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Pepe Luis Vázquez Silva  
  entrevista de Pla Ventura [ 20/01/2005 ]  
PEPE LUIS VAZQUEZ, EL SUEÑO QUE PUDO HABER SIDO REALIDAD

Nunca fue figura ante nadie, pero sí el torero de todos. No ostenta record alguno, pero le sobra torería para llenar mil trenes. Dicen que no tenía ambición y, para torear como él torea, mucho me temo, había que ser el más ambicioso del mundo. Le achacaban de indolente cuando era realmente creativo. Creaba para sí mismo y, convencía a los demás. Dictaba lecciones -las sigue impartiendo- y, las mismas, dentro de la torería, eran puras sentencias del arte. Recibió los elogios más bellos del mundo. Le criticaban su falta de ilusión y, para un torero de su estirpe y de su clase, convengamos que hace falta mucha ilusión para llevar a cabo esa faena por él siempre soñada. Las empresas, por miedo a un despegue espectacular, segaron sus ilusiones puesto que, de haber seguido aquella pauta que se marcara a sí mismo, el toreo, ahora mismo, estaría a sus pies. Me refiero, como no podía ser de otro modo, a Pepe Luis Vázquez Silva. Por todo ello, conversar con el maestro, supone un verdadero placer para mi alma y, a no dudar, para enaltecer el corazón de todos los buenos aficionados que, recordando lo que han sido las faenas del maestro de Sevilla, seguro que, una vez más, lograrán emocionarse. Yo, lo confieso, me emociono cada vez que he tenido la fortuna de hablar con el maestro que, para dicha mía, me reconforta con su amistad.
- -         Muchos años ya, maestro, desde que tomaras la alternativa en aquella tarde abrileña en Sevilla. ¿Qué ha quedado por hacer?
- -         Artísticamente, yo diría que casi todo. Vertí mis ilusiones durante todos estos años y, jamás pude apearme de mis profundas convicciones en torno a mi forma de sentir el toreo; ciertamente, y lo digo convencido tras el paso del tiempo, no  fui lo que se suele decir un buen vendedor de mi imagen y, lo pagué caro.
- -         Quiero adivinar un aire de melancolía en tu persona que, me llega a preocupar. Me temo que, ante todo, en tu carrera, más o menos intensa, privarán recuerdos bellos, ¿verdad?.
- -         Por supuesto y, respecto a mi, tú lo sabes mejor que nadie puesto que, además del arte, nos unió esta hermosa amistad que practicamos. Me aferro, claro que sí, a lo que han sido las faenas más bellas que tuve el honor de poder llevar a cabo y, como siempre te dije, a sentirme torero, pese a todo y pese a todos.
- -         Si lo que queda, maestro, son las cuestiones del alma, respecto a tu persona, se han dicho cosas realmente hermosas que, mucho me temo, te servirán para sentirte un hombre realizado, pese a haber toreado muy poco. Entre otros, el inolvidable maestro Joaquín Vidal, tras una actuación tuya en Madrid dijo: El arte corre por las venas de Pepe Luís.  ¿Gratificante, verdad?
- -         De esas pequeñas o grandes cosas, como quieras leerlo, me he mantenido como torero. Yo creo que, nadie, medianamente sensato, es capaz de aguantar veinticinco años como torero toreando muy poco, como ha sido mi caso. Quiero decirte que, esas frases como la mencionada, son las que me daban moral y estímulo para seguir en el camino emprendido.
- -         Aunque suene a tópico, Pepe Luis, ¿no sería que tu apellido pesaba como una losa de mármol?
- -         Rotundamente, no. Ocurre que, mi carrera, se llevó de manera muy distinta a la de otros hijos con padre famoso; algunos, obviamente, buscaban la protección para sus hijos mientras que, en mi caso, mi padre, jamás quiso inmiscuirse en mi carrera. He sido fruto de mis circunstancias, pero nada más. En honor a la verdad, injusticias grandes al margen, creo que me faltó un poquito de suerte para lograr lo que era mi sueño.
