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Miguel Espinosa "Armillita"  
  entrevista de Pla Ventura [ 20/09/2005 ]  
ARMILLITA: LA RETIRADA DE UN CLÁSICO

Con casi tres décadas impartiendo lecciones por los ruedos del mundo, el pasado día uno de mayo, Miguel Espinosa, decidió cortarse la coleta en su tierra natal, Aguascalientes y, como no podía ser de otro modo, se marchó lleno de gloria. Toda una vida la que el diestro hidrocálido ha consagrado a la profesión que le inculcara su inolvidable padre, sencillamente, por la que ha vivido y ha dado lo mejor de su existencia: su noble arte a favor de la fiesta y, en honor de todos los aficionados que le admiraron y aclamaron.

En todo este tiempo de que hablo, Armillita, en el toreo, ha sido toda una institución. Miguel Espinosa ha sabido permanecer, pese a modas y modismos, al frente de la torería mexicana, sencillamente, con los atributos de su arte. No era fácil su tarea y, Miguel, lo logró. Ahora, gracias a lo ganado con su arte, como él mismo me ha confesado, empieza a vivir; y lo hará como siempre había soñado, como un ser humano normal y sencillo, prescindiendo, como era natural en su profesión, de la zozobra cual le suponía jugarse la vida cada tarde.

Usted, maestro, irremediablemente tenía que ser torero puesto que, con un padre como el suyo, ¿a qué otra cosa podía haberse dedicado?

La verdad es que, papá, me lo puso muy difícil; con el ambiente que reinaba en casa, por supuesto que, ser bombero  -ríe el maestro- resultaba complicado. Ciertamente, había mucha ilusión y pasión por los toros y, tanto yo como mis hermanos, pronto nos enamoramos de esta profesión a la que hemos consagrado nuestra vida.

Ahora que usted se ha retirado, permita que le pregunte; ¿se acostumbra uno al miedo tras tantos años de profesión?

De ninguna manera. Al respecto, la última tarde, pese a todo, te embarga la misma emoción que el primer día, por tanto, los mismos miedos. Muy irresponsable sería todo aquel que confesare no sentir miedo frente al toro; lo importante es superarlo, vencerlo y, una vez logrado, conseguir el cometido artístico que, no es otra cosa que la creatividad taurina.

En los toros, maestro, ¿quiénes son los que más entienden, los que chillan o los que respetan?

Pienso que, un buen aficionado es aquel que sabe conjugar al toro y al torero; ese es el binomio que, cuando se acierta, surge el arte, la pasión, e incluso el sentimiento de todo artista para calar en el alma del aficionado. Quiero creer que, desde el respeto, como explicas, se puede entender muy bien la filosofía de la fiesta que, como sabemos, no es una ciencia matemática.

Usted triunfó en el arte y en el amor, ¿es eso un milagro?

Yo creo que, más que un milagro es una decisión; primero por querer ser y, acto seguido, por querer estar. En honor a la verdad, tanto en uno como en lo otro, tengo la sensación de haber apostado fuerte, de ahí, el resultado que tú indicas.

Decía STEVENSON: “Algo debo haber hecho mal o de lo contrario no sería tan famoso” ¿Cómo interpreta usted esta frase?

Quizás que, Stevenson, como tantos otros pensadores, atribuyen a que, en la vida, cuando uno comete una barbarie, es ahí cuando le llega la fama; pero mi caso ha sido distinto. Tuve la fortuna de que, en México y en el mundo, se me conociera como un artista de la torería. Y, sinceramente, en mi caso, no creo haber hecho nada mal, aunque a veces me haya equivocado.

¿Cómo entiende usted que, siendo máxima figura de los artistas en México, no haya podido consolidarse de verdad en España?

Es difícil el reto; yo diría que, casi imposible. Es más, en España he toreado alrededor de 60 tardes y, en México, sobre mil festejos; si sacamos la proporción, creo que está clarísimo. De cualquier manera, en la Madre Patria, aunque haya sido en contadas ocasiones, sí he tenido el placer de mostrar mi arte; Madrid es una prueba.

Puesto que hablamos de toreros, ¿cree usted que, en su profesión, se llega a donde uno quiere o a donde le dejan llegar?

A veces los obstáculos son insalvables; ante todo, hay que querer y, más tarde, que la suerte se alíe con uno. Yo he sido un torero afortunado que, por ejemplo, los toros me han castigado muy poco, de ahí, la suerte de que te hablo. De que es una profesión muy compleja, que no te quepa duda; he visto desmoronarse a muchos hombres que en realidad tenían condiciones más que sobradas y, el destino no quiso jugar a su favor.

