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Dr. Crespo Rubio  
  entrevista de Pablo San Nicasio [ 04/08/2016 ]  
CIRUJANO ENRIQUE CRESPO RUBIO: El problema que van a tener a corto-medio plazo los toreros va a ser muy serio: no va a haber suficientes médicos especializados en heridas por asta de toro
Los profesionales del toro y los aficionados le conocen bien. A él y a su dinastía quirúrgica, la cuarta generación, es Enrique Crespo Rubio. Uno de los más prestigiosos y solicitados en el cada vez más escueto y avejentado escalafón de cirujanos taurinos.

Había muchas ganas de entrevistarle, por sus lazos con el pueblo del que escribe, Ciudad Rodrigo, y por su actualidad, cada vez más constante en los medios.

Quedamos dos veces con él, en su consulta del Hospital Ruber Juan Bravo de Madrid. Entre llamadas e interrupciones de enfermeras y pacientes, desarrollamos nuestro primer encuentro.


El Dr. Enrique Crespo Rubio nos relata todo lo que afecta a la cirugía taurina

-Acabas de regresar de un congreso del gremio

Del Congreso Internacional y Nacional de Cirugía Taurina, en Úbeda, organizado por Rafael Fuentes Martos, el cirujano de Jaén. Los congresos nacionales se celebran anualmente, mientras que los internacionales son cada dos años, y se van rotando las sedes. Dentro de dos años tocará América, luego se volverá a Europa pero en Francia… y así sucesivamente.

-Ahí, desde fuera, los neófitos vemos a un grupo de colegas… y siempre los mismos

Desgraciadamente, con excepciones, somos los mismos y cada vez con más edad y, por tanto, aumentando el número de los jubilados. De hecho en la Sociedad Española de Cirugía Taurina la cuarta parte de sus miembros están retirados. Esto nos preocupa enormemente a la Junta Directiva y debería preocupar a los interesados, a los propios toreros, no en el futuro, sino ya. Por otra parte, y son las excepciones que citaba antes, en los últimos cuatro años, se han ido incorporando médicos jóvenes aunque no en la cantidad que hubiéramos deseado.

-Que se dedican a esto por amor al arte, por vocación

Algunos, los más veteranos, por el condicionante de la edad, no van ya a los toros. Yo hasta este año he sido Vicepresidente de la zona de Madrid y ahora soy Secretario General, el Presidente es Pascual González Masegosa, de Albacete. Y hemos cogido el cargo, como no podía de ser de otra manera, con ilusión sí, pero también con profunda preocupación porque el problema que van a tener a corto-medio plazo los toreros va a ser muy serio: no va a haber suficientes médicos especializados en heridas por asta de toro. Fíjate que ya hace dos años se lo transmití al maestro Enrique Ponce, pues ahora que nos hemos vuelto a ver la cosa se ha acelerado y así se lo hemos dicho. En cuatro o cinco años va a ser tremenda la situación de la cirugía taurina, tengo la impresión, y te lo dice alguien como yo que no soy nada pesimista en general. Esto es algo que a final de temporada pensamos compartir y debatir con toreros, empresarios, banderilleros y demás profesionales del sector.
En las plazas de primera y segunda la asistencia sanitaria y las dotaciones personales van a estar más o menos asegurada. Pero ¿en el resto de las plazas ? … O ¿en los festejos populares? … no sé.  ¿Cómo puede ser que cada año esté creciendo el número de fallecidos en capeas y encierros? Yo conozco la mayoría de los casos del año pasado, en el que hubo dieciséis muertos por asta de toro. Y seis de ellos, creo yo, no debieron morir. No se debería admitir que en los tiempos actuales se mueran heridos por una cornada en la femoral. Algunas de esas personas no debieron morir, repito, y lo digo con mucha pena; esto ya lo he manifestado públicamente y lo hemos avisado antes. Son cifras muy duras y no debemos aceptarlas pero se sabe, nos enteramos, porque los medios de comunicación, que muchas veces solo se preocupan de las desgracias que, si o si, conlleva la fiesta de los toros, lo difunden. Pero los infortunios no acaban solo ahí ¿Y todos los heridos que quedan con secuelas de por vida? ¿Y aquellos que sufren, por ejemplo, amputaciones por no recibir la atención adecuada? De esos no sabemos tanto y hay muchos, muchos.
Hace algún tiempo un cirujano de provincias  me dijo: claro que no puedo practicar  una cirugía de urgencia en condiciones; voy con el equipo que reglamentariamente me exigen y, entre otras cosas, no me obligan a llevar un anestesista. Y no lo lleva. En mi equipo, aunque no nos lo requiera una legislación,  sí está presente un anestesista.

-¿Pero no es obligatorio eso?

En determinadas legislaciones de festejos populares, no. Pero es que en algunos festejos de Castilla y León no es obligatorio ni un cirujano. Con un médico y un ATS es suficiente. Esto se lo advertí a la Vicepresidenta de Castilla y León, Rosa Valdeón, y nos prometió crear una comisión para estudiar y modificar esto. Pero ¿y en Extremadura? ¿Y en Levante?

Yo, en Ciudad Rodrigo, legalmente, no tendría que llevar anestesista. Si yo cumplo exclusivamente con lo que el Reglamento me requiere, se me hubiera muerto más de uno de los gravísimos heridos que hemos tenido allí; y, desde luego, yo no acudiría, si cumplo tan solo con los mínimos que exige la reglamentación, a una enfermería de una plaza de toros. A nosotros nos pagan muchas veces, por ejemplo un Concurso de Recortes con novillos, como un festejo menor y yo dejo de ganar dinero por llevar un anestesista y otro cirujano; o por ir a sitios donde, en teoría y con la legislación en la mano, no hago falta. Así que ya hay pueblos donde los profesionales sanitarios que van están insuficientemente preparados y se conforman con unos honorarios ridículos, que esa es otra…
A Coria, por ejemplo ¡¡A Coria, donde sueltan esos toros tan grandes!! Van dos médicos y un ATS. Por eso, cuando el año pasado hubo un muerto y preguntaron al alcalde por la cobertura sanitaria, manifestó que se cumplía escrupulosamente la ley… Y realmente era así, pero claro… No sé si éticamente es aceptable.


