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  LA MUJER EN EL MUNDO DEL TORO  
     
 

Abordamos un tema muy sensible y actual. La participación de la mujer en el mundo del toro, cada vez en mayor medida, pone de manifiesto que es posible la presencia de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad. Sin embargo, y al parecer, el mundo del toro y su entorno es un mundo considerado habitualmente de machista. Pero no en la medida que lo sea la sociedad en otras áreas, sino en un grado de mayor cerrazón. ¿Es así?. ¿Es solo una visión externa?. Hoy lo ponemos sobre la mesa de nuestro debate en División de Opiniones.

Para ello, contamos con Noelia Jiménez, una periodista joven y valiente que ya lleva años dentro de este mundo del toro y, por tanto, con experiencia suficiente para tratar el tema. Será ella la que nos de sus impresiones al respecto. Las sensaciones vividas y la actitud que encuentra en el género masculino, la hace escribir de su recorrido por el mundo de toreros, taurinos, aficionados, periodistas, etc.; todos los que de una u otra manera pululan alrededor de la Fiesta. Viene, además, este debate en un momento importante; en este mes y en Las Ventas una segunda mujer confirma su alternativa y en el mismo coso, otra novillera hará su presentación en la cátedra del toreo. ¿Significa esto que se han abierto las puertas a la mujer en igualdad de condiciones?. ¿Es el mismo camino, difícil y lleno de los tópicos machistas, el que han de recorrer las toreras y las periodistas taurinas?. Apasionante debate, al que esperamos puedan nuestros lectores aportar sus comentarios, así como su posición ante la encuesta que les presentamos.

"Papá, quiero ser periodista... taurina"

Hubiera preferido escribir un artículo sin tener que pensar en las diferencias entre hombres y mujeres en el mundo del toro. Sin embargo, el propio tema que he de tratar me obliga a analizar la situación que vivimos las mujeres en la tauromaquia actual, partiendo de la base de que dicha situación no es, en absoluto, igual a la del género masculino.

Recuerdo en este momento el gesto de mi padre cuando le dije que había cambiado de opinión, que ya no quería escribir de deportes; que ahora quería dedicarme al periodismo taurino. Creo que casi le da un ataque. Y eso que parece, casi por encima de cualquier cosa, un hombre indolente. Me dijo que me lo pensara mejor, que ser aficionada era muy bonito, pero que dedicarse en cuerpo y alma, como profesional, al mundo del toro, no iba a ser para mis nervios. Que él conocía el mundo de refilón, desde la perspectiva incompleta que ofrece el asiento del tendido y la pantalla del televisor. Pero que le parecía muy difícil. Que lo iba a pasar mal. Que tenía que hacerme respetar y que no me iban a ver con buenos ojos.

Yo, como casi todos los hijos, sólo necesito escuchar un consejo negativo de mi padre –o de mi madre, que para este particular el machismo no importa nada- para lanzarme a la tarea en cuestión, de modo que me apreté bien los machos, me puse el mundo por montera y me dije “vamos allá, que Dios reparta suerte”. Que tener al Altísimo de parte de uno siempre es importante, sea cual sea el reto que ese uno se plantee.

Y mi padre, como casi siempre, como casi todos los padres, también tenía razón. Ya lo dice el refrán, aquello del diablo que sabe más por viejo que por su carácter demoníaco. Ser aficionada era mucho más fácil que intentar hacerme un hueco en el mundo del toro de manera profesional, con una pluma y un papel como únicas armas, sin que a nadie le importasen mis estudios, mis años de sacrificio delante de los libros, mis horas en vela para conseguir uno de los expedientes más brillantes de mi instituto, las páginas y páginas leídas y releídas para tener claros los conceptos básicos de la tauromaquia, las tardes de calorina en los tendidos de Dios desde antes incluso de cumplir un año. A nadie le importaba eso. Todos analizaban lo que hacía, decía y escribía tras ver estos actos, dichos y palabras desde una sola óptica:  mi condición de mujer, sumada a mi corta edad –por aquellos entonces, dieciocho años-.

Poco a poco, fui demostrando –me fui demostrando también- que era capaz de ver, sentir y transmitir el toreo del mismo modo que un hombre. No que el mejor de los hombres –no al menos de momento-, pero sí sin diferencias notables por causa de mi género.

