Allá por el mes de septiembre se cumplirán los primeros cinco lustros como matador de toros de José Pedro Prados El Fundi. Un hombre admirable al que la vida le puso muchas trabas en su profesión; un diestro que luchó con denuedo dentro de los ruedos y, si cabe, mucho más en los despachos y en la propia calle; un hombre al que etiquetaron con las corridas duras con las que, pese a todo, tuvo que resplandecer con su torería. Jamás se lo pusieron sencillo; todo lo contrario. Parecía que el mundo confabulaba en su contra pero, como de cobardes nunca se ha escrito nada, El Fundi, pese a todo y contra todos, se quiere marchar este año lleno de gloria, justamente, la que le corresponde con toda justicia.

El Fundi en su reciente actuación en Madrid
-Maestro: ¡Qué lejos queda ya aquella tarde de Villaviciosa de Odón! ¿Recuerda? Lejos y, a su vez, algo muy humilde porque tomó usted la alternativa al amparo de su amigo Joselito con El Bote de testigo, otro de sus compañeros de aquellas tardes de gloria novilleriles por toda España. ¿Qué le queda en su corazón de aquella tarde histórica?
Digamos que fue el principio de esta realidad que estoy viviendo, algo imborrable que, como tú dices, vivirá eternamente dentro de mi ser.
-Viviendo el presente que nos rodea, maestro, ¿qué sintió el día de Pascua en Madrid con aquel triunfo tan importante?
Una satisfacción muy grande al comprobar que un toro quiso estar a mi altura; o quizás yo estuve a la altura de mi enemigo, démosle la lectura que queramos, pero lo realmente cierto es que me sentí feliz una vez más en mi plaza.
-Una plaza en la que usted ha tenido encuentros y desencuentros, ¿verdad?
Yo no sería tan drástico; ocurre que en las últimas corridas en Las Ventas, posiblemente, por la dureza del ganado a lidiar, los toros no me colaboraron y, lógicamente, llevaba clavada una espinita; siempre creo que resolví con dignidad la papeleta; pero yo ansiaba el éxito que, en realidad, es el que me hace feliz.

Lejos queda el desencuentro con el tendido siete, que ahora le ovaciona
-¿A qué saben, maestro, las ovaciones de Madrid?
No te lo sabría responder, pero sospecho que es el estado emocional de felicidad más alto que un torero puede aspirar. Esa empatía entre toro y torero para que, al final, el público puesto en pie pueda vitorearte, sin duda es el mayor de los éxitos.
-Su carrera ha sido como ha discurrido pero, maestro, nadie le arrebatará a usted, entre otros muchos logros, haber sido el diestro que más ha toreado en Francia, un país que premia a los triunfadores y usted es un ejemplo de lo que digo. ¿Quiere esto decir que en Francia hay más justicia que en España?
La carrera de todos los toreros es complicadísima en todos los lugares del planeta; ocurre que, como dices, en Francia he tenido muchos y grandes éxitos que, para mi dicha, han sido reconocidos y premiados. Pero sí, es otra de mis grandes satisfacciones, que una afición como la gala me haya entendido a la perfección y, como siempre, mediante la lidia de un toro que no permite errores.
-¿Tiene la sensación, matador, de que ha sido usted el “cordero inmolado” de su profesión, en estos cinco lustros como matador de alternativa?
Las cosas han transcurrido de la forma que han sido y ahora no hay vuelta atrás; nada de lo sucedido en mi vida puede ser cambiado, ni en la de nadie, por supuesto. Quizás fue ese mi destino; posiblemente no supe hacer mejor las cosas; de alguna manera no me aconsejaron bien; miles de circunstancias que se dieron en mi vida pero que, pese a todo, veinticinco años después de mi alternativa, aquí estamos hablando de toros y, lo que es mejor, rememorando una gran tarde mía en las Ventas, algo muy reciente.

Un natural en la tarde reciente de Madrid
-Cornadas, percances, desencuentros, silencios de despacho y muchas cosas que, de alguna manera, por momentos, parece que los hados del destino se empeñaban en retirarle a usted; menos mal que, el Fundi, luchando contra todos los elementos salió a flote. ¿De dónde sacó usted tanta fuerza, algo tan admirable como hermoso?
Nadie sabe la fuerza que tiene hasta que la necesita y la tiene que sacar a flote. A mí me cupo la suerte o la decisión necesaria para combatir contra todos los elementos y salir vencedor de tanto envite maligno. Ha sido un destino muy duro el mío, pero al final muy reconfortante porque haber sabido superar tantas dificultades y salir triunfador, sinceramente, no es nada sencillo, algo de lo que me siento muy orgulloso.
-¿Y qué hubiera pasado, maestro, si en vez de abocarle usted a las corridas durísimas le hubieran puesto en las corridas de lujo?
Es muy complejo pronosticar aquello que no ha sido. Quizás estemos hablando de lo que podía haber sido mi asignatura pendiente, pero tampoco lo podemos certificar porque mi camino fue el que recorrí; pero sí puedo confesarte que, cada vez que un toro me lo ha permitido, me he sentido tan torero como el que más.
-Por aquello de lo que pudo haber sido y no fue, ¿contra quién descargaría usted sus fobias?
Posiblemente fui yo el que no hice las cosas bien. No es cuestión de buscar culpables ahora; la historia pasa por disfrutar ahora mi presente que, más ilusionado que nunca, pese a ser el año de mi retirada estoy más feliz que nunca en la vida.