-Es que hay diecisiete legislaciones…

Ha mejorado la de Castilla la Mancha, que ya exige cirujano y anestesista, la de Andalucía no está mal, pero algunas como Castilla y León o Extremadura son muy mejorables. O en Levante, con los toros que echan ahí. Y están sin anestesista, y tantas veces, ni tan siquiera sin enfermería o quirófano móvil y, claro, no pueden operar, tienen que derivar los heridos al hospital y…. Y así nos va.
Así que me preocupa mucho cambiar la legislación y concienciar a los estamentos taurinos para que se den cuenta de esto. O nos ayudan o todo se va al garete.
Una de las razones por las que no van los médicos a las enfermerías de las plazas de toros es porque les abruma la responsabilidad, se echan para atrás, literal. Con mi padre, Antonio Crespo-Neches, se formaron muchos cirujanos, les ilusionaba la práctica de la cirugía taurina a su lado aunque fuera en los pueblos… Pero ay cuando les decía: venga, ahora te toca a ti, vete a tal sitio o a tal otro como jefe de equipo. Pues no mantuvieron esa ilusión. De todos aquellos han quedado muy pocos, y hablamos de un total de trece o catorce compañeros adiestrados junto a mi padre.
En los días fuertes de septiembre, en los que teníamos, y tenemos, una saturación de trabajo en las plazas de toros, hubo que mandar, como responsables de enfermería a algunos de estos, por otra parte profesionales intachables en sus hospitales y/o clínicas, a festejos sin picar, a festejos menores!! Y a pesar de ser festejos “menores” no aguantaron la presión, la responsabilidad, y esa es la causa principal por la que no siguieron, se retiraron de las enfermerías y no hacen cirugía taurina. Exactamente, conmigo, han quedado tres cirujanos y dos anestesistas de aquellos años.
Luego, también, es un trabajo, una ocupación, muy mal pagada, poco recompensada económicamente. Pero es lo que hay, y ciertamente, a día de hoy, gracias a Dios, para los médicos, hay otros trabajos mejor retribuidos y con menor compromiso y eligen estos.  Por otra parte, ahora mismo, el pretexto, para que los facultativos jóvenes vengan a las enfermerías, porque me gustan los toros ya no vale… Por supuesto que, en gran medida deben ser, somos, aficionados a nuestra fiesta nacional. Pero este razonamiento ya no es suficiente y no debe emplearse como fundamento para llevar a los médicos residentes y a los jóvenes enfermeros a los toros como “profesionales”. Si quieres ver toros te compras dos entradas y te vas a Las Ventas o a la Maestranza.
Los argumentos para estimular a los jóvenes deben ser puramente PROFESIONALES y por supuesto vocacionales, hay que transmitirles la VOCACIÓN de la Cirugía Taurina que nos inculcaron nuestros predecesores; que se sientan útiles curando heridas a pie de obra, en el “campo de batalla”, salvando vidas en la plaza de toros… Sí, sí salvando vidas, porque en las plazas de toros, a veces, estamos, podemos vernos, en esa tesitura como en Ciudad Rodrigo, durante su Carnaval del Toro…. Allí me los llevo, y son muchos, y comprueban como es la cirugía taurina de verdad, la que se practica con toda la ética y profesionalidad que merece, y ven, lo han comprobado, nos han ayudado, como se salvan vidas a gente que ha sido muy seriamente herida.

-Una escuela es lo que hay que crear

Ciudad Rodrigo es la mejor escuela para formarte como médico taurino -porque no solo hay cirujanos, también intensivistas, anestesistas, enfermeros- y todos son importantes, pero yo solo no puedo acoger a tanta gente. Y es una buena academia porque en el Carnaval del Toro, cada año, se producen muchos percances y no solo cornadas, también muchos traumatismos cerrados y a veces muy serios, de ahí que la experiencia que se coge es enorme. Por eso disponemos de tres quirófanos, con todos los medios materiales y aparataje. Porque somos conscientes que, ojo, los toros también matan, y dejan secuelas y nosotros estamos allí para evitarlo. En la enfermería de Ciudad Rodrigo hemos llegado a atender siete cornadas en un mismo festejo; o este mismo año que tuvimos varios percances el Domingo de Carnaval, tres de ellos de enorme gravedad.

-¿Cómo está el chaval de este año?

Con una lesión en la pierna y pie irreversible pero vivo. Llegó a la enfermería prácticamente muerto, en situación de shock hipovolémico, con una abundante -como pudo presenciarse- hemorragia... Salió sin sangrado activo en la herida y con pulso en el pie, es decir con riego, aunque débil, reanimado y estable hemodinámicamente…
A lo de antes. Hay que concienciar no sólo a toreros. También a recortadores, corredores de encierros… que cada día deben implicarse más en su seguridad, en esto de las enfermerías; que deben preocuparse por la asistencia médico-sanitaria en las plazas de toros. Enrique Ponce me dijo que él suele enterarse de quién está en la enfermería. Pero no todos hacen eso. Y queremos concienciarles, de verdad, de que se informen de cómo y quiénes están en las enfermerías. Porque luego vienen quejas, denuncias y demás.


El Dr. Crespo en el burladero de los médicos

-También la vocación familiar ayuda a estar en esto

En cirugía taurina siempre han existido sagas que han ocupado las enfermerías de plazas de toros importantes y eso, creo, fue una valiosa escuela y una buena tradición. Es verdad que siempre se ha tenido la impresión de que los cirujanos taurinos éramos una clase muy cerrada, muy nuestra, y que costaba mucho a otros médicos acercarse a nosotros. Puede ser, pero afortunadamente ya no es así, al contrario, ahora les reclamamos nosotros; aquello fue un error y, quién sabe, si el no dejar entrar a ningún extraño en el burladero de médicos no lo estaremos pagando actualmente. Y, repito,  ahora demandamos su presencia a nuestro lado y no para que disfruten de un espectáculo mayúsculo como son los festejos taurinos, sino para sentirse útiles devolviendo la salud a quien el toro se la quitó; te diré que en mi equipo hay profesionales que no son aficionados a los toros, pero están a nuestro lado, simplemente porque les gusta sentirse útiles en la enfermería.

-Pues tienes trabajo, Doctor

No sólo hay que cambiar la legislación. También hacerla cumplir. Y parar un festejo popular si es necesario. Me refiero a no permitir que se celebre si antes del festejo no están los medios sanitarios establecidos y esto es cometido del Delegado Gubernativo correspondiente.