Algunos confiesan que les sorprendí. Hoy lo siguen confesando. El pasado sábado fue uno de esos días, cuando un aficionado de pro que me oyó hablar de “mi torero” –no voy a ocultar ahora mi devoción por Curro Vázquez, después de venerarlo durante veinte años- me espetó “¡¡Si resulta que vas a ser aficionada y todo!!”. Ver para creer.

Pero tampoco se trata de rasgarse las vestiduras y enarbolar la bandera del feminismo para reivindicar los derechos de la mujer en el mundo del toro. No es cuestión de andar denunciando por los rincones un machismo que, me temo, no va a erradicarse así como así. La preeminencia del género masculino sobre el femenino no es una circunstancia exclusiva del toreo: ocurre en todos los ámbitos de la sociedad. Pero, habida cuenta de que la evolución del toreo es mucho más lenta que la de la pintura, la literatura, el cine, la política y vaya usted a saber cuántos ámbitos públicos más, es previsible que esa desigualdad de sexos tarde más en erradicarse en el toreo que en el resto de los órdenes sociales.

A veces parece que todo es cuestión de miedo. Como si las mujeres estuviéramos vetadas porque tenemos el estigma de traer mala suerte. De estar prohibidas. De conducir a los hombres por no sé qué senderos de perdición. Supongo que, en el fondo, se trata del temor a lo desconocido. De la desconfianza por lo diferente. Como si entrase en un convento un bibliotecario para ordenar los volúmenes centenarios que lucen en las estanterías de las hermanas. Por muy bueno que sea el hombre. Por amable que parezca. Y por mucho que sepa de libros. En un convento sólo suelen entrar curas a decir misa, y el resto de los hombres sobra.

Pues eso pasa en los toros. En el mundo del toro sólo entra la madre del torero a parirlo y la esposa a ser su más firme apoyo. Y el resto... no, el resto creo que sobrar no sobramos.

Se nos sigue condenando al papel de “mujer florero” –lo digo con pleno conocimiento de la cuestión-, a salir bien en la foto y a lucir guapas y hermosas en los tendidos. Es lo que siempre ha pasado. Pero cuando una es profesional, ¡ay, amiga!, entonces está mal visto que te arregles, que te calces el tacón de aguja, que te peines y te maquilles y te pongas uno de tus mejores vestidos para cumplir con tus deberes. Parece entonces que utilizas tu profesión como salvoconducto para introducirte en ámbitos “prohibidos” y lograr así lo que el común de las mujeres ansían (¿?): estar junto a un torero.

Si un hombre sube a la habitación de un matador a hacerle una entrevista después de una tarde de triunfo, aquí paz y después gloria. Si quien sube es una mujer, ya puede ser monja teresiana, que las miradas que encontrará en el hall del hotel nada más terminar su trabajo le harán plantearse si no sería mejor telefonear la próxima vez. Aunque como profesional reconozca que ese es el último de los recursos.

Si un hombre entra en un patio de cuadrillas a desear suerte a un torero, nadie pone cara de póker. En cambio, si quien está en el túnel cuando llegan los diestros es una fémina, comienzan las habladurías.

Si un hombre halaga a un torero, será porque éste ha estado superior y si resulta ser crítico, será porque el diestro lo ha merecido; si es una mujer quien habla o escribe buenas cosas de un espada, alguna intención aviesa late tras de sus palabras y si resulta ser crítica, es que el coletudo no ha cedido a la presión y la mujer adopta la dureza como forma de venganza.

Así son las cosas. Aunque estemos en pleno siglo XXI.

Pero no sería honesto fijarme sólo en un lado de la balanza. Ni honesto ni profesional. Cierto es que la mujer se ha incorporado con fuerza al ámbito profesional dentro del mundo del toro y hoy encontramos más periodistas taurinas que nunca –eso sí, apenas ninguna ocupa puestos de responsabilidad... como sucede en el resto de los órdenes sociales, por otra parte-, más alumnas que nunca en las escuelas taurinas, más mujeres que nunca en los tendidos –ya no tienen que ir acompañadas por el marido, padre o hermano de turno- y alguna que otra matadora de toros, novillera y rejoneadora. También hay empresarias –que ejercen como tales, pues toman decisiones, aunque estén a la sombra del primer espada de la institución-, aunque faltan, por ejemplo, apoderadas y veedoras. Mozas de espada preferimos no ser, que hay que lavar mucho vestido, y para lavar ya tenemos la condena de la casa.

