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Sebastián Castillo  
  entrevista de Pla Ventura [ 04/03/2016 ]  
SEBASTIÁN CASTILLO: Mi único tesoro es la muleta que perteneció a José Tomás
Días pasados, en el Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo, un muchacho llamado Sebastián Castillo estremeció a propios y extraños jugándose la vida en dicho pueblo salmantino. Mientras algunas figuras del toreo compatriotas nuestros se pasean por Venezuela matando becerrotes, un venezolano, es capaz de jugarse la vida en una capea frente a un toro de verdad y a cambio de nada; es la razón del todo por la nada.

La historia de Sebastián Castillo es hermosa por donde se le mire. Sus hechos rememoran aquellos años gloriosos cuando los chavales querían ser toreros, algo que se ha perdido desde hace ya muchos años; pero todavía quedan vestigios de aquel pasado, justamente, en la persona de este muchacho que, como pocos, quiere ser torero de verdad. No lo dicen sus palabras, lo proclaman sus hechos que son verdaderas revelaciones ante lo que este chico quiere, sin duda, ser torero.

Todavía, en mi caso, tras tantos años vividos y después de haber conversado con cientos de personas en el mundo de los toros, tras escuchar a Sebastián Castillo se me hace un nudo en la garganta, algo subliminal que, sin que el chico lo pretendiera, me ha llevado hacia aquellos años cuando las gentes de mi edad adorábamos la figura del maletilla, que no era otro que el chaval que no tenía fortuna alguna, pero le sobraba valor para enfrentarse a cualquier toro, lo que hace este hombre venezolano, correr la legua como diría Rodolfo Rodríguez El Pana, que no es otra cosa que deambular por cualquier lugar donde uno se percate que pueda haber un toro de lidia, un tentadero, una vaca, una capea de pueblo.

Como decía, allí, en Ciudad Rodrigo se jugó la vida como pocos, a cambio, eso sí, de que le permitieran pasar el “guante” como antaño se hacía, todo un auténtico “botín” para este hombre ilusionado que ha pasado por los peores trances del mundo, todo por querer ser torero.


Sebastián Castillo triunfador cuando se viste de luces

-Como hemos podido saber, Sebastián, tu vida es apasionante. ¿Por qué te viniste a España si en Venezuela también se dan toros? ¿Habías toreado alguna vez?

Ante todo, vine porque en España es el lugar idóneo para cualquiera que pretenda ser torero; es la cuna, la cátedra de la torería, sin duda, el país que todos añoramos para que la culminación de nuestros sueños se torne realidad. En Venezuela no había toreado nunca; lo poco que pude torear lo hice en Perú y Colombia, pero aquello no me llenaba, no veía futuro alguno, aunque quizás pude estar equivocado.

-Tomaste una decisión arriesgadísima; primero por lo que supuso el viaje en sí y, acto seguido, imagino que sabrías todo lo que aquí te esperaría.

La aventura que emprendí era toda una locura. Llevo casi nueve años en España y apenas he toreado diez novilladas sin caballos; el logro, como se puede entender es muy pobre. Pero no me arrepiento de nada. Trabajé como un loco en Venezuela para reunir el dinero para el pasaje y, cuando llegué a España venía con los bolsillos vacíos.

-Menudo panorama ¿verdad?

Desolador por completo. Menos mal que como quiera que Dios siempre me ayuda, conocí a un señor que me ayudó y me llevó hasta Asturias, en Gijón concretamente, donde me gané la vida durante unos años trabajando en una sidrería.


Su lucha en las capeas, una constante en su vida

-Cuando viniste, ¿eras consciente de lo difícil que podría resultar conseguir los “papeles” para poder trabajar de forma legal?

Por supuesto que no. Me había movido por Perú y Colombia, como antes te contaba, sin ningún requisito de esta índole, por ello, cuando descubrí la locura que había cometido me quise morir. No sabía todo lo que me esperaba, pero muy pronto comprendí la auténtica realidad de mi vida. Todo un drama al más alto nivel.