-¿Y durante la corrida?

Un profesional médico que esté al frente de la enfermería, una semana antes tiene que haber firmado, certificado, que aquella está en unas condiciones adecuadas. Así que durante el festejo no se puede suspender. Tampoco se debiera detener una corrida de toros, por ejemplo, por tener ‘demasiado trabajo’. Yo nunca he mandado parar un festejo, profesional o popular, por mucho tarea que tuviera en la Enfermería. Algún festejo popular sí se ha suspendido, aunque por orden de la autoridad responsable. En Villaconejos, el pasado año, hubo una cornada y se paró el encierro, por orden del delegado gubernativo, ya que estábamos operando. En una corrida no ha llegado, me parece, a hacerse. Y si durante un festejo con profesionales, corrida, novillada, se produce una herida grave, el equipo médico no puede abandonar la plaza de toros, tiene que permanecer y atenderla en la enfermería y si las circunstancias le obligan a trasladar al herido, tiene que hacerse cargo el personal facultativo que integra la UVI móvil. Actualmente el equipo médico no debería abandonar la enfermería pase lo que pase si el festejo continúa.

-También has ido muchos años a Cenicientos

Pero este año no voy después de tantos años haciéndolo. En Cenicientos, un pueblo de la Comunidad de Madrid y muy unido a mi trayectoria en cirugía taurina, echan el toro de Madrid o más grande, aunque sin la garantía de una ganadería postinera. Hace años, cuando se estaba construyendo la plaza nueva, habíamos previsto, hablo en plural, pues me acuerdo de mi padre, que se hiciera una enfermería fija, en condiciones, vamos; mi padre se comprometió a dotarla del aparataje, mobiliario e infraestructura técnica y material, pero claro, la obra, es decir, edificarla no podía asumirla. Total que no se construyó. Y allí se dispone, que no es poco, de un quirófano móvil y de una UVI móvil… Y es una feria taurina en la que en cualquier momento puede caer un torero e incluso llegar otro mientras estamos operando al primero…  Y tengo anécdotas curiosísimas y a la vez alarmantes. Un año nos llegó a la enfermería un hombre con una borrachera tan tremenda que nos costó reanimarlo… Empieza la corrida, sale el segundo toro ¡y el hombre seguía allí en el quirófano! Pero es que, a la vez, nos avisan que una mujer está muriéndose en su casa, al lado de la plaza de toros, con un infarto y nos la traen al quirófano que estaba ocupado… así que tuvimos que atenderla en la UVI móvil. Y mientras seguía la corrida de toros… con la enfermería ocupada, con la UVI apurada…. ¡¡Imagina que hay una cornada!!  Tuve que llamar al teniente-alcalde y al concejal para explicar lo que pasaba, que llamaran al 112 para trasladar y despejar aquello. Pues si un torero sufre un percance y lo llevan a la enfermería hubiéramos tenido que desalojar a alguna de esas personas, de esos paisanos, y no quiero pensar la que nos hubiera caído, me crujen si llegado el caso lo hubiera hecho, aunque habría sido lo más racional dado que estaba celebrándose una corrida de toros y la cobertura sanitaria era para eso.
Ese desasosiego lo he llevado dentro de mí desde entonces y cada año que volvía a Cenicientos lo recordaba con angustia. Por eso, entre otros motivos, y quizá porque los años van haciendo mella en mi capacidad de estoicismo, hemos decidido, seguramente con aflicción, no acudir a su feria taurina.


-En Fuenteguinaldo sí parece que funciona la cosa

Fuenteguinaldo es una localidad salmantina próxima a Ciudad Rodrigo. Hace años el anterior alcalde, Nacho Corvo -que en paz descanse- nos llamó para cubrir sus famosos encierros. En el Centro de Salud acondicionamos y montamos una enfermería con elementos materiales y técnicos de la de Ciudad Rodrigo, en la que hemos resuelto percances muy graves, con cornadas muy fuertes, como hace tres años cuando el director de lidia recibió una herida muy grave en el abdomen. Y el primer año que yo estuve tuvimos una rotura de vena femoral… Y hoy esas personas están bien. Pero porque acudimos un equipo completo, que legalmente, repito, no haría falta. Y conmigo van varias enfermeras, un intensivista, un anestesista… en total vamos seis en el equipo.

-¿Qué haces para que se vaya la gente de la enfermería cuando os llega un herido?

En primer lugar les rogamos que desalojen la enfermería y si no lo hacen, lo tengo clarísimo, no hacemos nada, nos quedamos quietos y no atendemos al herido hasta que no salga la gente, sea quien sea… Y acto seguido pedimos a la Guardia Civil o a la Policía que se queden en la puerta y no entre nadie. Es cierto que yo impongo un poco, aunque nada comparado como lo hacía mi padre, pero vamos, que lo tenemos claro. Por ejemplo cuando Francisco Rivera llega con la cornada a la enfermería de Huesca, Juan José Padilla me dijo que tranquilo, que enseguida nos dejaban trabajar y que allí no entraba nadie. Él fue el último en irse. En parte se encargó de que todo el mundo abandonara dicha enfermería; se lo agradecí más tarde.

-Cuando te traen a Francisco Rivera a la enfermería ¿Emocionalmente qué sentiste? ¿Viste la cogida?

Sí, claro. Aunque yo pensaba inicialmente que la cornada le había afectado los vasos femorales pues el pitón había entrado por la ingle, pero al caer y ver que no sangraba…  Yo fui el último del equipo en entrar a la enfermería, pues me parece interesante observar la reacción del herido inmediatamente después de ser cogido, y honradamente hasta que no lo vi en la mesa del quirófano, no me di cuenta de que la herida había penetrado en el abdomen, pues había una evisceración de gran parte del intestino.

-Y luego el asunto mediático y tal…

El año pasado tuve tres cornadas más graves que esa, con ser la de Francisco una herida tremenda: en Ciudad Rodrigo, en Alcalá de Henares y en San Agustín de Guadalix pero no tuvieron, salvo la del norteamericano en el Carnaval del Toro, que si tuvo una resonancia mediática internacional muy grande, la repercusión tan extraordinaria que hubo con Paquirri. Y bien que lo sé yo pues en los dos días siguientes a lo de Huesca no dormí y no sólo por las entrevistas, mensajes y llamadas, sobre todo porque no paraba de darle vueltas a la cornada y a las posibles complicaciones que podían aparecer, pues como ya he dicho la herida fue muy compleja y afectando a estructuras muy delicadas, en cuanto a que eran muy susceptibles de agravarse. Bien es verdad que la vida de Francisco nunca corrió peligro en la enfermería, aunque con un poco más de toda la mala suerte que tuvo, pudo llegar a ser fatal; pero también es verdad que si no hubiera sido bien tratado (estabilización, cirugía y reanimación) de inmediato y en la misma enfermería, la probabilidad de sufrir complicaciones muy serias habría sido mucho mayor.