Dicen por ahí que la mujer del César, además de ser honrada, tiene que parecerlo. Pues bien, en el mundo del toro pasa algo similar: la mujer tiene que ser y parecer honrada, ser y parecer aficionada, ser y parecer profesional, ser y parecer decente, ser y parecer buena persona... y, sobre todo, ser y parecer inofensiva. Ése es el quid de la cuestión. Es entonces, y sólo entonces, cuando empiezan a respetarte. A no mirarte raro. A aceptar que puedes ser “uno” de ellos.

 
     
  Autor: Noelia Jiménez - Periodista Taurina  
     
   
 
 
 
   
 
   
Laura Gamarra 15/07/2005  
 
Te felicito al igual que todos los que han escrito antes por tratar el tema del machismo en el mundo del toro, yo también cuando era más joven hice entrevistas a toreros para MT e iba con mi hermana o una amiga para que no pensaran que iba a otra cosa, y aquí en Lima no dejan entrar a las mujeres al patio de cuadrillas ni mucho menos al callejón. Tú sigue adelante en lo tuyo.
 
 
 
   
Antonio Ernesto Santana 11/07/2005  
 
Es admirable el valor que las mujeres demuestran el fiesta pero es visible la falta de fuerza y de talento para que esta funcione, estamos en busca de figuras y es dificil en el mundo del toro conseguiral bariones pue yo pienso que es mas dificil en mujeres
 
 
 
   
Carlos Horacio Reyes 06/07/2005  
 
NOELIA PONE EL DEDO EN UNA LLAGA DEMASIADO EXTENSA Y PROFUNDA, Y POR TANTO DOLOROSA. ESTÁ VISTO QUE EL MEDIO TAURINO NO SE ABRIRÁ, PUES POR RAZONES OSCURAS (CULTURALES, DESDE LUEGO), LA PRESENCIA FEMENINA NO DECORATIVA LE AGREDE PROFUNDAMENTE.
 
 
 
   
Mª Angeles Folgar 03/07/2005  
 
Te felicito Noelia, por abordar el tema del machismo o no en el mundo taurino. Aunque yo no soy taurina, desde fuera, se ve que el machismo está muy instaurado en ese mundo, quizá más que en otras profesiones. Pero como yo considero que es un problema cultural, el machismo seguirá existiendo en todos los campos, mientra no eduquemos a los hijos de otra forma.
 
 
 
   
Antonieta Janeiro 03/07/2005  
 
Noémia, como te entiendo ... Soy pintora de temas taurinos y ahora mismo estoy luchando por mis derechos de autora que me han sido usurpados por __ claro, un hombre!No puedo adelantar más, porque el tema está en Justícia. Sigue delante, Noémia, pero preparate para días muy duros. Suerte!
 
 
 
   
Octavio Alvarez 01/07/2005  
 
NOELIA, VAYA QUE LE HAS ECHADO VALOR A ESTE ARTICULO. TE FELICITO. EL MEDIO TAURINO NO ES SOLO MACHISTA SINO EN GENERAL DISCRIMINATIVO...LAS MUJERES REQUIEREN EL DOBLE DE VALOR PARA SOBRESALIR Q NOSOTROS LOS HOMBRES.
 
 
 
   
Alejandro Tellez 01/07/2005  
 
mi opinion, es que aqui en mexico, siempre hemos resptetado y apoyado a la mujer como aficionada y como torera, ejemplo es que ha hilda tenorio,marvella,moreno,mary paz v. y otras se les respeta, por el momento tenemos mas toreras artistas en mujer, que en hombres. quiza las empresas NO las apoyen devidamente, pero la aficion SI.
 
 
 
   
Antonio Casas 01/07/2005  
 
Da gusto encontrarse con esta sección que va poniendo temas encima de la mesa que son los que de verdad afectan a la fiesta. Noelia refleja una realidad incuestionable. En el mundo del toro es donde más falta hace una escoba que barra las actitudes machistas. Por algún sitio hay que empezar. Este debate es un buen comienzo.
 
 
     
     
     
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