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Antonio Barrera  
  entrevista de Pla Ventura [ 14/10/2004 ]  
ANTONIO BARRERA, A GOLPES DE CORAZÓN

t face="verdana,arial,helvetica,sans-serif" size="2">La vida sólo puede entenderse con hombres de la talla de Antonio Barrera quien, empecinado en su profesión, a golpes de corazón, está forjándose como un gran torero, precisamente, la profesión que eligió desde que tuvo uso de razón. Este diestro de Sevilla sabía, de antemano, la dureza que podría conllevar adentrarse en el mundo del toreo y, mucho más, aspirando a ser el primer protagonista; es decir, el jefe de cuadrillas. Lo que para él era un día importantísimo, si acaso el más importante, el día de su alternativa, para el taurinismo, aquel doctorado sonaba como uno más de los que se doctoraban y se retiran; cientos de ejemplos los tenemos todos los días al respecto. Bien es verdad que, lo que no sabían los taurinos es que, dentro de ese corazón del torero sevillano, anidaba un hombre de fe, de profundas convicciones, de arrestos increíbles; todo, con la finalidad de llegar a la meta y, en el camino está.
Han pasado cinco largos años desde que, El Cordobés, junto a Javier Conde, le dieron la alternativa en una corrida totalmente triunfal para Antonio Barrera; pero que, dicho triunfo, apenas sirvió para nada, hasta el punto de que, Barrera, obstinado por el triunfo, no dudó en marcharse a México para enfrentarse a la dura aventura de todo aquel que, siendo un desconocido, es capaz de correr el riesgo, cruzar el “charco” y, encomendarse a Dios y a todos los santos. Si en España le era difícil, imaginemos su llegada a México y, a partir de ahí, empezar a tocar puertas.
-         Imagino que, para usted, aquel 11 de julio del 1999, día de su triunfal alternativa, cuatro orejas y salida en hombros de la plaza de Ávila, como le digo, quiero pensar que sería el día más apasionante de su existencia y, sin embargo, tras dicho éxito, nadie le llamó en toda la temporada. ¿Cómo pudo digerir aquel mal trago, por llamarlo de alguna manera?
-         Como tantos otros compañeros, pude saborear el amargo sabor de la hiel y, eso sí, tenía la esperanza de que algún día podría saborear la miel del éxito. Quiero decirte que, yo estaba convencido de mis posibilidades; nunca me sentí un gracioso que quería adentrarse en el mundo del toreo por buscar un dinero fácil; yo era consciente de todo lo que ser torero conformaba. Me apasionaba el riesgo y, te lo juro, estaba convencido de mis posibilidades.
-         Como podemos comprobar, tras varios meses de reflexión y de inactividad, todo a la vez, decide usted emprender la aventura mexicana, haciendo su primer paseíllo en el país hermano el día 1 de enero del 2000. ¿Qué le impulsó a tomar aquella decisión que, a primera vista, tampoco la veíamos como muy acertada?
-         De que había que tomar un camino, ello era más que evidente. Yo me sentía torero y, no podía – ni debía- ver como se quemaban mis ilusiones estando sin torear; me hablaron de México y, allí me fui; como me hubiera marchado a cualquier lugar del mundo.
-         Con todos los riesgos que ello conllevaba, ¿verdad?
-         Por supuesto. Yo era consciente de que, ante todo, era el mismo desconocido que se marchaba de España, era el que estaba llegando a México. Yo no era Joselito cuando, por ejemplo, en pleno fulgor de su éxito, llegaba a la capital azteca para confirmar la alternativa con todo lujo y honor. Lo mío era una aventura terrible que, igual podía salir bien que mal.
-         Por lo que pudimos ver, maestro, La Virgen de Guadalupe, quiso estar a su lado puesto que, en dicho año, si no recuerdo mal, sumó usted muchas actuaciones en México. ¿Es cierto?