-¿De las de dejar de torear o…?

Sí, y aún peor, de arrastrar secuelas de por vida e incluso de poner en trance su vida. Pero prácticamente a los cinco minutos de la cornada estaba dormido y estabilizado y a los diez estábamos ya operando. Creo que esto, como en todas las cornadas, fue clave para la buena evolución del torero.


Con el equipo médico de Huesca, quienes atendieron a Rivera Ordóñez

-Imagino que si lo pilla un equipo no taurino, no especializado en esto ¿Qué protocolo hubiera seguido?

No lo sé, la verdad, quizá hasta no le operan en la enfermería. Y las complicaciones, como ya he dicho antes, hubieran sido muy graves.

-Esos protocolos son los de otros países. Francia, México…

Son países diferentes y la organización sanitaria en general es diferente. En Francia, que si lo conozco, los hospitales, las clínicas concertadas con la plaza, no están más allá de unos pocos kilómetros en la mayoría de las localidades donde se celebran festejos taurinos, y por eso no se suele operar en las plazas pero las garantías sanitarias son muy buenas. En la Plaza de Toros Monumental de México en tiempos del doctor Campos Licastro se operaba todo en la enfermería. Ahora han cambiado la mentalidad y tienden a estabilizar al herido en la plaza y trasladarlo a una clínica para intervenirlo con más medios y seguridad. En otros países hispanoamericanos la asistencia sanitaria en las plazas de toros deja mucho que desear.

-Mira lo que pasó hace unos días con Renato Motta

Te voy a decir una cosa: no te extrañe que puedan pasar hechos tan penosos y  noticias tan infaustas como la del pobre novillero peruano en un plazo corto de tiempo en España, si no buscamos soluciones, entre todos, para el futuro de la cirugía taurina. De hecho piensa en cuantos momentos amargos se debieron vivir el pasado año entre tanto fallecido en los festejos populares.


-La crisis ¿Tiene algo que ver?

A los jóvenes profesionales de la medicina les cuesta ir a los toros para cubrir un servicio facultativo. Les cuesta coger esa responsabilidad y luego, además, se encuentran, tienen, otras formas menos abnegadas o sacrificadas de ganar dinero. La crisis económica de España no tiene mucho que ver con la escasez de médicos para las plazas de toros pues nunca se ha retribuido económicamente bien.

-La religión ¿Va contigo?

He sido educado con una concepción católica de la vida. Desde siempre yo rezo todas las mañanas y todas las noches un Padrenuestro por mis enfermos. Y siempre, antes de operar, en la clínica o en la enfermería de una plaza de toros, me pongo en manos de Dios y con otro Padrenuestro le pido que me guie y me ayude a curar a quienes se ponen en mis manos.

-Eso no se lleva mucho en el gremio de la medicina

Ni, desgraciadamente, en ningún otro gremio de España pero entre todos tenemos que poner nuestro granito de arena para que eso deje de ser una costumbre; mi padre me dijo una vez que para ser buen cristiano, al igual que para ser un buen cirujano, hay que practicarlo todos los días y en eso procuro seguir.

Entre esta entrevista y el segundo encuentro medió un mes y medio. Tiempo suficiente para que la actualidad del toreo siguiera ardiendo y, además, un matador de alternativa dejara su vida en el ruedo. La muerte de Víctor Barrio en Teruel puso en las cabeceras no sólo a toreros y aficionados, también al gremio de cirujanos taurinos. Con la polémica y el pesar todavía muy presentes, nos citamos con Don Enrique de nuevo en su consulta, esta vez con mucho más tiempo por delante y sin apreturas ni interrupciones de ningún tipo.

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-El otro día acabamos hablando de la religión en la medicina… de que rezabas por tus pacientes

Sí, antes de operar sobre todo. Ya sea aquí o en las enfermerías de las plazas de toros, simplemente le pido al Supremo que me ayude.

-Y le decía que no era algo habitual en su sector, el sanitario. Parece, por lo menos desde fuera, que es un gremio bastante contestatario en general, poco devoto

Bueno, puede ser, yo creo que la sociedad en sí no es que sea más o menos católica, pero sí que lo proclama o lo muestra menos. Lo cierto es que la mayoría sólo se acuerda de Dios antes de morirse… con respecto a si es contestatario, no lo sé.
Hubo unos años en los que se difundió la idea de que se iba a privatizar la sanidad pública y hubo mucha polémica y protestas, vamos reacciones muy contestatarias. Lo cierto es que, por ejemplo, una prótesis de rodilla, sale bastante más económica intervenirla en la sanidad privada que en la pública. Y, otro ejemplo, el Servicio Andaluz de Salud manda muchísimos pacientes de su lista de espera a la medicina privada, simplemente porque les sale mucho más barato. En las clínicas privadas hay menos personal, lo que no significa menos atención, para hacer exactamente las mismas funciones que en los hospitales públicos…


-Te lo digo porque tras lo de Víctor Barrio y tal y como está todo, tan a flor de piel con los taurinos, lo mismo te has llevado algún insulto o comentario en tu sector por ser aficionado

No, nunca, es más mis compañeros de la Clínica donde trabajo me dicen ‘qué valor tenéis los cirujanos metiéndonos en esos berenjenales de las enfermerías de pueblo’ y tal. Ellos se piensan que en las enfermerías no hay medios nunca. Los insultos tras la muerte de Víctor Barrio y lo que ha pasado no me sorprende lo más mínimo. Hemos llegado a un modelo de sociedad, en general, que adolece de una falta valores y de respeto sencillamente brutal.