-¿Cómo se vive en un país donde no te conoce nadie, donde eres ilegal, donde pueden tomarte por un loco o, lo que es peor, como un delincuente?

Años durísimos que no se los deseo a nadie; y menos mal que siempre me trataron con respeto, incluso algunas personas me ayudaron muchísimo. Imagina que en la sidrería que trabajaba en Gijón me daban quinientos euros al mes, dormía dentro de un auto viejo, comía lo que podía y, eso sí, como un encargo de Dios, todos los meses le mandaba cien euros a mi madre allá en Venezuela.

-Al parecer, te costó cinco años legalizarte para estar entre nosotros y poder trabajar. ¿No llegaste a desesperarte nunca?

Todo lo contrario, vivía de forma angustiosa porque, fíjate, hasta creí que me había equivocado en mi decisión, pero lo realmente grave es que no podía vivir de forma ilegal, pero mucho menos regresar a mi país.


Ahí, en esa lucha, los toros no embisten bonito

-En Gijón, precisamente, aunque hay una gran afición a los toros, no es el lugar adecuado para un hombre que quiere ser torero.

Por esa razón, tras varios años, cuando pude, me marché a Madrid y desde la capital de España ya pude torear algunas novilladas sin picadores. Trabajaba, entrenaba en la Casa de Campo y de alguna manera, aunque muy en lontananza, veía un poquito de luz en el túnel de mi vida.

-Me decías antes que tu gran tesoro no era otro que la muleta que te regaló un amigo y que pertenecía a José Tomás, pero al respecto de esa muleta creo que hay una anécdota muy humana, ¿verdad?

Como se comprende, para un chaval tan humilde como yo soy, tener un trebejo torero del gran José Tomás, es un tesoro inenarrable. Pero hace un par de años, en el 2014 que no pude torear nada, desesperado, opté por rifar dicha muleta. Hice mil papeletas que vendí con la ayuda de algunos conocidos y amigos y obtuve un “botín” fantástico, dos mil euros. Claro que, el hombre al que le tocó, en un gesto de una generosidad sin límites, declinó el premio y me la regaló. Todavía quedan gentes buenas en este mundo, razón por la que vale la pena vivir.

-Como en Madrid tampoco vislumbrabas un horizonte nítido, en el 2013 te marchaste a Sevilla, sin duda, el lugar idóneo para el que quiere ser torero. Claro que, allí imagino que tampoco nada sería sencillo.

Mi vida ha sido siempre un calvario, pero creo que es algo a lo que ya me acostumbré. Trabajé, -lo sigo haciendo- en todo lo que pude y me cupo el honor de conocer a doña Aurora Algarra, la señora ganadera que siempre me ayudó. De forma casual conocí a una  gran artista norteamericana llamada Cinthya Cosborne, casada con el torero llamado Chinito de Francia, un matrimonio ejemplar que decidieron ayudarme y gracias a ellos vivo en casa de unos amigos suyos que me tratan de maravilla. Allí en Sevilla me llaman para algunos tentaderos, puedo entrenar y sigo a la espera de que llegue mi oportunidad que, si está de Dios, seguro que llegará; de mi parte yo hice, -sigo haciendo- todo lo que corresponde.


A veces les pega buenos naturales

-Te escucho, Sebastián, y veo que tu vida torera está muy chapada a la antigua; es decir, recorres los mismos vericuetos por donde pasaban antes todo los chicos que querían ser toreros. ¿No pensaste nunca apuntarte a alguna escuela taurina?

No. Mi vida ha discurrido siempre de forma autodidacta, es decir, siguiendo los consejos de mi corazón, por eso recorrí la legua como tú antes apuntabas, todo ello, con la ilusión de ser torero. Nadie sabe lo que he caminado por lograr hacer un tentadero, por torear una vaca, por asistir a una capea. Sacrificios enormes pero que yo los hice con tremenda dignidad y, lo que es mejor con una entrega absoluta.

-Hablan y no acaban los que te vieron en Ciudad Rodrigo, en las capeas de sus carnavales, toreaste un toro de verdad, pero que lo hiciste como Dios manda. ¿Crees que eso permitirá que te lleguen otras oportunidades?