- -         La verdad es que, como yo digo, fuiste; digamos que eres un sueño que pudo haber sido realidad. ¿Verdad?
- -         Realidades, en mi vida, ha habido muchas, quizás más de las que muchos imaginan porque, si recuerdas mi época de novillero, tuve triunfos tan apoteósicos que, pasados los años, todavía me los recuerdan; y la apoteosis venía dada por la calidad de aquello que yo había creado, por nada más. El sueño del que yo te hablaba, consistía, claro, en haber dictado dos docenas de faenas por temporada; se hizo lo que me dejaron que, en mis condiciones, no creas que era poco.
- -         Creo que, pasado el tiempo, Pepe Luis, podemos hablar ahora de lo divino y de lo humano y, entre otras muchas cosas, me temo que ostentas el galardón que jamás torero alguno llegó a alcanzar. Me explico: en tu corta carrera como novillero fuiste capaz de encauzar tu vida crematísticamente hablando y, convendrás conmigo que, ese lujo, quiero adivinar que nadie se lo ha podido dar. ¿Cómo lograste aquel milagro; y digo milagro porque, como todos sabemos, existen decenas de toreros que, tras tomar la alternativa y torear setenta corridas de toros, están sumidos en la más vil de las miserias y, en tu caso, como digo, ordenaste tu vida antes de ser matador de toros. ¿Me lo explicas?
- -         Mis éxitos, como novillero, sonaron muy fuerte y, aquellas actuaciones con el maestro Curro Romero, me dieron un caché que, en aquellos años, era inimaginable. Mi fortuna en la vida ha sido mi humildad; ese valor inmenso que heredé de mis padres y, al final, resulta que me valió mucho más que todo el arte que pudiera atesorar. Supe invertir aquel dinero y, a Dios gracias, como siempre te dije, mi vida estaba resuelta.
- -         Siempre me quedará la duda, maestro Vázquez Silva, de saber qué hubiera sido de ti si, en su momento, -como hacen otros- tu nombre hubiera sonado en las televisiones contando estupideces. Quiero decirte que, de haber logrado otra fama al margen de los toros para que, ésta, te hubiera servido en los ruedos. Curioso enigma, ¿verdad?
- -         Tú sabes mejor que nadie que, en el mundo actual, famoso lo puede ser cualquiera porque, la fama, como vemos a diario, suele ser un accidente del destino. Lo difícil es convivir con el arte; ser artista y llevarlo hasta la tumba, como ha sido siempre mi convicción. Nunca me interesaron los cotilleos y, como sabes huyo despavorido del mundanal ruido y de todas las gentes que levantan la voz.
- -         Dices bien y, es más, hasta me atrevo a decirte que tienes claustrofobia cuando te encuentras con más de una persona en tu camino, ¿verdad?
- -         Yo soy, digámoslo muy claro, un ave solitaria; en definitiva, un hombre apasionado por las cosas de la vida, pero sin afanes ni protagonismos; me considero muy amigo de mis amigos y, si me lo permites, tú eres un vivo ejemplo. Recuerda que, en mis soledades, cuando mejor me he sentido ha sido frente a la cara del toro porque, en ese momento, he estado solito y nadie me ha molestado. He respetado a la gente, al aficionado y espectador, pero esa soledad de que te hablo, me llevó por los senderos de la libertad.
- -         O sea que, te confiesas antisocial. Eso, maestro, tampoco es bueno. ¿Me estás queriendo decir que sientes miedo escénico en la calle?
- -         Yo no tengo nada en contra de la sociedad, por supuesto que no. Como sabes, he asistido a reuniones, coloquios, conferencias y allí donde se me ha reclamado; pero siempre con una sola condición: no tener guión establecido y ser yo mismo.
- -         El pasado año, tuvo lugar un hecho fantástico en tu vida y, si me lo permites, quiero contarlo a los cuatro vientos. Una espléndida mujer te arrebató el corazón y te casaste. Por lo que deduzco, el amor, maestro, venció a la soledad, ¿no crees?
- -         Es verdad que, por mi forma de ser, me veía soltero de por vida pero, como dices, llegó María del Mar, la que es mi feliz esposa y me hizo comprender que, el amor, es lo más bello de este mundo.