-Bueno, Enrique, vamos a tus inicios. Me llama mucho la atención que estés aquí, en el departamento de Traumatología, yo pensaba que eras cirujano general…

Mi bisabuelo fue cirujano, tuvo tres hijos cirujanos, dos de los cuales murieron en la guerra civil, en el frente, en hospitales de campaña. Mi padre fue cirujano y de sus hijos el único cirujano he sido yo. La relación con la cirugía, con el quirófano, empezó muy pronto: con nueve años, una noche, mi padre me levantó de la cama, viviendo aún en Zamora, me llevó a su clínica, la Virgen del Perpetuo Socorro, y me metió en el quirófano. Todos de blanco en aquel sitio inmenso, con aquel olor… creo que me estaba poniendo a prueba. Me coloca en una esquina de pie y… de repente le abre la barriga al paciente. De allí dentro comenzó a hincharse algo, a salir algo, supongo que una tripa, y ya no recuerdo más porque me desplomé. Me cogieron entre dos monjas, y me dejaron en una habitación contigua al quirófano; cuando acabó la operación vino mi padre y me dijo la última vez que te mareas.  Así de tajante.
Ya con trece años, en Madrid, mi padre que operaba en la clínica San Francisco de Asís, se puso mala una hermana mía y me dijo ven que vamos a operarla de apendicitis. Y aquella tarde, ayudando a mi padre, fue la primera vez que me puse los guantes. Lo pasé mal pero, bueno, en algún momento tenía que ser y fue con mi hermana.
Desde entonces me fue llevando a los quirófanos y tuve que hacer, te lo aseguro, unos esfuerzos sobrehumanos para no desplomarme, pero poco a poco me fui sobreponiendo hasta el punto de que con diecisiete o dieciocho años ya me dejaba coser y cortar.



Con el torero Joselito

-Vaya formación

Esa fue la suerte que tuve por ser hijo de mi padre, como él la tuvo con sus tíos. Total, que yo estudiaba medicina, la verdad es que poco, y operaba, mucho, ayudándole en su quirófano.


-Es decir, que casi cuando empiezas a estudiar, ya sabes lo más importante

Hombre no, era bastante ignorante, posiblemente lo siga siendo ahora, pero me ejercité generosamente, aprendí poca teoría pero asimilé mucha práctica y lo más importante, con mi padre supe cómo había que comportarse en un quirófano, lo necesario que resulta transmitir tranquilidad en los momentos de apuros y, con los años, otra cosa muy trascendente: cuándo hay que decidir operar y cuándo no. Eso es lo verdaderamente fundamental para un cirujano en su práctica diaria.

-Acabas la carrera…

Sí, con esfuerzo... Mi padre quería que fuera cirujano general, como él, aunque con la especialización de la medicina en España, siempre ejerciera de traumatólogo. Al terminar la Universidad me lleva al Servicio de Cirugía General del Hospital de la Princesa, en Madrid, y me mete en el despacho del que entonces era Jefe de Servicio, Don Modesto Martínez-Piñeiro, uno de los cirujanos más grandes que he conocido y muy amigo de mi padre, ‘aquí te lo dejo Modesto’, le dijo. Allí pasé dos años hasta que un día cambió mi rumbo en la cirugía: una mañana ingresó una chica de unos treinta y seis años, no se me olvida, para tratarse de un linfoma gástrico, se le opera pero, tristemente, a los quince días falleció. Me afectó mucho, la verdad. Porque yo veía a mi padre que operaba a pacientes ancianos con la cadera rota y se salvaban, hablo de los años ochenta que por entonces era algo casi insólito, y por eso, probablemente, decidí que yo también sería traumatólogo. Porque era ‘más fácil’. Francamente, era otra cosa, hablo de lo emocional, los pacientes traumatológicos no evolucionaban mal, no te voy a engañar. Pero no te olvides que yo ya acumulaba dos años de formación de cirugía general. Es decir iba para una cosa pero elegí, de un día para otro, cambiar de especialidad, hacerme traumatólogo. Nunca fui buen estudiante pero mi padre me tenía operando siempre de aquí para allá y así durante años. Más adelante, ya imbuido en la cirugía taurina, necesitaba familiarizarme con la cirugía vascular. Y mi padre me puso, en las tardes, con un cirujano vascular, Fernando Calancha, para aprender a manejar los grandes vasos, las trombosis, los bypass y perder el miedo a las arterias y a las venas. Al principio me resultó pesadísimo, lo reconozco, pero ahora puedo decir que aquellas largas horas en el quirófano abriendo y cerrando arterias me han servido sobremanera para manejarme, no solo en las enfermerías de las plazas de toros sino en mi actividad quirúrgica cotidiana. Por todo esto puedo decir, que desde bien temprano, yo he operado de todo.

-Esa formación hoy en día es imposible adquirirla de forma reglada

Muy difícil, desde luego, pero yo tuve esa suerte y, doy gracias a Dios, de haberla tenido, pues, al menos para mí, es imprescindible para manejarte en cirugía taurina, aunque luego resulta que el noventa por ciento de las atenciones en la enfermería de una plaza de toros son de índole traumatológica.

-¿Y los toros?

Yo creo que estaba predestinado para ser cirujano taurino, desde siempre, date cuenta que mi bisabuelo ya fue cirujano de la plaza de toros de Zamora, que le sucedió mi tío-abuelo y que mi padre estuvo, desde los años cuarenta, en el burladero de médicos de esa plaza. Y yo operé mi primera cornada estando en segundo de Medicina, eso sí ayudado por mi padre.

-¿¿¿¿Cómo????

Había que empezar algún día y lo hice en un pueblo de Toledo, en Illescas, durante un encierro en el año 1.980.

-Difícil encontrar un cirujano taurino de nueva hornada con todo lo necesario: formación total, vocación y afición al toro

Claro, por supuesto. Alcanzar la formación suficiente, nunca se consigue, es sumamente difícil en los últimos tiempos de la Medicina. Encontrar el antiguo cirujano general que operaba de todo ahora mismo es imposible. Y llevarlo a la enfermería ni te cuento. Por eso se necesitan varios especialistas en el equipo médico de la plaza de toros, y aunque antes te decía que el noventa por ciento de los percances los puede resolver un traumatólogo, sin embargo cuando el cuerno penetra en abdomen, cuello o tórax, la presencia del cirujano general es incuestionable. Pero, sin embargo, a ese mismo cirujano le puede resultar muy complicado reducir una fractura, o colocar un hombro… con lo doloroso y, por tanto, apremiante que resulta ser resuelto. Por eso lo ideal, en mi opinión, es disponer en el equipo médico de una plaza de toros de un cirujano general, un traumatólogo, un cirujano vascular, un anestesista, un intensivista y dos ATS. La medicina está muy especializada, demasiado seguramente, y por tanto nos demanda equipo multidisciplinarios.