Eso espero. Sigo creyendo que para el año que viene, si Dios lo permite, deseo que me incluyan en la novillada de dicho pueblo, no en vano, este año, como maletilla, creo que he dado la medida de todo lo que llevo dentro. Me jugué la vida ante un toro de verdad, de Santa Coloma, un toro que me probó como torero; creo que di la medida de lo que quiero ser.

-Casi una década entre nosotros y sin apenas logro alguno. ¿Tienes ganas de regresar a tu país?

Tengo unas ganas locas de darle un abrazo a mi madre, el ser que más quiero en este mundo. Como dices, son ya más de nueve años sin poder verla. Quiera Dios que pueda triunfar como torero y, al regresar, además de abrazar a los míos, que las empresas taurinas venezolanas reclamen mi nombre en sus carteles. Esa es mi más grande ilusión.


Pero a lo que aspira Sebastián es a poder torear de luces

-Doña Cinthya, la que tú nombrabas, parecer ser que tuvo un gesto hermoso para con tu persona.

Yo diría que muchos, pero sí, taurinamente dicho, me pagó la lidia de un toro con cinco años en la finca de don Fermín Bohórquez, seguramente porque todos querían probarme y, la verdad es que todos quedaron convencidos de que quiero ser torero.

-De momento, matador, ¿qué te ha dado España que, al parecer te negó Venezuela?

Vine siendo un chaval y aquí me he forjado como un hombre. Acá he tenido la oportunidad de conocer gentes que allí nunca hubiera conocido y, pese a todo, me cabe el orgullo de vivir en la tierra propicia para ser torero, como antes decía, el lugar “sacrosanto” donde se imparte la más bella liturgia del mundo, la del toreo.

-En su día, no hace muchos años, nos vino a ver un chavalito peruano llamado Roca Rey y, como sabemos, ha tenido más fortuna que tú puesto que muy pronto encontró un apoderado llamado José Antonio Campuzano y, dado su valor, sus condiciones, junto a su apoderado, tras dos temporadas como novillero, se doctoró por lo grande y como sabemos está triunfando por todas las plazas del mundo. ¿Te sientes capacitado para afrontar todos esos retos de llegarte un apoderado a tu lado?

Por supuesto que sí; es mi sueño, mi ilusión, mi deseo más grande. Y juro ante Dios que no defraudaré jamás a la persona que me apodere.


Y tener la oportunidad de brindar a la afición sus actuaciones

-Como hemos podido saber, en todas las novilladas sin caballos en las que has participado, siempre lograste el triunfo y, como en un pueblo que no recuerdo el nombre, hasta mataste una auténtica corrida de toros que la pasaron como una novillada.
¿Quiere eso decir que estás preparado para presentar en una novillada con picadores?

Segurísimo. Las pruebas a las que he sido sometido han dado la medida de todo lo que soy capaz; por supuesto que me quedan mil defectos que corregir, pero lo fundamental, el valor, la decisión, la preparación, son valores que ostento y puedo demostrar en cualquier momento. Quiera Dios que llegue pronto un apoderado y, a su vez, la oportunidad de torear con caballos para demostrar todo lo que llevo dentro.

-Mientras hemos hablado, matador, he notado en tu persona un halo de alegría muy difícil de comprender. ¿Cómo se puede vivir con alegría no teniendo nada?

Porque la alegría es consustancial con el ser humano; es decir, nada tiene que ver con ser rico o pobre para estar alegre. Por tener, imagina, tengo salud, una casa donde vivir, una ilusión que me desborda, amigos que me quieren, personas que me respetan, un cúmulo de circunstancias que me invitan a la felicidad; lo demás, ya llegará si el destino así lo tiene previsto.

-Muchas gracias, torero. Tu dedicación, valor, entrega, constancia y sacrificio desde que viniste a España te han hecho acreedor a la mejor de la suerte, la que te deseo de todo corazón. Que Dios te siga bendiciendo y que encuentres el éxito para que tu felicidad sea completa.

Fotos cedidas por el torero

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