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Javier Castaño  
  entrevista de Pla Ventura [ 24/04/2016 ]  
JAVIER CASTAÑO: HE VUELTO A LA VIDA
La noticia, digamos que el gran suceso de la temporada taurina no ha sido otro que la reaparición en los ruedos de Javier Castaño tras haber superado una cruel dolencia que, como el mismo diestro nos confesara, hasta llegó a temer por su vida.

Javier Castaño ha superado el duro trance de padecer un cáncer, algo que le ocurre a miles de personas pero que, como sabemos, nunca imaginamos que algo tan duro pudiera sucederle a un torero que, como es lógico, en su profesión, dentro de la misma, todos llevan implícito el riesgo de perder la vida por una cornada. Es decir, con el peligro que asume un torero y mucho más un diestro como Castaño, curtido siempre en la durísima batalla de las corridas duras, con ese canon encima de sus espaldas, ya entendemos que un torero está pagando la factura por vivir.

Todo ocurrió a principios del año en curso en que, de repente, Javier se sintió mal y automáticamente le diagnosticaron la tremenda dolencia, pero para su fortuna, como él nos contara, le cogieron tan a tiempo que el mal lo controlaron de inmediato, sufrió una intervención quirúrgica, se le aplicó la debida quimioterapia, se le cayó el pelo, algo tan natural y propio en dichas enfermedades. Pero se le diagnosticó todo tan a tiempo que, en tres meses de convalecencia, Castaño, hasta ha tenido la gallardía de reaparecer en Sevilla como todos pudimos ver. Claro que, la grandeza del diestro no ha sido otra que todos nos enteramos de su enfermedad cuando ya estaba curado; un tipo grande y gallardo, sí señor.

Y fue allí, en La Maestranza, frente a una corrida de Miura cuando regresó el diestro pletórico de ilusiones, lleno de ánimo y, lo que es mejor, con las facultades intactas.


Con una gran ovación fue recibido en Sevilla Javier Castaño

-¿Qué sentiste, Javier, cuando te miraste por vez primera en el espejo y no tenías pelo?

Te parecerá irreal lo que voy a contarte, pero en aquel momento sentí mucha fuerza interior; aquella imagen es la que me aportó toda la fuerza del mundo para superar aquella dura batalla con la que me había enfrentado. Me dije para mis adentros: “Tú puedes, hazlo, tira hacia delante” Y seguí mi dictado interior para alcanzar, ante todo, lo que ha sido el más grande éxito de mi vida, superar la enfermedad.

-¿Reapareciste porque estabas bien de verdad o por la raza auténtica que todo torero lleva dentro de su ser?

Yo diría que por ambas cosas. Es cierto que reaparecí con poco entrenamiento pero, físicamente me encontraba bien, dentro de un orden claro está. Pero si te digo que esa corrida me tenía tan ilusionado que, ya viste, me sirvió de acicate para adelantar mi reaparición, algo que me ha hecho muy feliz porque me sentí lo suficientemente fuerte para afrontar mis compromisos en los ruedos.

-¿Qué sentiste, Javier, en el momento del diagnóstico de tu maldita enfermedad? Y te lo pregunto a ti, un hombre fuerte y curtido en mil batallas en los ruedos.

De momento es un drama. Te preguntas, ¿por qué a mí? Cuando la pregunta sobra por completo; me sucedió a mí, como le sucede a miles de personas. Fíjate que, como torero, al igual que les ocurre a todos mis compañeros, estoy preparado para asumir cualquier eventualidad de una cornada dentro de los ruedos; digamos que es algo tan lógico que todos lo asumimos. Pero una enfermedad te pilla con el paso cambiado y se pasa muy mal.

-Digamos que, dentro de todo, has tenido mucha suerte ¿verdad?

Toda la del mundo puesto que se me diagnosticó a tiempo y, ese tipo de enfermedades, como creo que sucederá con todas, eso de llegar a tiempo es fundamental, por eso le doy gracias a Dios.


Con gallardía y torería mantuvo su enfrentamiento con los miuras

-Al respecto de esa enfermedad, el maestro Facundo Cabral solía decirlo lo siguiente: “Si tienes cáncer o sida solo pueden pasar dos cosas; una buena y una mala. La mala es que si mueres dejar de sufrir y la buena que si te curas te vuelves más agradecido con la vida” ¿Suscribes dicho axioma?

Por supuesto, es decir, con todas y cada una de las letras que escribe ese señor. Tras una enfermedad de este tipo donde tu vida pende de un hilo, una vez superada, apenas ya nada tiene importancia. Imagina qué pobres somos los seres humanos que, para valorar la vida tenemos que asumir el riesgo de perderla.

-Como fuere, maestro, lo pasado ya es historia, la gran verdad es que le noto pletórico.

Lo estoy. No es para menos. Por momentos, como te contaba, veía un negro nubarrón sobre mi vida que me hizo temblar. Ahora, como dices, una vez pasado el peligro veo la vida de otra manera, es decir, con un positivismo que quizás antes no tenía, pero esa creo que es la condición del ser humano.

-Oye, Javier, menudo recibimiento te hicieron en Sevilla. ¿Cómo te sentiste?

Puedo jurarte que sentí emociones que antes no había sentido; sí, porque aquella bendita afición estaban alentando, agasajando, fortaleciendo a un señor que había pasado una durísima enfermedad, algo que me erizó el vello. Como te digo, en aquel momento, tras el paseíllo, los aficionados hispalenses apoyaban a un hombre que había vuelto a la vida para seguir siendo torero, algo que me conmovió hasta en lo más profundo de mí ser.