-Me contabas antes que tu debut en los toros fue temprano

Si, sí, desde que era estudiante de Medicina. Te contaré otra situación que me tocó vivir. Ya había acabado la carrera, en junio de 1.985, pero ya tenía un bagaje de cornadas operadas considerable; el 11 de  agosto de ese año había programada una novillada picada en San Martín de Valdeiglesias. Aquel día mi padre envió un equipo formado por un cirujano general, un traumatólogo, un anestesista, dos enfermeras y… yo. Bueno pues aquella tarde un novillo le partió la arteria femoral a José Luis Bote.  ¿Tú sabes quién le operó? El doctor Crespo hijo. Sí, ellos estaban allí, me separaban, me ayudaban, acá, allá pero a Bote le operé yo. Y fue una cornada tremenda, terrible, el caño de sangre llegó al techo cuando le retiramos el puño de la herida, la enfermería quedó empantanada, fue una cirugía con mucha tensión. Fíjate la congoja que pasó el cirujano general, un gran profesional y con gran experiencia pero en el hospital, que después de terminar la intervención en la Enfermería, le vinieron arcadas y estuvo vomitando e incluso llegó a sufrir casi un síncope. Luego le pedí perdón porque me metí allí en medio, por encima de ellos, especialistas de prestigio pero con poca experiencia en cirugía taurina, pero lo vi claro y actúe rápido, como le había visto hacer a mi padre…. Y en medio de aquella angustia le salvamos la vida. Aquel día entendí lo vital que resulta la experiencia en cirugía taurina.

-¿La formación que tenéis en el día a día, los médicos taurinos, es como la de cualquier médico? Me refiero ¿estudiáis a diario?

La cirugía taurina se aprende, se cultiva, como he dicho a propósito del caso anterior, en las Enfermerías. Por supuesto debes tener previamente una sólida formación en cirugía o en anestesia o en urgencias. Y luego instruirte en las propias plazas de toros. Porque no hay casi escritos ni textos donde ilustrarse; por eso, la parte teórica la desmenuzamos, intercambiamos opiniones y puntos de vista, en los congresos de la Sociedad Española de Cirugía Taurina que son clave para nuestra puesta al día. Yo soy de los que cuando se produce un percance, un herido, me leo los partes médicos, estoy al tanto de la evolución del herido, y en eso los portales de internet y las llamadas redes sociales, nos ayudan mucho. Durante la temporada los cirujanos taurinos estamos en contacto, nos aconsejamos y compartimos el seguimiento de los heridos…  Aunque el mundo de la cirugía taurina haya sido muy acotado, costaba entrar en él y conocerlo en profundidad.


Posando con el recordado Rodolfo Rodríguez 'El Pana'

-¿Pero por vosotros? ¿Por el mundo del toro? ¿Por qué?

Porque seguramente, y hablo de los años cuarenta, cincuenta, sesenta, era muy elitista y muy tradicional. En aquellos tiempos el responsable de la enfermería, y hablo de las plazas en capitales de provincia, solía ser el mejor cirujano de la ciudad, el de más prestigio. Para ser Jefe del Servicio Médico de una Plaza de Toros había muchas connotaciones sociales y el que lograba serlo elegía a su grupo de ayudantes, que a su vez pertenecían a su círculo médico. Resultaba muy arduo integrarse en él. Como te he dicho antes aquello no fue bueno para la cirugía taurina del siglo XXI.

-¿Y cómo se buscan los sucesores para una vacante en una gran plaza?

Bueno, actualmente es una contratación libre, dependemos de la empresa. Antes había baremos, se “opositaba”, digámoslo así pero hace mucho de eso.  Ahora es más directo, el empresario contrata y punto, bien es verdad que también puede designar al hijo del hijo del anterior cirujano jefe… depende de la plaza.

-¿Y te ves en alguna gran plaza de forma estable?

Bueno, a día de hoy soy el cirujano responsable de las enfermerías de las plazas de Zamora, Huesca, Ciudad Rodrigo… Y durante muchos años estuve, de primer ayudante de mi padre, en la de Teruel, tan nombrada, tristemente, en las últimas semanas.


-Buena enfermería tienen allí, a pesar de todo lo que les ha pasado

Sí, y la recuerdo con cariño; allí, en Teruel, curamos muchas cornadas… son enfermerías, que aún con un diseño antiguo, son muy espaciosas y proporcionadas para trabajar en ella y si están bien dotadas, pueden resolverse todos los percances, salvo, lógicamente, aquellos que como el de Víctor Barrio poco se puede hacer, desgraciadamente.

-Te voy a hacer recordar algunos casos graves, para que me cuentes qué pasó. El primero: Jaime Reyes

Jaime, siendo novillero, fue herido en Soto El Real, en Madrid. Le pegó una cornada brutal, le arrancó arteria y vena femoral en el peor sitio, justo encima del Canal de Hunter. Llegó a la enfermería en muy mal estado. Le operamos mi padre y yo. Ligamos la vena y la arteria, controlamos la hemorragia, que era tremenda, y dejamos todo dispuesto para realizarle un bypass arterial en el hospital de referencia. La lástima fue que se realizó bastantes horas después... Estuvo mucho tiempo con la pierna sin riego y desarrolló una isquemia en el nervio ciático externo, luego complicaciones, pie equino, infecciones, úlceras… se llegó a pensar en amputarle la pierna. Pasó el muchacho una calamidad. Actualmente le sigo viendo, de hecho su mujer es paciente mía, está bien, dentro de lo que cabe, muy fuerte psicológicamente y se ha abierto camino en la vida fuera del toreo. Es una gran persona así como su familia.
El otro día, en Uceda, en Guadalajara, me acordé de él. Tuve que atender un caso parecido. Fue una rotura de la vena femoral. Después de controlar el sangrado comprobamos que la arteria femoral, que no aparecía seccionada,  estaba sin pulso, sin latido, en un sector de la misma, justo por encima del Hunter. Total que se preparó el campo quirúrgico para el consiguiente bypass en su hospital; contactamos con dicho Centro, el Hospital Universitario de Guadalajara, y que se preparan para hacer un bypass. Efectivamente el herido, un hombre de 62 años, salió de la Enfermería estabilizado y cuando llegó al hospital, ya estaba el cirujano vascular preparado para reconstruirle su arteria. Se hizo todo bien y se operó a tiempo. Las noticias que tengo es que su evolución es muy positiva, pie y pierna funcionan con buen riego.


