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Victor Mendes  
  entrevista de Pla Ventura [ 16/03/2005 ]  
VICTOR MENDES, UN TORERO PARA SIEMPRE

En su retiro dorado en Villafranca de Xira, por tierras lusitanas, se encuentra el maestro Víctor Méndez que, una vez más, nos entrega su palabra y su sabiduría, en esta ocasión, para nuestra revista www.opinionytoros.com, un portal joven, repleto de ilusiones que, sin lugar a dudas, se nos conoce ya por nuestro denodado esfuerzo y amor hacia la mejor fiesta del mundo: los toros. Convengamos que, platicar con el maestro, además de una delicia, es una forma de aprender porque, pocos como él, atesoran su cultura, en los ruedos y en la calle.
 
Si le parece, maestro, deberíamos de recordar algunos capítulos hermosos de su vida. En primer lugar, siendo usted un hombre universitario y de vasta cultura, ¿de dónde nació en su ser la idea por lograr ser torero?
Bien lo de ser torero no fue una idea si no mas bien una necesidad de afirmación y el placer de hacer lo que de verdad te gustaba. En realidad,  viví  un ambiente de toros acá en Villa Franca que ha sido digamos el caldo de cultivo para que desde muy joven sintiera una gran curiosidad por todo lo que fuera relacionado con el mundo de los toros y seguro de que el torero nace y luego se hace he tenido la suerte de contactar con profesionales del toreo que me enseñaran a dominar los trastos, a partir de ahí fue una verdadera pasión -o sea, he nacido ya con ello- luego fue un proyecto de vida que conseguí realizar.
 
Cuéntame, por favor, alguna anécdota importante que haya quedado grabada dentro de su persona, por ejemplo, cómo fueron sus primeros pasos en España en calidad de torero?
Más que anécdota, lo que me apercibí desde que llegué a España fue que traía un gran "handicap" en relación con los demás muchachos que entonces entrenaban en la casa de campo o en la antigua plaza de Vista Alegre. Traía un gran retraso de conocimientos técnicos y eso fue traumatizante para mí. Me acuerdo que llegue a Madrid un 8 de Enero y hacia un frío tremendo como yo no había pasado antes, unos 2 o 3 grados negativos. Gonzalito me mando entonces para Sevilla donde me quedé viviendo en casa de tía Gertrudes que era así como si fuera la madre de los maletillas ya que alquilaba unas habitaciones a aquellos que querían ser toreros esto en el antiguo Hotel de Trina en calle de Jesús Montero al Altozano -bonitos recuerdos  y una pasión para siempre- en Sevilla.

¿Dónde radicaba el secreto entre usted y Gonzalito? Se lo digo porque, como usted sabe, todo el mundo anda revuelto con el cambio de apoderado y, si no recuerdo mal, usted se apañó siempre con el mismo.
Gonzalito era y es una personalidad única. Taurino por excelencia, amigo de ayudar, condicionado lógicamente a las amistades que había hecho a lo largo de su trayectoria profesional, y siempre con una gran ilusión. Trabajador y consciente que si quisieras abrirte un lugar en los toros tenia que ser arrimándote todos los días. Gonzalito me obligaba a ir mas allá, a un esfuerzo continuo para triunfar; lógicamente ha habido suerte, pero también se ha trabajado y preparado para ello, confianza y después ya una buena amistad.

¿Se puede explicar con palabras todo lo que usted sentía cuando era aclamado en las plazas de toros?
No, creo que hay momentos no solamente de triunfo sino también de fracaso que son imposible de explicar por palabras. Se trata de algo muy intimo, y en realidad toca el campo de la sensibilidad de cada uno. Lógico que cuando eras aclamado en las plazas de toros también era consciente de una mayor responsabilidad y eso conllevaba a no caer en euforia.

¿Se siente satisfecho de todo lo logrado o, por el contrario, le quedó algo por hacer? En el sentido material y en el artístico.
Cuando se es perfeccionista es muy difícil quedar totalmente satisfecho. Creo además que es lógico que uno se equivoque y que a lo largo de tu trayectoria, siempre quede la duda de que ha quedado algo por hacer, el ejemplo perfecto no existe. Pero así son las cosas y creo que por mucho  que te sientas realizado el hombre siempre estará condicionado a sus circunstancias y errores.

