que está acostumbrado a dar fe de todo aquello que le muestran y que usted entiende como verdad. ¿Sería usted capaz de dar fe de que España vive en un profundo caos o desequilibrio en todos los órdenes?

Parece evidente que se está iniciando una nueva etapa, pero lo inquietante es que no sabemos a dónde conduce, ni qué se pretende. La verdad es un concepto ya diluido por un relativismo que da cabida a todo, o a todo lo que ese relativismo decide. Inquietante, ya digo.


Armonía en su toreo

Y se lo pregunto porque, amigo, tenemos ejemplos macabros que nos afirman lo injusta que es la sociedad en que vivimos, en este caso, la propia justicia que, por momentos, pueden encarcelar a una persona por haber robado una barra de pan y, un asesinato o un crimen cualquiera, ante la sociedad en que vivimos, se salda con muy poquitos años de cárcel?

Nuestro sistema es muy garantista, y eso se disfruta y a veces se padece; afortunadamente creo que el rechazo social hacia actitudes repugnantes es cada vez mayor; la justicia viene a continuación de eso.

Decía Facundo Cabral que la sociedad actual está tan mal por las fechorías de los malos como por el silencio cómplice de los buenos. ¿Qué actitud, al respecto, cree usted que debemos tomar los que nos consideramos buenos?

Pues estoy de acuerdo. Antes decía que al mundo del toro le falta, nos falta, valor para reivindicarnos, para expresarnos, para hacernos respetar. Deberíamos de tener más seguridad en lo nuestro y hasta un punto de arrogancia frente a quienes impunemente envilecen al toreo. Y si hay que pasarse de algo que sea de rotundidad y no de suavidad. Que un tipejo escondido detrás de unas gafas le llame en un plató de televisión asesino a una máxima figura del toreo es inaceptable, y no ha pasado nada; así no.

La fiesta de los toros está pasando por uno de sus peores momentos; apenas ningún torero tiene tirón cuando, como sabemos, porque la historia así nos lo contó, años atrás, la gente era capaz de vender hasta el colchón por sacarse una entrada para los toros. ¿Qué cree usted que ha pasado para que hayamos pasado de un extremo al otro; es decir, de vender lo que hiciera falta para ir a los toros a pasar olímpicamente de dicha fiesta?

Es muy difícil sobrevivir al margen de los medios de comunicación; ahí se ha fallado. Y, como decía antes, la divinización del la ecología, del deporte, del no riesgo, de lo aséptico. Lo que me tranquiliza es saber que  el toreo tiene una autenticidad que lo hará siempre vigente, pero no podemos refugiarnos en eso y olvidar que cualquier disciplina debe saber adaptarse al momento concreto.

¿Sera acaso que falta un revolucionario como José Tomás, o que el propio Tomás se reinventara sobre sí mismo?

El gran José Tomás, el gran torero José Tomás, no me gusta sin embargo como personaje. Se sabe un genio pero entiende que la genialidad es ser escurridizo y arisco; no es acaso Rafa Nadal un genio, y sin embargo no hay personaje más accesible y encantador. La revolución en el toreo es convencerse y convencer que tiene hueco en el siglo XXI, y que no tiene que pedir ese sitio por favor, ni disculpándose.

De profesión, notario; y de vocación torero, es su caso. Con la mano en el pecho, ¿qué le llena más, empuñar una Parker para dar su rúbrica o coger la muleta y darle rienda suelta a su corazón?

Disfruto mucho mi profesión, pero las sensaciones delante de un animal, aunque sea pequeño, son ciertamente distintas  a cualesquiera otras. Me gustaría saber qué ocurriría se llegaran a paladear esas sensaciones personas con capacidad influyente.

Añada usted lo que su corazón le indique. Esta es su casa; nosotros, sus amigos.

Dar las gracias al medio por esta entrevista, y a usted, señor Pla Ventura, por su amabilidad mediterránea y por su gran labor en el periodismo taurino.

Un fuerte abrazo.

Fotos cedidas por el entrevistado.

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