Sin duda que nos albergue, hace unos días, el domingo 24 de junio, en la feria de Badajoz, un día antes del acontecimiento del regreso de José Tomás en dicha feria, Antonio Ferrera protagonizaba la épica más noble de toda la temporada; digamos que resultó ser su hazaña más grande y, si de hazañas hablamos, este hombre sabe como nadie. Seis toros de Victorino Martín, pura sangre Albaserrada, para el diestro pacense.
En la feria citada, nadie le negará su poder de convocatoria a José Tomás, estúpido sería. Pero nadie podrá olvidar la epopeya de Antonio Ferrera que, sustentado bajo el efluvio de su honradez sin límites, mató y triunfó por lo grande en dicha plaza. Convengamos que, en los tiempos que corremos, una proeza como la de Ferrera tiene que ser cantada a los cuatro vientos. Como sabemos, los toros de Victorino Martín pueden salir de mil maneras; embistiendo con el morro por el suelo o pidiendo acreditaciones como matadores de toros a sus lidiadores; las terribles alimañas como les bautizara el gran Francisco Ruíz Miguel.
Y con estos toros y en solitario, Antonio Ferrera enardeció al público pacense el pasado 24 de junio en la plaza de su “pueblo”. Triunfo grande que despejará cualquier duda que las empresas pudieran tener al respecto del diestro ibicenco criado en Badajoz.

Antonio Ferrera con las banderillas en la mano, su momento en todos los festejos
-Pasan los hombres, quedan sus obras y, en el caso de Paco Ruíz Miguel, maestro, aquel dejó un trono vacante que, en su día, no sabíamos quien lo ocuparía pero, pasado el tiempo, sospechamos, yo diría que podemos afirmar que es usted el heredero directo de aquel trono al respecto de la verdad junto a los toros de Victorino Martín. Digo bien.
Con toda seguridad. Si por herencia se entiende, tras al maestro Ruíz Miguel, como a él le sucediera, en la actualidad soy el torero que más toros ha matado de Victorino Martín, algo que me llena de orgullo.
-Usted tiene derecho, matador, a sentirse orgulloso de su trayectoria que, limpia como pocas, sigue conquistando adeptos su propia verdad. Tomó usted la alternativa hace quince años con los toros de Victorino y, el pasado día 24 llevó usted a cabo una hazaña memorable en Badajoz al matar los seis ejemplares del ganadero de Galapagar. ¿Cómo se gestó esa épica y, a su vez, qué sintió tras aquel triunfo de clamor?
Los toreros, insatisfechos, siempre estamos tramando en hacer algo distinto; primero para satisfacer al aficionado pero, no lo dudes, también para satisfacer nuestro ego personal al comprobar que somos capaces de hacer algo distinto a lo habitual. Maduré esa idea que la tenía en la mente hace ya mucho tiempo, se llevó a cabo y sentí una enorme dicha cuando me sacaron a hombros de dicha plaza. Y no hablo de las orejas conseguidas; me llenó mucho más la satisfacción de haberle podido a toda la corrida que, para mi dicha, en su gran mayoría, los toros me ayudaron.

Uno de sus pares a un victorino
-¿Cómo es el toro de Victorino comparado con todo lo borreguil que nos ofrecen cada día por esas ferias de Dios?
Es un toro distinto; nada que ver, como tú dices, con lo que habitualmente podemos ver; es un toro fiero, pero que te permite verle en tres segundos; no engaña, se muestra como es y, para bien o para mal, el torero sabe lo que tiene enfrente.
-Deje que le diga, matador, que nosotros, los aficionados, desde el tendido, sí palpamos la grandeza del toro de Victorino Martín, sencillamente porque como antes decíamos, puede salir como quiera, pero la emoción está servida, de ahí el éxito de este ganadero singular. ¿Qué siente usted cuando comprueba que los pitones de esos toros acarician sus muslos?
Ante todo la satisfacción, la dicha enorme de saber que me estoy jugando la vida fuera de toda metáfora. Y si más tarde, como me ocurrió en Badajoz, los toros me ayudan y me permiten hacer el toreo que yo siento, la dicha es infinita.
-No sé, matador, pero tengo la intuición de que su gesta en Badajoz no se ha cantado como debiera. ¿Qué piensa usted?
No estoy de acuerdo; y lo digo yo. Si creo que todos los medios de comunicación se hicieron eco al respecto. Me siento satisfecho del trato que me dieron todos.

Con este tipo de toro toca doblarse
-Por cierto, me llamó mucho la atención de que, como usted sabe, la gente no va a los toros; ni las figuras congregan media plaza en lado alguno y, en su caso, en Badajoz, casi rozó usted el lleno en el coso pacense. ¿Qué éxito le supo mejor, ver tanta gente o salir en hombros?
Eso es el binomio perfecto; si congregas mucha gente y, para colmo, te alzas con el triunfo, no cabe satisfacción más grande.
-Digo yo que la gente no va a los toros porque, ustedes, los toreros, genéricamente dicho, no le ofrecen el espectáculo que el aficionado demanda. Toreros y empresarios, todo a su vez, claro. Como nosotros diríamos, ¿cree usted que el toro auténtico y el toreo verdadero serían la fórmula adecuada para que el aficionado regresara a las plazas de toros?
Sin duda, la fórmula de la que hablas es la que yo suelo llevar a cabo todas las tardes. Quizás estemos fallando en el concepto genérico, seguro, pero a mí me cabe la honra de jugarme la vida sin trampa ni cartón.
-Con ese tipo de toro que usted mata, el toro de verdad, el que produce emoción y le devuelve la verdad a la fiesta, difícilmente podremos acusarle a usted de ninguno de los males que sufre la fiesta, ¿verdad?
Por supuesto que no me siento culpable de nada. Si mi misión es torear, crear arte y jugarme la vida, dichos “mandamientos” los cumplo a rajatabla.