¿Cómo le sonaba el piropo cuando le decían que era usted el más grande con las banderillas?
Bien, pero en realidad no me lo creía. Siempre intentaba hacerlo más puro  y más cerca y de ahí que aunque dominaba la suerte, es que sufrí 5 cornadas banderilleando, por lo que llegue a esa conclusión de que por muy bueno que seas no lo dominarás totalmente, creo que además eso es precisamente unas de las virtudes del toreo, o sea lo imprevisible.

Por cierto, hablando de las banderillas, ¿cree usted que quizás no le supimos valorar en su justa medida cuando cogía usted la muleta y templaba a los toros con lentitud?
Creo que si. Era  lógico. Además el gran publico siempre hace comparaciones por igual y en realidad me tocó torear ciertas corridas de toros que no eran comparables ni permitían cualquier tipo de facilidades. De todas maneras lo importante es que no pasé nunca desapercibido, y si en verdad yo tenia una virtud era siempre la de una entrega y verdad a carta cabal.

Su cuerpo, maestro, como todos sabemos, está lacerado por las cornadas. ¿Quién le hirió más, los toros, o los hombres?
Bien, los toros hieren porque también están para eso mismo y eso implica lo mucho de trascendente e importante que es torearlos y dominarlos, pasa de una forma natural y lógica. Con el tema humano es muy diferente, se premeditan las cosas y se puede condicionar en cualquier momento la vida de otro individuo, sea el torero o no. Obviamente a mí me ha tocado momentos muy difíciles en que se aprovecharon de mí y fui blanco de algunas injusticias, pero eso también permitía sentir lo conseguido, con mayor placer y satisfacción.

Dicen que, la fama suele envilecer y, por lo que veo, usted, a Dios gracias, la fama le ha curtido para ser un hombre excepcional; eso dicen, ¿está usted de acuerdo conmigo?
Dicen tantas cosas que alguna será verdad. Yo creo sinceramente en el factor humano, o sea que la educación y los buenos principios no hacen daño a nadie y que a la larga, como vivimos en sociedad, trasciende mas lo humano, así que en mi caso, el hecho de haber sido considerado uno de los buenos me sirvió para conocer más y mejor al ser humano precisamente en un ambiente tan complicado tan elitista y selectivo como es el de los toros.

Usted es un hombre con título universitario, imparte conferencias por el mundo, se dedica a los negocios y, siendo así, ¿cómo se las arreglaba con tanto menester cuando estaba en activo?
Cuando estaba en activo en verdad, guardaba absoluta lealtad al toro. Vivía y me preparaba en función de lo que implica ser un matador de toros en la verdadera acepción de la palabra. Ha sido ya al  final de mi carrera  profesional que busqué y disfruté otros campos, algunos lógicamente relacionados con el mundo de los toros, que es mi mundo. De todas maneras yo creo que con un poco de método se consiguen las cosas.

¿Hasta qué punto le preocupaba a usted el tipo de toros a matar? Y se lo pregunto por la grandeza de que, su valor, como se demostraba, podía con todo.
No me preocupé mucho con el tipo de toro. Lo que quería por encima de todo era torear. En realidad era ir un poco a lo loco. Torear, siempre torear para mitigar esa fiebre y deseo que llevabas dentro, lo demás era comercio, condicionantes; el verdadero placer era estar en la cara de los toros, dominarlos y saber hasta dónde podrías ir.

Pasado el tiempo, ¿cómo le agrada que le definan ahora que está retirado de la profesión? Es decir: maestro, matador, torero,…
A mí, siempre torero, aunque por lo demostrado y después de haber toreado 1148 corridas de toros suena bien eso de maestro.