El de Fuenlabrada ejecuta la chicuelina
-Lo que sí está muy claro, maestro, es que su nombre quedará enmarcado con letras de otro en la historia de la tauromaquia puesto que, carreras como la suya son ejemplarizantes y, en el devenir de los tiempos, al final, lo que quedará será su leyenda inmaculada, ¿verdad?
Sinceramente, como dices, no es mal bagaje el mío; todo resultó a sangre y fuego, por tanto, bajo el estigma de la más absoluta verdad; pocas cosas banales se me podrán achacar. Si de verdad hablamos, con la misma me sentí siempre el más bello referente.
-Maestro: ¿Cómo vencía usted el miedo? Y se lo pregunto con mucho fundamento porque, el ganado que usted solía lidiar, digamos el que siempre lidió, había que tener un corazón muy fuerte para que no le estallase.
Yo diría que a base de profesionalidad, de convicción, de entrega, de una ilusión sin límites por lograr aquello que entendía que era mi meta. Pero sí, no puedo negar que muchas veces el corazón se me salía del pecho; a mí y todos mis compañeros de cartel de los que matábamos aquellos corridones.
-¿Se ha imaginado usted alguna vez si su carrera se hubiera sustentado con los toros de Juan Pedro y afines?
Yo no imagino nada puesto que no tengo alma de novelista; he vivido mi presente y lo que es muy cierto es que cada vez que un toro me lo ha permitido me he sentido tan a gusto y capaz como el primero; es más, en los últimos años, hasta me cabe el orgullo de saberme comprendido por la crítica que, durante muchos años, querían ver a mi a un gladiador cuando, como se sabe, soy un torero con sentimiento.

Una visita obligada para el madrileño
-Hace una fechas dijo usted, de sí mismo, una frase muy hermosa; decía usted que quería irse respirando torería. Explíquese, por favor.
Es muy sencillo. Le pido al destino que me salgan algunos toros como el de Pereda del otro día en Madrid y, a partir de ahí, la torería está asegurada y, no es que la respire yo, la gozarán todos los aficionados.
-O sea que, usted tiene alma de artista, ¿verdad?
Por supuesto; es el arte el que nos motiva a los toreros; algo muy distinto es si la materia que tenemos enfrente nos permite la realización de la obra que soñamos pero, como primer fundamento, para sentirte torero, te tienes que sentir artista.
-Le satisface que, en el momento de su adiós, en lo que es su temporada de despedida, le digamos que lo suyo ha sido una entrega sin límites y un respeto desmesurado el que le debemos. ¿Está usted pagado con dicha definición?
Seguro que sí. Ha sido mi lema, esa entrega sin límites, sin regatear esfuerzo por jugarme la vida de la forma que lo hice, y lo vengo haciendo, siempre, en aras de la faena soñada que quizás, como todos los toreros, jamás la podamos a llevar a cabo.

En busca del alguacilillo, a por orejas, imagen que le deseamos para todo el año
-Miura, Escolar, Victorino, Palha, Murteira, ¿con que apellido se queda?
Me quedo con el recuerdo de aquellos toros que, de la ganadería que me tocaran me permitieron alzarme con el triunfo. Con todas esas ganaderías triunfé y, con ellas pené, no podía ser de otro modo.
-Por cierto, se despide usted de Sevilla el próximo sábado con un cartel de lujo: Toros de Domingo Hernández con Morante y Castella, imagino que, como usted diría, por fin, podrá usted respirar torería en un marco tan bello como el de la Maestranza, ¿verdad?
Para mí es un acontecimiento de una vital importancia; espero que los toros me ayuden y pueda demostrar en Sevilla toda la torería que anida dentro de mi ser. Ante todo, acudimos a Sevilla con la garantía de una corrida que me ilusiona.
-¿Qué espera este año de su despedida?
Como antes decíamos, respirar torería que no será otra cosa que encontrarme con enemigos que quieran colaborar con la causa de mi arte. No sería mala cosa irme por la puerta grande de Las Ventas y, a su vez, dejar un grato recuerdo en todas las plazas que pueda pisar en esta mi despedida.
-Que tenga mucha suerte en los ruedos y en la vida, si alguien es acreedor de una vida placentera, ese es usted. Muchas gracias por sus palabras. Que Dios le bendiga.
Fotos: Muriel Feiner y archivo OyT