-Otro caso que además trajo mucha cola: Raúl Cañete, en Parla. Año 1995

Fue en un encierro, pero con los toros que echaban antes… Aquella mañana el equipo lo encabezaba mi padre. Yo estaba en otro encierro, en Navalcarnero. A raíz de aquello cambió el Reglamento Taurino de la Comunidad de Madrid.
Aquel toro tenía casi ocho años. Increíble. Nada más salir hiere a un hombre y se lo llevan a la enfermería a mi padre; tenía un boquete en el tórax derecho. Lo anestesian y se ponen a operarle. Pero mientras están en ello empujan la puerta de la enfermería y dejan en el suelo, pero literal, a un chaval con una cornada tremenda en la zona perineal, empapado en sangre, desangrado prácticamente, sin conocimiento.
Retiran de la mesa de operaciones principal al hombre con la cornada en el pecho, lo dejan en la zona de reanimación y se ponen con este chaval, Raúl Cañete, que tenía diecinueve años. Le abren la barriga casi sin anestesia porque no hay tiempo y se encuentran con graves lesiones en las dos arterias iliacas, estaba prácticamente muerto…. Pero se consigue controlar aquel descomunal sangrado. Se procede a taponar la herida, avisan al hospital de Getafe y sale con vida de la enfermería. Los médicos de guardia, una uróloga que había estado en el hospital de mi padre y un cirujano general, le están esperando y le intervienen por segunda vez. A ellos se unió mi padre cuando acabó el festejo en Parla. Consiguen estabilizarle quirúrgicamente al final de la mañana e ingresa en la UVI de ese hospital, pero por la tarde se descompensó de nuevo y murió mientras era sometido a una tercera intervención.


-¿Existe algún hito de la cirugía taurina que haya trascendido vuestro ámbito? Por el éxito que supuso, digo

Bueno sí, yo he tenido varios episodios catastróficos, aunque con resultados satisfactorios, en Ciudad Rodrigo. En un Congreso Internacional de Cirugía Taurina, en Lima, presenté un caso de un herido que tenía: una luxación completa de rodilla con sección de la arteria poplítea, una cornada perianal, otra en el otro muslo y otra, la más grave, una herida toraco-abdominal con graves lesiones en pulmón, diafragma e intestinos. Y sobrevivió. Y sigue acudiendo todos los años al Carnaval. Ese día, previamente, habíamos operado otras seis cornadas a otros tantos heridos, de hecho cuando llega ese hombre a la enfermería estábamos operando a otra persona. Fue un domingo terrible.
O dos años después, en la capea, un toro le partió el hígado y le arrancó un riñón a un chaval de Jaén. Y conseguimos sacarlo para adelante, reconstruyéndole el hígado y el resto de las lesiones. Algo muy difícil de conseguir en una enfermería, en cualquier enfermería de una plaza de toros. Pero, te lo puedo decir sin exagerar nada, es que el equipo del Carnaval del Toro posiblemente sea el más completo que existe en el mundo taurino y por eso hacemos lo que hacemos. De hecho, y perdona estas palabras que no quieren ser presuntuosas, en los últimos años de no haber intervenido como lo hicimos habríamos tenido que lamentar no menos de cinco o seis personas fallecidas en Ciudad Rodrigo.
Sin embargo, y vuelvo al suceso de Parla, piensa en el año 1.995, con menos medios y adelantos médico-quirúrgicos que los que disponemos actualmente, en una enfermería como aquella, un hombre con una cornada en tórax, que sobrevivió, y otro con una herida, mortal de necesidad en minutos, hablamos de dos arterias ilíacas dañadas, mi padre con su equipo consiguió reanimarle y controlar el sangrado, sacarle con vida de la enfermería… Aquello sí que representó, para mí, un hito y dice mucho de la capacidad quirúrgica de mi padre, aunque luego tuviera, tristemente, consecuencias funestas. Que un herido por asta de toro con las dos ilíacas rotas salga vivo de una enfermería de pueblo es una auténtica proeza.


-Los toros matan, que se nos olvida con facilidad

Si, es su naturaleza, el toro vive para embestir, para coger, para herir… Para eso nace y para eso lo crían. Y es verdad, por otra parte, que en los últimos tiempos los toreros no le dan la importancia que tiene a las cornadas. Cuando son heridos aguantan en el ruedo hasta matar al toro. Nunca lo entendí. Qué es eso de torear con un torniquete, no me gusta, no es bueno. Y no puede ser, no debe permitirse. No maestro, oiga, métase en la enfermería y que le revisen la herida y no salga porque eso puede agravar su herida. Evidentemente cuando hacen esos gestos suponemos que no están en peligro inminente, no ponen en riesgo su vida. Pero se olvidan de una cosa: la cornada es la herida traumática más sucia que existe y tiene numerosas probabilidades de complicarse, sobre todo desarrollar una infección. Y, ay amigo, cuando una cornada en una figura del toreo se infecta o se complica... Empiezan con los dimes y diretes, que malo el doctor, que si esa plaza no tiene medios, que si tal o cual. Y no digo yo que en algunos casos no lleven razón pero en otros son los propios toreros quienes contribuyen a la mala evolución de sus heridas.

-¿Crees que algún día se salvará una cornada en la aorta o similares?

No lo veo… no creo. Hay cornadas que provocan lesiones irreversibles. Sobre todo porque el pitón provoca unos destrozos mucho peores que, por ejemplo, una puñalada. No son heridas simples, tienen unas características únicas. Yo he tenido noticias de que se han salvado personas con el corazón afectado por una puñalada, pero esa herida no es la que provoca un pitón. Los daños internos que provoca una cornada son mucho más complicados y difíciles de reconocer y solucionar.


En la enfermería de Ciudad Rodrigo, donde cada día se gana experiencia

-¿Cuánto cuesta una enfermería?