¿Cree usted que, en el mundo del arte, puede existir la competencia? Se lo pregunto puesto que, yo soy un convencido de que, cada artista es único e irrepetible, por tanto, no caben las competencias. ¿Qué piensa usted?

Nada es más verdad que tu aseveración; no existe un artista que se asemeje a otro, de ahí, la grandeza de nuestro arte. En mi caso, respecto a mi profesión, cada torero es como es; tendrá sus partidarios y, como se demuestra, tiene cabida todo el mundo. En honor a la verdad, mi gran competidor siempre se llamó Armillita. En los ruedos siempre fui mi gran aliado y, por supuesto, mi gran enemigo cuando las cosas no se daban.

El arte, maestro, es una tarea que se aprende o, por el contrario, lo paren a uno artista, como le parió a usted su señora madre. ¿Qué piensa usted al respecto?

Sinceramente, me temo que, se aprenden los oficios; incluso la técnica que se necesita para enfrentarse a un toro; pero el arte, como bien dices, es algo que se lleva en la sangre no puede ser de otra manera. Quiero pensar que, si el arte se pudiera aprender como cualquier oficio, entonces perdería todo su encanto. Por esta razón, el arte, en la rama que fuere, es algo sublime y maravilloso.

Decía Willian Faulkner que, el deber del escritor es reflejar su vida, ¿cual es el deber de un torero?

Ante todo, reflejar su arte, su personalidad y sus deseos inmensos por satisfacer la ilusión de aquellos miles de aficionados que han pagado por verte. Mi persona, obviamente, creo que ha sido el reflejo de mi arte, como miles de veces he demostrado.

¿Qué les diría usted, a ser posible, a los aficionados cuando por culpa del toro no es posible el milagro de la creación artística?

Eso es exactamente lo que quería apuntarte; que juega un papel decisivo el toro; sin la colaboración del animal, no es posible la faena soñada. Yo soy, como se presupone, el ser más desdichado cuando el toro no ha colaborado; saberme impotente para la creatividad taurina, es algo que me descorazonaba. Posiblemente, otros compañeros, solventaban la situación de otro modo, algo que tanto respeto; aunque lo mío, si el toro no era colaborador, se me venía abajo el castillo de mi arte.

Octavio Paz, Juan Rulfo, Juan José Arreola, menudo “cartel de feria” ¿Hubiera aceptado usted ser el sobresaliente de estos magos de la pluma?

Incluso el arenero de tan fantásticos hombres; un lujo y toda mi admiración hacia los hombres que saben plasmar, en novela o en la vida real, aquellas situaciones que las criaturas mortales vivimos.

¿Cree usted en los genios? Y se lo pregunto puesto que, hablando de Juan Rulfo, lo de este hombre no deja de ser una tremenda genialidad puesto que, de vendedor de neumáticos, pasó a ser uno de los grandes escritores de México, con dos libros publicados.

Cuando se trata del mundo del arte todo es posible. ¡Claro que creo en los genios, y en sus genialidades¡ Antes comentábamos que los oficios, a base de constancia, se aprenden; seguro estoy que, Juan Rulfo, en su momento, aprendió la técnica para la venta; lo que nadie le enseñó era su sentido creativo cuando empuñaba la pluma, de ahí su genialidad.

¿Cree usted que se podría sobrevivir sin tener fe?

La especie humana es tan variopinta que, como sabemos, existen personas de toda clase y condición; mis respetos para todos. En mi caso personal, al respecto de tu pregunta, te confieso que se me hubiera hecho muy difícil.

Me han contado, maestro, que es usted un hombre feliz. ¿Es la felicidad un bien que se adquiere o por el que se lucha?

En la vida nada es gratuito; todos los bienes tienen un precio y, la felicidad, de igual modo que hay que luchar por ella. Piensa que, las cosas materiales las compramos con dinero y, las cuestiones del alma, son aquellas por las que hay que pagar un elevado precio; nunca cuantificable en plata, pero sí de grandes valores morales que, en definitiva, son los que cuentan.

Cuénteme, por favor, esa faena soñada que usted ha realizado y que nunca ha podido olvidar ¿Fue en la plaza de Insurgentes?

Dichoso de mí que, tras tantos años como matador de toros, he esculpido muchas faenas bellísimas; bastantes, como dices, en la México, amén de innumerables por todos los estados. No me gusta centrarme en una sola faena cuando, de mi muleta, han brotado creaciones hermosas que, las ha disfrutado todo el mundo.