Dicen, maestro que, en su época, usted no intentaba sobornar a nadie para que hablaran bien de usted porque, el dinero, lo ganaba con denodado esfuerzo y, dilapidarlo, era una falta de cordura. ¿Hasta qué punto le preocupaba a usted la crítica?
La critica, en mi opinión debería asumir siempre una posición ecléctica, pero también ella esta condicionada a un sin número de intereses y jugadas de fondo. Es importante leer o escuchar lo que otros, entendidos, o no, opinen de ti, pero en el fondo yo creo que el mejor critico de uno, es él mismo.

Todos los toreros confiesan pasar miedo pero, por lo que pude ver en usted, sabía disimularlo muy bien. ¿Dónde estaba el secreto? Y mérito tenía usted mucho porque, toros aborregados y desmochados mató muy pocos; todo lo contrario.
El miedo es algo natural en el ser humano, el que diga que no tiene o pase del miedo, o es loco o un kamikaze. Creo, eso sí, que sin embargo hay individuos que a lo mejor no transmiten tanto a los demás esa sensación del miedo que puedan estar pasando. Yo siempre pase miedo y no se trata propiamente de estar delante de toros más o menos serios, el miedo es algo muy personal.

¿Cómo recuerda la tarde de los toros de Baltasar Ibán en Madrid?
La recuerdo como ese momento soñado, como esa frontera que pasas en que todos carimban tu pasaporte de torero de 1ª categoría. Inolvidable el momento, como  también inolvidable  la raza y la casta de esos toros que me tocaron en suerte.

¿Sintió alguna vez el peso de ser extranjero en España?
En algún momento si, pero pronto pasó porque la grandeza  es que la Patria del toreo es España y aquel que demuestre ser torero por encima de cualquier circunstancia tarde o temprano tendrá su sitio. Viví y sigo disfrutando de España como cualquier español, y soy lo que soy porque España me lo dio.

Y, a propósito de extranjero, siendo portugués, en Francia gozó usted del mejor cartel. ¿Qué diferencia encontraba usted entre el público español y el francés?
El público francés es un público joven y entendido. Además protesta de verdad para hacer valer la integridad de sus derechos, pero es apasionado y se entrega a ese torero que se entregue también desde un principio. Las primeras puertas y oportunidades vinieron de Francia, a partir de ahí he sido un torero muy querido y respetado y no ha sido nada fácil mantener ese nivel a lo largo de mis 17 años de matador de toros. Él publico español tiene la solera, algo que se ha transmitido a lo largo de generaciones, aunque los gustos y preferencias no sean uniformes por toda la piel de toro, la verdad es que hay un factor común que es la fiesta de los toros. En plazas puntuales, él publico español es más duro y difícil de contentar. He tenido la suerte y la capacidad de mantener el interés de ambos durante muchas temporadas.

¿Quién le enseñó a usted aquello de “asomarse al balcón” con tamaña gallardía?
Eso de asomarme al  balcón fue algo que llevaba ya conmigo. Yo tenia unas condiciones físicas extraordinarias, y ha sido aprendiendo la técnica de banderillear con el maestro portugués José Julio que esa facilidad de ejecución surgió de forma natural. Mis pares preferidos los de poder a poder, eso sí reunido siempre en la cara.

¿Supo valorarse usted en la justa medida de su valía?
La valoración la siente uno cuando saca verdadero placer con lo que hace o realice. Quizás en el sentido de lo comercial hubiese podido sacar mas partido pero yo era feliz toreando y no me estaba preocupando con nada más.

Si analiza su historia, ¿piensa que todo el mundo puede llegar a la meta que quiera marcarse? Y se lo digo porque, su trayectoria, además de ser digna en encomio, me temo que puede ser todo un ejemplo para generaciones venideras.
Infelizmente no todo el mundo puede llegar a la meta que quiera marcarse, de ahí que el mundo del toro sea mas de vencidos que de vencedores, eso le da precisamente a esta profesión la importancia y trascendencia que tiene. Otra cosa es que a lo largo de las generaciones estas tengan referencias que sirvan precisamente de ejemplo, y en el mundo del toro eso es muy importante.

¿No le tentó nunca la idea de venirse a vivir a España?
Tengo residencia española, tengo casa en Madrid, y paso a lo largo del año mucho tiempo en España, solo que la familia y mis raíces están en Portugal y lógico que tenga que estar pendiente de ellos y pueda disfrutar de ellos. De  todas formas hoy no hay distancias y me preocupo con todo lo que este pasando en España inclusive fuera del tema taurino.