-         Si. Aquel uno de enero creo que empecé a ver la luz en el negro túnel de mi carrera. Verme vestido de luces, de nuevo, siete meses después de la alternativa, aquello, me supo a gloria. Empezaba, aunque lejos de mi casa, la singladura de mi carrera que, ahora, tras tantos avatares, al menos, los taurinos y la afición, están conmigo. Sumé bastantes actuaciones y, lo que es mejor, las refrendaba con triunfos que, a su vez, me permitían lograr otros contratos y, así, de forma sucesiva, me estaba abriendo un hueco entre la torería mexicana y, ante todo, para que, aunque desde lejos, se empezara por hablar de mi trayectoria como torero.
-         Mi deseo, como aficionado, es que llegue usted pronto a la cúspide del toreo puesto que, como se ha demostrado, pocos como usted creo que han hecho tantos méritos para llegar a la cima. Su cuerpo está lacerado por las cornadas y, lo que es peor, por las lesiones; ¿no perdió nunca la esperanza ante tanta contrariedad?
-         Mi fe, como se ha demostrado, era inquebrantable. Sentía que podía ser torero y, no quise defraudar a nadie; a mí el primero. Yo era consciente, por supuesto, de los riesgos que esta profesión llevaba implícita; que no era ningún camino de rosas, eso lo tuve asumido desde el primer instante.
-         ¿Cómo lograba sobreponerse al dolor físico?
-         Sencillamente, pensando que, el anímico, podría ser mucho peor; en los siete meses que estuve sin torear tras la alternativa, obviamente, no sufrí cornada alguna pero, mi cuerpo estaba destrozado al ver que se olvidaban de mi y que, de no torear, el fracaso, hubiera sido mi peor cornada.
-         ¿No temió usted por su vida?
-         Como puede temer cualquier mortal que asume un riesgo importante, como es el caso de ser torero. Pero,¿sabes algo? Recuerdo que, en una ocasión, un empresario me dijo que, estaba harto de escuchar a muchachos que querían ser toreros y que, llegada la hora de la verdad, les importaba mucho seguir vivos. Esto quiere decir que, como torero, debo ser consciente, -y llevarlo a la práctica,- de saber que, mi profesión, es un riesgo entre la vida y la muerte y que, en ocasiones, se muere de verdad. Me conciencié de esta circunstancia y, esa es mi meta; ser torero al precio que fuere.
-         Tengo claro que, gracias a su ilusión, a sus ganas y a su fe, llegará usted a la meta que se ha trazado pero, ¿no está pagando un precio muy elevado?
-         Ciertamente, y respecto a las cornadas, me está faltando la suerte que a otros les sobra; pero te aseguro que, podrá más mi ilusión por llegar que todas las trabas que mi profesión pudiera darme. Cornadas las tenemos todos; unos más que otros, es verdad, pero no soy ningún mártir para inmolar; soy un hombre consciente el riesgo que asume y que, convencido estoy, me sobran argumentos para seguir gritándole al mundo que quiero y puedo ser torero.
-         El pasado año quedó usted cosido a cornadas y lesiones; esta temporada, cuando por fin, todo parecía que se encarrilaba con el éxito, vino la desgraciada lesión de Barcelona y, una vez más, a empezar de cero. Decía usted antes que no se sentía ningún mártir en su profesión pero, por lo menos, quiero pensar que, su carrera, está siendo costeada a un altísimo precio. ¿Cuántos, en su lugar, hubieran abandonado?
-         Desconozco, por supuesto, el grado de fuerza de mis compañeros pero, es lo que me ha tocado vivir y, como tal, tengo que afrontarlo. Las lesiones, como las cornadas, qué duda cabe, para los toreros, no dejan de ser lo que podríamos llamar un punto y seguido. Son, obviamente, los obstáculos que la vida nos pone; quiero pensar, para saber, a ciencia cierta, el grado de perseverancia y fe que tenemos en nosotros mismos.
-         Y el suyo es altísimo, ¿verdad?
-         Ciertamente, y lo digo con orgullo, estoy poseído por un don especial; soy capaz de aguantar el dolor a sabiendas que, una vez repuesto, me aguardan otros contratos y, con esa esperanza vivo.