Acondicionar y adecuar una enfermería no resulta barato. Por eso, actualmente, muchos empresarios o propietarios de plazas de toros de obra pero sin enfermerías apropiadas para los tiempos vigentes prefieren llevar un Quirófano Móvil,  más asequible económicamente: puede costar unos 400 euros por festejo. Pero, claro, no todos están suficientemente preparados y dotados de la infraestructura sanitaria precisa. Nosotros trabajamos con la empresa Ambulancias San José de Madrid porque son, a mi juicio, los mejor dispuestos. Aunque yo, siempre que puedo, prefiero trabajar en enfermerías fijas.

-¿Te has encontrado toreros bajo los efectos de alguna droga?

No, la verdad; hace muchos años, si era habitual que aquellos viejos banderilleros  fueran con dos copas de coñac a torear…  Pero formaba parte de la idiosincrasia de entonces. Actualmente por supuesto que nos encontramos a muchos mozos que resultan corneados en capeas y encierros intoxicados con cualquier sustancia.


-Pues menuda responsabilidad para vosotros. Puede haber complicaciones y…

Hombre, a día de hoy,  y gracias a los adelantos médicos, fundamentalmente anestésicos -fármacos, mascarillas para intubar, aparataje para monitorizar- tenemos muy controlado todo eso, e incluso cuando nos llegan con el estómago lleno. Pero, la verdad, en los festejos populares no te quiero ni contar lo que pasamos… Una noche en Alcalá de Henares, durante una capea, tuvimos que operar a un hombre de una cornada seria y después de hacerlo, mientras preparábamos su traslado al hospital, nos dijo que era seropositivo, que tenía SIDA….

-Hace un mes que nos vimos y han pasado muchísimas cosas en el toreo, este año llevamos tres muertos en los escalafones taurinos, más aquellos fallecidos en los pueblos…  ¿Ha cambiado algo?

Es preocupante y muy triste todo. Lo llevo muy mal. Ten en cuenta que han sido cinco muertos ya en festejos populares y aún no hemos llegado al apogeo de la temporada. Y lo que sí te digo, de nuevo, es que algunos podían haberse salvado y sé de lo que hablo.

-Y los toros cada vez más grandes ¿Cómo lo ves?

Y menos mal que en muchos pueblos, para los festejos populares, empiezan a afeitarlos, pero salen imponentes. La gente los pide así de grandes. Mira yo soy de la opinión que los novillos, los toros, para los profesionales, para los toreros, deben salir al ruedo en puntas, aunque en los últimos años se ha disparado la presentación de los animales en las plazas de segunda. Y en estas no se debe exigir el toro de Madrid o de Bilbao. Sin embargo las reses que se sueltan para los festejos populares debían estar todas despuntadas.

-¿Cuál es la mejor enfermería de hoy día?

De cuantas conozco, la mejor es la de La Maestranza de Sevilla, uno de los muchos servicios que el doctor don Ramón Vila ha hecho a la cirugía taurina. La última reforma y acondicionamiento costó varios cientos de miles de euros. Los quirófanos de su enfermería son mejores que los de muchos hospitales. Tienen una dotación material y técnica así como un equipo médico asombroso, de hecho el dispositivo de especialistas médicos es el doble de lo que se requiere, quiero decir, que hay dos personas por puesto. La enfermería de Zaragoza también es extraordinaria. Yo creo que casi todas las enfermerías de plazas de primera y segunda, están perfectamente dispuestas y con equipos médicos formidables.

-¿El peor sitio donde has trabajado?

Hemos operado en un gimnasio, en una cuadra habilitada, en un bar, en un almacén de aceitunas…  Hablamos de hace más de más de 25 años. Aunque, claro, previamente habíamos acondicionado aquello, llevábamos el material, la medicación, los sueros, el instrumental, hasta el oxígeno y las lámparas. Mi padre lo llevaba todo en un remolque. Ahora no me llevo casi nada, eso sí, siempre la caja de mi instrumental quirúrgico y alguna otra cosa muy específica para operar a mi gusto, pero el resto, que es muchísimo, ya está disponible en los quirófanos móviles.

-A ver si escribís algo…

La Sociedad Española de Cirugía Taurina tiene varios proyectos. En México, el doctor Vázquez Bayod también me está animando para escribir algo, mis vivencias y las de mi padre… No obstante hay muchos miembros de la SECT que publican trabajos e incluso editan libros, y recuerdo ahora mismo a la familia Val Carreres, al doctor Enrique Sierra.

-Es que no se sabe nada de lo que hacéis

No te creas, sí que existe una repercusión social importante en los medios de comunicación. Bien es verdad, al igual que sucede en nuestro trabajo cotidiano, aquí en el Hospital Quirón, que no podemos ir publicando nuestros logros y nuestros resultados médicos con los pacientes en ambientes no especializados. Sin embargo, en nuestros Congresos, en nuestras Mesas Redondas, claro que nos intercambiamos experiencias y discutimos, porque no todo el mundo está de acuerdo con lo que hace uno u otro. Por eso es muy importante tener constancia en imágenes de nuestra experiencia quirúrgica en las enfermerías y por tanto procuramos hacer fotos de las intervenciones para luego intercambiar criterios entre nosotros. Y en otros casos, representan nuestro aval para confirmar cuanto realizamos, pues hay compañeros, ajenos a la cirugía taurina, que no dan crédito a lo que hemos hecho, por ejemplo, en Ciudad Rodrigo, en Fuenteguinaldo… pero existen las imágenes, las fotos. No publicables, desde luego, pero en nuestro entorno tratamos de compartirlas para valorar los métodos o procesos empleados.

-¿Sigues pensando que el futuro es negro?

Los movimientos antitaurinos harán daño, y desde luego el futuro de la cirugía taurina será aún más incierto, ya lo he repetido varias veces; pero en parte la solución está en nuestras manos aunque no toda, desde luego. Es necesario modificar algunas normativas y, sobre todo, hacerlas efectivas, cumplirlas, tanto por parte de los propios médicos como por las autoridades responsables. Si no conseguimos esto nos tendremos que acostumbrar a que cada año lamentemos más fallecidos en el futuro.
Enrique Ponce nos lo dijo en el Congreso Internacional de Cirugía Taurina de Úbeda: ‘hasta que una figura del toreo no se plante y suspenda una corrida por las condiciones de la enfermería no nos daremos cuenta de la situación y no buscaremos soluciones’.


Fotos: cedidas por el Dr. Crespo Rubio

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