Usted ha sido un torero del mundo; tras España, ¿qué país le acogió con más cariño?
Francia ha sido extraordinaria, y en América Latina, Colombia y Ecuador los llevo de forma muy especial en mi corazón.

Entre otros de sus muchos logros, maestro, consiguió usted ser ídolo admirado en Portugal; es decir, resultó ser profeta en su tierra y, eso, suele ser difícil. ¿Cómo lo logró?
Bien, me halaga que me digas eso, pero yo creo que eso de ser profeta, tiene sus más y sus menos. Soy respetado y querido en mi País pero acá no te sientes realizado ya que el espectáculo taurino tiene muy poco de íntegro que así me pueda hacer sentir eso de ser un verdadero matador de toros en tu tierra. Eso de lograr que te respeten y te admiren tiene que ver con no solamente lo que hagas en la cara del toro, sino también con el don de gente que tengas.

¿Es verdad que, en su país, en cierta ocasión le tentaron para que participara en la política activa?
Si es verdad pero son campos que no domino y que de alguna forma irían a condicionar mi cualidad de vida con respecto a la familia y a mi mundo del toro.

¿Siente de verdad, haber logrado todo lo que soñaba?
Hay que seguir soñando y marcándote metas. El hombre es un ser en constante evolución, y a Dios gracias hay tanta cosa para hacer, realizar y disfrutar.

Le sonará a tópico pero, ¿qué le empujó a retirarse si, en realidad, algunos años después, sigue toreando festivales a manos llenas?
Uno será torero siempre. Solo que me retire porque me di cuenta que me era cada vez más difícil de mantener en alza ese ambiente que disfruté siempre. Se me había ido un poco ese sentido de ambición y me sentía un poco cansado, así que preferí apostar por dejar un buen recuerdo en aquellos que me querían y así dejar constancia de un sentido ético de la profesión -todo tiene un final- ahora es simplemente por el placer de pegarle unos cuantos muletazos a gusto y seguir sintiéndote torero por encima de todo.

¿Siente la nostalgia del traje de luces, los vítores, las aclamaciones; es decir, notar que llega el ídolo, como a usted le pasaba?
Sí siento, y entiendo ahora más que nunca la reaparición de algunos toreros -es prácticamente imposible de dejar de torear- se sentirá siempre esa necesidad.

Las malas lenguas, aseguran que quiere usted volver, ¿es cierto? Si es afirmativo, por favor, dígame los motivos.
No sé porque le llamas malas lenguas. La verdad es que me invitaron a torear la corrida de la reinauguración de la plaza de toros de Campo Pequeño, y a partir de ahí torear un número de 5 o 6 corridas en las ferias más importantes de aquí, pero no hay nada en concreto, y dudo que se pueda llevar por delante.

¿Recuerda la mejor tarde de su vida? ¿No será, acaso, aquel día de San José en Valencia en que, a los victorinos, les cortó usted 4 orejas junto a Manzanares y Dámaso?
Creo que podría decir que si, que aquella tarde de los Victorinos en Valencia fue la mejor tarde de mi vida, quizás no solamente por el triunfo sino también por lo que trascendió al abrirme definitivamente las puertas de las grandes ferias.

¿Temió alguna vez por su vida, como consecuencia de una cornada?
Sí. Temí por mi vida porque aquello que estaba viviendo no lo había sentido nunca, se me iba del dominio o del conocimiento físico que tenia de las cornadas. Cornada en él triangulo de scarpa del muslo derecho de pronóstico grave que operó el recordado Dr. D. Máximo García de la Torre y su equipo en la Plaza de toros de las Ventas. Sufrí 19 cornadas de distinta gravedad pero valió la pena...
 
 
Añada cuanto quiera, maestro.
Qué puedo añadir, que ha sido un placer poder hablar y recordar una época como ha sido la que viví, y que estaré siempre a la disposición del mundo del toro para defenderlo y engrandecerlo si falta hace. Hasta siempre.

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