¿Qué relación mantiene usted con los toreros españoles?

Creo que muy buena, entre otros, como sabes, fue Enrique Ponce el que me cupo la fortuna de que me acompañara en la tarde de mi despedida. Tengo una anécdota muy sabrosa de un español llamado Manzanares al que conozco hace tantos años. La referida anécdota estriba en que, Manzanares, cada vez que actuaba en México decía que, era Armillita el único torero que tanto le inquietaba.

A propósito de los españoles, ¿como entiende usted que, cada vez que ha venido a España, siendo usted un torero netamente artista, siempre le han puesto en las corridas para gladiadores?

Posiblemente, a los empresarios les faltó sensibilidad. Ellos defendían su negocio, como yo pueda defender los míos. Quizás no terminaron de entender que, mi forma de interpretar el toreo, en nada tiene que ver con las corridas que muchas veces me ofrecían.

Dicen, Armillita, que usted aprendió con las críticas y que no se envileció con los elogios. ¿Es este el síntoma de su bondad?

No se si en verdad se pueda enarbolar la bandera de la bondad con semejante cuestión; pero lo que si es realmente cierto es que, las críticas tienen un fundamento lógico; te hacen ver la realidad de lo que pasa a tu alrededor y, de alguna manera, te evitan caer en la tentación  de la vanidad.

En honor a la verdad, maestro, usted ha logrado partidarios acérrimos y contrarios empecinados. ¿Es esta la formula de su gran éxito?

Yo no diría tanto; si es verdad que, cuando las cosas no salían como todos queríamos, las gentes chillaban de lo lindo; pero como antes hemos comentado, yo era el primer damnificado de dicha situación, por tanto, el primer responsable apenado por no poder crear mi arte.

En México, maestro, ¿es preciso comprar a la gente para que diga la verdad? Se lo digo puesto que, en España, esta es una práctica habitual. ¿Se llama esto corrupción?

Las situaciones de la vida, son genéricas en cualquier parte del mundo. Tras tantos años, como entenderás, he conocido de todo; gente corrupta y personas muy honestas. Me quedo con todo lo bueno puesto que, lo malo, Dios me dio capacidad para olvidarlo.

¿Es el sentimiento el pilar con que se ha sostenido su toreo bello?

Ciertamente, a lo largo de mi vida, mi quehacer ha estado impregnado por el sentimiento; el arte, por supuesto, no podría entenderse de otro modo.

Acá, maestro, los toreros suelen odiar a todos los críticos que no han podido comprar. ¿No cree usted que sería mejor respetar y aprender, como hace usted, con las críticas?

La crítica siempre existirá, señal inequívoca de que estamos vivos y que realizamos algo importante. Como antes decíamos, encontraremos críticas constructivas y, críticas despiadadas; pero de todas tenemos algo que aprender.

¿Qué es para usted la suerte?

En mi caso, como antes te decía, que los toros me hayan respetado; pero que nadie olvide que, a la suerte hay que llamarla, ayudarla, consentirla y mimarla.

Las cornadas de los toreros, ¿las considera usted medallas que les hacen grandes?

Son la prueba legítima para constatar, como decía García Lorca, que en los toros es el único espectáculo escenificado donde se muere de verdad. Nadie queremos las cornadas; los toreros, mucho menos. Pero sí, les podemos calificar como medallas o condecoraciones que tenemos lo toreros a la hora de mostrar nuestra tarjeta de visita.

¿Cómo le gustaría que le juzgara la historia, como un hombre bueno o como un torero genial?

Mis seres queridos son los que definirán mi calidad como persona. Lo que si me hace feliz es que, los aficionados me recuerden como un gran torero que les brindó tardes inolvidables.

Decía Charles Chaplin que, el tiempo es el mejor autor, puesto que siempre encuentra un final perfecto. ¿Es por eso que usted no fue un torero de afanes y sí de creaciones, encontrado, por ello, un final feliz?

Recuerdo, según nos ha contado la historia que, Pepe Luís Vázquez, el artista contemporáneo de Manolete dijo de éste que, era un torero de muchos afanes y, la definición, para un torero, no me gustó. Ciertamente, sin lugar a dudas, he sido un hombre creativo; ahí están las pruebas para atestiguarlo.