-La pena, Javier, es que la corrida no resultó como todos esperábamos. Artísticamente, ¿cómo te sentiste?

Diría que muy bien. Estuve a la altura de las circunstancias. La corrida apenas ayudó para nada; había mucho que torear y poco por lograr, pero había que estar ahí. Yo no podía defraudar a nadie y estando por encima de la corrida eso creo que ya fue un éxito.


Y toreando así de bien con la izquierda

-Con la espada estuviste fantástico; es más, yo diría que recetaste una de las estocadas más perfectas de tu vida, sino la mejor ¿verdad?

Sí, tras el pinchazo arriba previo a dicha estocada, creo que ha sido la mejor que he dado en mi vida. Eso de que rodara el toro a mis pies a los tres segundos de tener la espada dentro no es nada habitual. Me sentí muy contento y, lo que es mejor, me llevé el respeto de Sevilla, antes, durante y al abandonar la plaza. Mi afecto para la afición maestrante, no es para menos.

-Por cierto, Castaño, si me lo permites, deja que te diga que por culpa de la espada se te han escapado muchos triunfos. ¿Digo bien?

Es cierto que no he sido lo que se dice un torero de regularidad con la espada, aunque he matado toros muy bien, hasta el punto de que tengo en casa algunos trofeos que me han concedido por el premio a la mejor estocada, algo que choca por completo en la irregularidad de la que te hablaba, pero es así.

-El próximo cinco de junio, si no recuerdo mal, reaparecerás en Madrid otra vez con los Miura. ¿Tienes asumido tu papel de que tu vida como torero se circunscribe con las corridas fuertes y duras?

Por supuesto. Ni antes me quejé ni lo haré nunca. El éxito de cada hombre no es otro que saber asumir el papel que le ha entregado la vida; pero eso pasa en todas las profesiones del mundo. A mí me tocó este rol con las corridas más fuertes, lo asumí y aquí me tienes, preparado para el éxito.

-O sea que, ¿me estás queriendo decir que no has tenido nunca la tentación de buscar el llamado toro comercial para disfrutar más toreando, como les pasa a otros de tus compañeros?

Te dije que asumí mi papel pero, tras todo lo visto, lo que pretendo es que disfrute el aficionado que ha pagado por verme; quizás yo sufriré más, pero si ellos disfrutan todo mi esfuerzo se verá recompensado en la felicidad de los demás, en este caso, el que ha pasado gustosamente por taquilla para ver mi toreo.


Rafaelillo tuvo el bonito gesto de brindarle uno de sus toros

-Al margen de tus condiciones como torero, maestro, siempre hemos admirado la calidad de tu cuadrilla que, sin duda, siempre ha sido ejemplar. ¿No has tenido nunca celos por los éxitos que ellos han tenido a tu lado, caso de aquella vuelta al ruedo en Madrid por citar un hecho histórico?

No, para nada. En mi caso creo que se da la circunstancia de lo que pueda ocurrir en todas las empresas, aquello de querer tener los mejores empleados, en mi caso, toreros de plata, pero a ser posible que sean los mejores. Me llena de orgullo que ellos triunfen, que les tributen ovaciones, algo que nos engrandece a todos, de ahí la ilusión que me hace dejarles hacer para que todos sintamos el éxito.

-¿Te has dado cuenta, Javier, que incluso para las corridas llamadas duras o terroríficas, hasta para ello hay mucha competencia?

La competencia es el valor que nos hace grandes a los demás porque es la que nos obliga a todos a esforzarnos para ser mejores toreros. Lógicamente, todos queremos hacerlo lo mejor posible, sabedores de que otros siguen nuestros pasos. Sí, hombre, la competencia existe en todas las profesiones del mundo, por tanto, en la mía no podía ser una excepción. Soy consciente de todo cuanto ocurre en mi profesión, de ahí el esfuerzo que cada día tengo que realizar.

-Son quince años ya de matador, Javier. ¿Qué planes tienes para esta temporada?

Pese a todo lo logrado, mi temporada depende de Madrid, como les ocurre a muchos toreros. Pero intentaré, con mis éxitos, que sea una temporada muy especial, de ahí la ilusión que tengo de que me embista un toro en Madrid. Como te digo, ilusiones las tengo todas y, lo que es mejor, me siento capaz para afrontar cualquier reto.

-Te preguntaba si pensabas hacer algo especial al estilo de aquellos seis Miura que mataste en Nimes en solitario. Menuda proeza aquella ¿verdad?

Son momentos tan especiales que no se pueden repetir todos los días, ni todos los años. Aquello quedó ya para fomentar mi leyenda cuando cuelgue el traje de luces, algo que procuraré que sea dentro de mucho tiempo. Pero sí, imagino que en el devenir de la temporada encontraré algún motivo especial para festejar estos tres lustros como matador de alternativa que, como tal, ya es todo un éxito.


Esperamos verle muy pronto así, con triunfos y pelo... en cabeza y manos

-Añade cuanto quieras, Javier, estás en tu casa.

Agradeceros a vosotros, así como a todos los medios de comunicación que se han interesado por Javier Castaño como hombre, al margen de la gratitud que quiero expresar a todos por permitirme seguir siendo lo que siempre quise, TORERO.

Fotos: La maestranza (1,2,3y4) Muriel Feiner (5)
 

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