- -         ¿Puede, el amor, lograr que resplandezca de nuevo tu arte inmaculado?
- -         Estando enamorado todo es más sencillo en la vida, qué duda cabe. Soy, y quiero cantarlo a los cuatro vientos, un hombre feliz y, esa dicha, la quiero compartir con el mundo. Si me permites, mi arte no es sólo patrimonio que esté vinculado al amor; siguen haciendo falta otros componentes que, como sabes, es el respaldo de las empresas.
- -         ¿Qué proyectos pasan por tu mente ahora, tras haber confesado que encontraste el amor de tu vida?
- -         Vivir, lo único importante. Y, respecto a los toros, como siempre, torearé mis festivales benéficos y, si se tercia alguna corrida digna, allí estaré.
- -         Es curioso. Ahora que hablas de festivales, paradojas del destino, ha sido, precisamente en festivales, cuando has creado faenas inconmensurables; sin ir más lejos, aquella tarde en Sevilla en que toreaste para la familia de un banderillero, tu actuación resultó de una belleza extraordinaria. ¿Quiere esto decir que solo te sientes cómodo con el novillo?
- -         Son circunstancias que han marcado mi vida; como presagios que, de alguna manera, tras los resultados, alguien podía creer precisamente eso que tú dices; qué solo puedo con el novillo. Pero esa es una gran mentira. Recuerdo que, una tarde en Madrid, a un toro que quitaba el sentido, por lo armado y fuerte que era, le cuajé una faena a mi gusto.
- -         Si estuviera en tu mano, ¿qué borrarías de tu vida?
-         Me temo que nada; estoy a gusto  con mi propia existencia puesto que, mi forma de ser me ha dado felicidad; la infelicidad, si así lo podemos llamar, es lo que otros le han causado a mi vida; caso de las trabas que me han puesto para no poder llegar hasta donde soñaba.
- -         ¿Me estás queriendo decir que, en tu vida artística, existen otros culpables al margen de tu persona, por no haber llegado hacia donde soñabas?
- -         Efectivamente. Como antes comentábamos, quizás yo nunca fui capaz de vender mi imagen y, lo pagué caro; tan caro que no me dejaron paso, aunque, al final, me queda el gusto de saber que nunca fui un intruso, así como tampoco un hijo de papá; soy un torero muy válido puesto que, afortunadamente pude demostrarlo en muchas ocasiones. En mi vida cabe, como dijera Ortega, “el hombre y sus circunstancias” y, las mías, por lo visto, no fueron las más apropiadas.
- -         ¿Si mañana tuvieras un hijo  -y ahora, eso es posible- dejarías que fuera torero?
-         Le respetaría, como respeto a todo el mundo; pero no me haría feliz pensar que quiere dedicarse a esta bendita profesión. Y, la desdicha mía sería, como igualmente la habrá sentido mi padre, comprobar que mi hijo tuviera condiciones y que no le dejaran llegar.
- -         Siguiendo la metáfora del hijo, llegado ese ser, ¿qué le contarías cuando fuera mayor respecto a lo que ha sido tu vida?
- -         Posiblemente, de toros, quizás ni le hable. Le diré que anduve por la vida con la ilusión de ser una buena persona y que, de forma consciente, jamás le hice daño a nadie.
- -         Como matador de toros, es decir, como artista, en un futuro más o menos inmediato, ¿te quedan ilusiones para estar frente a la cara del toro?
- -         El hombre, amigo, puede envejecer pero, el artista, siempre es joven, está vivo, por tanto, ilusiones,  las tengo todas. Si mañana me ofrecen una corrida de toros con garantías, ahí estoy. Lo que no voy a consentir es dejar que se me estrelle a sabiendas; por ahí ya no puedo pasar. Soy demasiado “viejo” para tales menesteres.
- -         Para terminar, maestro, mil gracias por tus atenciones, por tu cariño y, que el amor y la dicha te acompañen mientras vivas. Que Dios te bendiga, Pepe Luis Vázquez Silva.

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