A los artistas, maestro, siempre nos gusta buscarles lagunas. ¿Cree usted que pudo haber logrado mucho más de lo logrado o, por el contrario, se siente feliz con lo que ha dado su arte? Dicho de otra manera, a usted, muchas veces, se le acusaba de desganado…

Todos, a cualquier nivel, a la hora de la retirada, seguro estoy que añoramos aquello que pensamos hubiéramos podido hacer y, se nos ha quedado en el camino. Esto es una constante para todo ser humano; pero sí, tengo derecho a sentirme feliz con todo lo realizado que, para dicha mía, es mucho y muy grande. Y, la desgana, amigo, no era otra cosa que la impotencia que sentía cuando el toro no me ayudaba. ¿Qué podía hacer, dar mantazos? No era mi estilo, como tampoco mi norma. Si eso hubiera hecho, con toda seguridad, el pecado hubiera sido peor que la penitencia.

La injusticia, maestro, es un fantasma que pulula por esos lares en cuanto a toreros se refiere. Es decir, ¿cree usted que algunos muchachos, teniendo condiciones, se quedan en el camino?

Antes lo hemos comentado; toreros, pintores, escritores, escultores y decenas de artistas de toda índole que, por una mala jugada del destino, al final, no han podido resplandecer con su arte.

Decía Facundo Cabral que, aquel que camina un metro sin amor, avanza amortajado, mil kilómetros hacia su propio funeral. ¿Se puede vivir sin amor, maestro?

Pienso que no se puede vivir sin ilusiones y, dentro de las mismas, anida el amor, por supuesto. Yo creo que, el ser humano es capaz de contagiarse de las cosas bellas que nos ofrece el universo, de ahí la paz que somos capaces de sentir cuando obramos en consecuencia.

Para usted, señor Armillita, ¿quien ha sido el mejor torero de México?

El corazón me indica que me pronuncie a favor de mi irrepetible padre; pero la razón me hace pensar que, en México como en España, ha habido grandes toreros en todas las épocas que, relacionarlos a todos ahora mismo, sería casi imposible.

Me dediqué sólo a vivir y no me quedó tiempo para otra cosa. ¿Qué piensa de esta filosofía mía tan particular?

Vivir, como explicas, es la más bella tarea. Ser conscientes de que estamos vivos, que todo lo que el universo nos ofrece es la gran responsabilidad del ser humano. Muy pobre debe ser aquel que no tenga capacidad para entender las bellezas de la vida.

¿Qué motivó su retirada?

Ante todo, haber cumplido un ciclo importantísimo en mi vida. Piensa que han sido casi treinta años como matador de toros y, entendí que había llegado el momento; siempre hay un final y, el mío, llegó aquel día uno de mayo en mi tierra natal. Le doy gracias a Dios por haberme dado la suficiente lucidez para saber discernir en torno a mi retirada. He conocido casos que, por querer sostenerse en los ruedos, al final, se derrumbaban y eran los públicos los que los echaban. Convencido estoy de haberme ido en el momento justo.

Ahora, maestro, a saborear la gloria acumulada. A saber. Ya se han editados dos libros fotográficos de su carrera; su biografía, la que está escribiendo Sergio Amézquita, según he podido saber, la están esperando como agua de mayo; el monumento que van a erigir en la plaza de México es una palpable realidad. Le imagino muy feliz al respecto, ¿verdad?

Llegar hasta donde yo he llegado, pese a mis detractores, ha sido un logro casi imposible de llevar a cabo. Ahora, como explicas, ahí está el resultado de lo que fui capaz de inspirar en las gentes, gracias a mi arte. Estoy dichoso; yo diría que soy el más feliz del mundo.

Imagine que, dentro de unos años puesto que usted es un hombre muy joven, llega un empresario y le ofrece una exclusiva sabrosa para que usted reapareciera. ¿Ha contemplado esta posibilidad?

Al respecto, no quiero que llegue jamás ese hipotético empresario de que me hablas puesto que, honradamente Armillita, quiero que sea ya historia de la tauromaquia y que, a su vez, Miguel Espinosa, disfrute del mundo y de sus gentes, sin miedos ni zozobras.

Añada cuanto quiera, maestro y que Dios le siga bendiciendo.

Ante todo, quiero darte las gracias puesto que, como me ha comentado Sergio Amézquita, serás un colaborador muy especial para que mi libro sea una realidad, de ahí la gratitud que me haces sentir por tu persona. Que tengas mucha suerte en la vida y que Dios te cuide y te lleve por ese camino que emprendiste y que, gracias a tu pluma, sabes cautivar a mucha gente.

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