Con la diestra y la mano baja
-Muchas veces, matador, me he puesto a pensar en lo que podríamos llamar un análisis exhaustivo de su carrera y llego a la siguiente conclusión. Lleva usted quince años de matador de toros y presagio que, en porcentaje por años y número de corridas toreadas, entre otros títulos, ostenta usted el tremendo galardón de ser el diestro que más cornadas ha recibido; si no recuerdo mal, son treinta y cuatro desgarros en su cuerpo por las cornadas de que le hablo. Y la conclusión de la que le digo es que, me paro a pensar y no logro entender si es que los toreros son más listos que usted puesto que, la gran mayoría, apenas tienen cicatriz alguna; o usted es el más torpe de todos que se las lleva a puñados. ¿Qué piensa usted ante lo que le he dicho?
Ocurren muchos factores que determinan la cornada; ante todo, convengamos que el tipo de toro tiene mucho que ver con ello. Metafóricamente dicho, si uno tuviera que pelearse con alguien, hacerlo con Pau Gasol sería un suicidio; pero si lo haces con Fernando Arrabal, la ventaja sería otra, con perdón por el ejemplo. Estadísticamente dicho, los toros de Juan Pedro han dado menos cornadas que los de Victorino Martín, cuestión de genética nada más. Y si yo, entre otras ganaderías llamadas duras, mato casi todos los toros de Victorino, mi riesgo es mucho mayor. Asumiendo el gran riesgo vienen las grandes cornadas; pero eso es lógica pura. Ni los demás son muy listos ni yo tan torpe. Es el riesgo de cada cual el que determina el número de cogidas.
-Otro título que usted puede enarbolar no es otro que haber matado en una temporada todos los toros de Victorino Martín. ¿Lo entendió usted como un castigo o como una hazaña?
Una hazaña y un motivo de orgullo puesto que, para mi dicha, en esa temporada, dichos toros me permitieron conseguir triunfos memorables.

Pasando al victorino al natural
-¿Qué supone para usted ser ídolo de Pamplona, entre otras plazas?
Es el resultado de haberme jugado la vida como siempre hice en esa plaza; en esa y en todas, pero Pamplona me recibió, desde el primer día, como un héroe y, a partir del día que corté el rabo en dicha plaza, nuestra compenetración no puede ser mayor.
-Lo que usted me cuenta es hermoso al respecto de Pamplona pero, ¿qué se puede esperar de un público que, según mi manera de ver, más que estar pendiente de lo que ocurre en el ruedo, están pendientes de su propia juerga?
De que son alegres y festeros es innegable; pero yo puedo afirmar que, conmigo, a muchos, se le ha parado el corazón y, ante todo, mientras me estoy jugando la vida, dejan todo para vitorearme y aplaudirme.

Llega la hora de estoquear al de victorino
-Tiene usted muchísimos méritos y, como sabemos, muchas ferias se celebran sin la presencia de su nombre. ¿Dónde ha fallado usted para que no se le considere lo que llamamos una figura del toreo?
Cada cual llega hasta donde le dejan o hasta donde puede. Yo te digo que estoy orgullosísimo de todo lo que he hecho, de que soy un privilegiado, un ser afortunado que, jugándome la vida de verdad todavía estoy aquí, con un bienestar ganado a ley y con unas ganas inmensas de seguir arrebatando a los aficionados.
-¿Sería usted el mismo si no pusiera esas banderillas tan espectaculares y tan de verdad? Y se lo digo porque, matador, es conmovedor cuando usted se asoma al “balcón” en esos pares inenarrables.
No lo sé. Pero si sé que las banderillas forman parte de mi personalidad; hace muchos años las ponía Luís Miguel, Paquirri, Ángel Teruel, Luís Francisco Esplá, Víctor Méndez; todo un elenco de grandes toreros que, influidos por su personalidad, como puede ser mi caso, deleitaban al personal con las banderillas. Si ser banderillero, en definitiva, sirve para que se me considere un diestro completo, con ello me siento el más feliz de los mortales.
-Gracias por todo, matador. Y se las doy con todo mi cariño porque ahora, en este instante en el que publicamos la entrevista de hace unos días, ya sabemos que ha triunfado también en su reciente presencia en América, una tierra a la que usted le debe mucho y que, como sabemos, miles de aficionados de allende han vibrado con su toreo. Que tenga usted muchos éxitos en América, en Pamplona, en Francia, por toda España y por donde usted camine.
Fotos: Muriel Feiner