-         ¿Qué le han regalado a usted en esta vida?
-         Pienso que pocas cosas; me dio mi madre el ser, un regalo maravilloso; pero poco más. El resto, como es evidente, todo ha sido producto de un esfuerzo titánico por mi parte y, de las personas que han estado a mi lado.
-         Me llamó mucho la atención de que, llegara usted a México, hablando de su primera temporada en aquellas tierras y, poco a poco, iba forjándose usted un cartel, digamos que, muy interesante y respetable, todo a la vez. ¿Quiere esto decir que, en México, hay más justicia que en España?
-         Yo diría que tuve más suerte. Ten en cuenta que, por ejemplo, en España, esta temporada, hasta que llegó la lesión, estaba toreando mucho y, todo era debido a mis éxitos. Allí me ocurrió lo mismo; empecé por triunfar en las primeras corridas y, como antes decíamos, con un contrato me iba ganando el siguiente.
-         ¿A qué sabe el éxito, torero?
-         Es como tocar la gloria con tus manos. Algo que me fascina de mi profesión es que, el éxito, lo palpas en el acto; y lo sientes y recibes a modo de vítores, aplausos, trofeos y, al final, en el reconocimiento de la afición. Nosotros, los toreros, sentimos como los actores de teatro que, sobre el escenario, al final, palpan el éxito; todo ello, claro, con la diferencia de que, el torero, previamente, se está jugando la vida.
-        En nuestra Web, www.opinionytoros.com, torero, como está comprobando, queremos apostar por los toreros íntegros y cabales. ¿En qué parcela artística es capaz de encuadrarse usted?
-         Dentro de mi ser y, que no te quepa duda, anida un torero de arte, aunque, a veces, las circunstancias, me han obligado a ir a la guerra con otro tipo de toros que, ni por asomo, les he podido hacer la faena que llevo siempre soñada; pero es lo que me ha tocado vivir. Peor es no torear, como me está pasando ahora o, en su momento, cuando no me contrataban. Es una frase hecha pero, la peor corrida, es siempre la que no se torea y, esa verdad es incuestionable. Me queda la tremenda satisfacción de haber realizado este año varias faenas que, sin llegar a la perfección que vengo buscando, si me han dejado muy satisfecho.
-         Resumiendo podríamos decir de usted que, se trata de un artista que tiene que ser valiente, ¿verdad?
-         En los toros, el valor, es algo que se le supone a todo torero. Es más, para torear como yo anhelo, se necesita un valor inmenso; quiero decirte que, esa faena en la que te sueles abandonar del cuerpo, para tal menester, se necesita un corazón a prueba de bombas. Es verdad que, el elemento toro, condiciona muchísimo; pero, repito, lo más triste de todo es no torear, como me ocurre ahora por mi lesión.
-         Por la gravedad de su desdichada lesión, maestro, quizás que, este año, para usted, quizás haya terminado la temporada. ¿Será, Dios mediante, en el próximo año cuando veremos al Antonio Barrera que todos esperamos?
-         Es verdad que no llego a tiempo en la temporada española, que ya acaba, pero, quedan todas las ferias de México y todo Hispanoamérica que, Dios mediante, allí estaré. Mi cartel, en aquellas tierras, sigue siendo fabuloso, por tanto, mi ilusión me llevará por aquellos lares y, si los toros me respetan un poco, la próxima temporada, puede y debe ser clave para mi.
-         ¿Qué le pide usted a la vida?
-         Salud y suerte. Es cierto que, la salud, la sigo teniendo y, la suerte, la que tantas veces me está siendo esquiva, de una vez por todas, deseo que se alíe conmigo. A veces, como sabes, el toro puede darte una y mil volteretas y, no pasa nada y, en mi caso, cuando me cogen, o me hieren con saña o me parten los huesos que, todavía es mucho peor.
-         Seguro que tendrá usted toda la suerte del mundo porque, con toda seguridad, la está buscando. Que la rehabilitación sea un paso más hacia el éxito y que este le sonría, totalmente y a partir de ahora, allí donde actúe.

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